<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665</id><updated>2011-11-17T13:26:13.678-08:00</updated><title type='text'>Algo más de veinte años</title><subtitle type='html'>"No llores porque las cosas han terminado; sonríe porque han existido".       Bourdakian</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>26</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-7886105483236386419</id><published>2009-12-01T03:31:00.001-08:00</published><updated>2009-12-01T03:39:49.912-08:00</updated><title type='text'>El embrujo de Granada</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SxUAdDBqfkI/AAAAAAAAAv0/x5KcFKhEOI0/s1600/granada2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5410231026384010818" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 252px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SxUAdDBqfkI/AAAAAAAAAv0/x5KcFKhEOI0/s400/granada2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SxUACyW10yI/AAAAAAAAAvs/eG0bodvUfVo/s1600/TEATROGENERALIFE.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;En este caso no tengo ninguna duda en lo que se refiere a la fecha, ni en lo que se refiere a todo lo demás. Ocurrió el fin de semana del 22 de Junio de 1991. Nada más terminar de trabajar, recogí a Pilar y nos largamos en el coche a Granada. Habíamos reservado habitación en el hotel París, situado en el centro de la ciudad. Un hotel con mucho encanto, con corrala, patio tipo andaluz, y su fuente correspondiente en el centro. El hotel estaba regentado por una mujer mayor, con gafas, morena, con una amabilidad que derrochaba sin ningún remordimiento. Ella misma nos llevó a la habitación, decorada con muebles, cuadros y objetos antiguos. El suelo era de tarima ajada por los años, de esa que rechina al andar sobre ella. Nos encantó el lugar. Al año siguiente, cuando el hotel había sido comprado por la cadena NH y la mujer amable había desaparecido, volvimos allí. En aquella otra ocasión, nos metieron en una habitación desde la que se escuchaba, como un vendaval, la máquina encargada de refrigerar el recinto, pero esa es otra historia que conviene mejor olvidar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Durante la mañana del sábado nos dedicamos a deambular por Granada. Ya conocíamos perfectamente la ciudad. Yo desde niño, y Pilar poco después, aunque no con tanta profundidad como yo. Nos dejábamos llevar por nuestros pies, lentamente, paseando. No teníamos ninguna prisa. Entramos en varias tiendas de la Alcaicería, con ese sabor a medina árabe inconfundible. Entramos en la catedral, nos dejamos embaucar por una gitana que rápidamente le colocó a Pilar un clavel en la mano que después pretendía cobrar a precio de oro, y finalmente desembocamos en una librería situada junto a la puerta de la catedral. El vendedor, un individuo grueso con aspecto bonachón, nos enseñó las últimas novedades, entre las que destacaba una edición facsímil de la primera edición del Romancero Gitano de Lorca, con ilustraciones del propio autor. Ni que decir tiene que Pilar se encariñó tan rápidamente con aquella joya, que no nos quedó más remedio que comprarla. En ese sentido, Pilar era muy clara. Si un libro le entraba por los ojos, ya era suyo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con nuestro cargamento de libros (yo también compré unos cuantos que hablaban de historias y anécdotas de Granada) y recuerdos de la Alcaicería, nos dirigimos a Chiquito, un restaurante que hace esquina, situado en una manzana de casas justo enfrente del corte inglés. Después de comer, al hotel, a dormir la siesta. Mientras Pilar dormitaba, yo le leía poemas del Romancero Gitano. Cuando acababa uno, y pensando que estaba dormida, intentaba cerrar el libro. Ella abría un ojo, me miraba, y decía “¿qué haces? Venga, léeme otro”. Así pasamos la hora de la siesta. Como podéis comprobar, nos estábamos tomando el día con una parsimonia y una laxitud que apabullaban. Por aquellas fechas, mediados de junio, el calor en Granada empezaba a ser importante, y nosotros intentábamos, de manera consciente y porque no nos apetecía otra cosa, no movernos demasiado, para no sudar. Todo lo que os he contado transcurrió en un espacio de no más de medio, a lo sumo un kilómetro de diámetro.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando se fue acercando la hora, empezamos a vestirnos. A veces he pensado que parecíamos dos toreros colocándonos el traje de luces. Pilar se enfundó un vestido que se había comprado en Mallorca, unos zapatos muy elegantes, y una chaqueta fina de color claro. Yo me puse unos zapatos de color marrón, un pantalón de vestir de color claro, y (ahora llega el momento de agarrarse los machos), no os lo perdáis, una camisa de seda de color verde oscuro. De seda verde, os lo juro. Y puedo aseguraros que, en aquella época, las camisas de seda de cualquier tono estaban consideradas como el summun de la elegancia, aunque a día de hoy a algunos les cueste creer algo así. No recuerdo bien quién me la regaló. Posiblemente fuera la misma Pilar. Lo que sí recuerdo es que una camisa de esas costaba por aquel entonces siete mil pesetas, más o menos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tomamos algo rápido en un bar situado cerca del hotel, y nos encaminamos, con un brillo de felicidad en la mirada, a lo que había motivado aquella salida de fin de semana.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Sueños flamencos”, de Cristina Hoyos, se representaba la noche de aquel sábado en el teatro del Generalife. Atravesamos la Alhambra como no lo habíamos hecho nunca, de noche, iluminada, y sin ese enjambre de turistas que acostumbran a visitarla cada día. Las pisadas de los que tuvimos el privilegio de asistir al espectáculo, sobre la gravilla del camino que conduce de la Alhambra al Generalife, se escuchaban tranquilas, a ritmo lento, como degustando por anticipado el placer que nos esperaba.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pilar caminaba cogida de mi brazo, recordando de vez en cuando los poemas de Lorca que le había leído por la tarde. Estaba contenta. Muy contenta. Ese es otro aspecto muy arraigado en la personalidad de Pilar, y los que la conocisteis bien sabréis de sobra de lo que hablo. Pilar se ponía contenta si la persona que estaba a su lado estaba contenta. Le bastaba con eso. Era a mí a quien le gustaba Cristina Hoyos, pero había sido ella la que había sacado las entradas y la que había organizado el viaje. Cuando me lo dijo, yo me llevé una gran alegría, pero ella se la llevó al verme a mí alegre. Así era Pilar. La he visto en innumerables ocasiones disfrutar con algo que nos gustaba a mí o a su hijo, o a una amiga, o a sus padres, tanto o más que si le gustara a ella.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y comenzó el espectáculo. Bueno... Qué decir del espectáculo. Se trataba de Cristina Hoyos. Si algo siento muchas veces en la conciencia, y lo siento de verdad, es que todos esos que aplauden hoy a rabiar las tonterías de Joaquín Cortés o Sara Baras, van a pasar por la vida sin haber apreciado en lo que vale, por desconocimiento absoluto, el arte de bailarines tan grandes como Antonio Gades o Cristina Hoyos. Arte con mayúsculas, y dicho por alguien que no siente una especial predilección por el flamenco. Pero cristina Hoyos no es flamenco. Es algo más. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al finalizar cada número, Pilar me miraba, entusiasmada ante lo que estaba viendo. Disfrutamos los dos como poseídos por el espíritu de Lorca, que se destilaba en cada uno de los movimientos de las manos de la bailaora. La noche, perfecta, el cielo, estrellado, el entorno, magnífico, el arte de Cristina, mágico. ¿Qué más se le podía pedir a una noche?. Que estábamos los dos juntos, viviendo un momento de emociones a flor de piel que duró dos largos días.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después vinieron otras muchas noches en Granada, pero ninguna otra como aquella. De hecho, aquel fin de semana metió en mi cabeza la idea de comprar algo para institucionalizar los fines de semana en Granada, craso error por mi parte, como ya os relataré cuando llegue el momento.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Volvimos a Madrid como siempre, alegres por lo que habíamos vivido, tristes porque se había terminado, y un poco más unidos en esa trayectoria vital que habíamos decidido tener juntos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-7886105483236386419?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/7886105483236386419'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/7886105483236386419'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/12/el-embrujo-de-granada.html' title='El embrujo de Granada'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SxUAdDBqfkI/AAAAAAAAAv0/x5KcFKhEOI0/s72-c/granada2.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-1845856939518185323</id><published>2009-11-22T15:12:00.000-08:00</published><updated>2009-11-22T15:14:42.551-08:00</updated><title type='text'>A modo de reflexión</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SwnF0lFww_I/AAAAAAAAAvE/SYVM9hbMgJ4/s1600/salamanca1bis1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407070334735139826" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 302px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SwnF0lFww_I/AAAAAAAAAvE/SYVM9hbMgJ4/s400/salamanca1bis1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Parece que se está convirtiendo en una especie de costumbre en este blog desconectar de vez en cuando del relato de nuestra vida juntos, parar un momento, y mirar desde arriba, por así decirlo. Esta es una de esas ocasiones. Tengo que explicaros algo relacionado con el hecho de seguir con esta historia, que seguramente no le importará a casi nadie, probablemente a nadie, exceptuando quizá a nosotros, su familia, a los parientes más cercanos, y a los amigos más allegados. ¿Cuáles son las razones que me empujan entonces a seguir con lo que probablemente sea el blog menos seguido de la historia de Internet?. Las razones son varias, y muy concretas. A pesar del dolor que me causa (que me causaba, más bien. Ese es otro aspecto que quería comentaros hoy) rebuscar en recuerdos y en fotografías, tienen más peso las razones para seguir, que las razones para dejar de hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En primer lugar, y eso es algo que llevo metido dentro prácticamente desde que empecé a tener uso de razón, considero que toda vida humana, cualquiera que sea, merece la pena ser contada. No hay nada más importante en el mundo que los recuerdos, vivencias, emociones, historias, tragedias, creencias, principios, alegrías, tristezas y conocimientos, que se encierran en el interior de un cerebro humano. De cualquiera, digo, desde el más famoso de los mortales hasta el más insignificante peón, sea cual sea su lugar de nacimiento. Todo el mundo merece que sus vivencias sean contadas. ¿No os ocurre a vosotros que asistís embobados, después de las comidas familiares, a esa historia de su juventud que nos cuenta la abuela? Podrá relatar mejor o peor, con gracia o con una pesadez absoluta, pero siempre nos fascina lo que dice. ¿Porqué? Pues porque somos humanos, ni más ni menos, y nos alimentamos de las historias que nos cuentan otros seres humanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por esa razón, Pilar no iba a ser menos. Tuvo una vida que merece ser contada, no sólo por su experiencia y su inteligencia, que las tenía, y a raudales, sino por lo fue capaz de aportarnos a todos los que tuvimos la inmensa suerte de conocerla. Tenía sus momentos malos, como todo el mundo, y sus manías, por supuesto, pero lo bueno oscurecía sobradamente lo malo. Ella misma decía que había que ver siempre la botella medio llena, y eso es lo que estamos haciendo ahora nosotros al recordarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Existe otra razón, probablemente tan poderosa o incluso más que esa especie de homenaje que creo que se merece Pilar, y es la de que su hijo la conozca un poco más el día de mañana. Sería absurdo por mi parte pretender que el día de mañana mi hijo se leyera este blog, pero si lo hiciera, creo que le serviría para hacerse una idea bastante exacta de lo que vivió esa persona que no sólo le trajo al mundo, sino que fue capaz de infundirle los valores que ahora tiene. No nos olvidemos de que Sergio perdió a su madre con catorce años recién cumplidos, una edad lo suficientemente adulta como para asimilar la pérdida, pero lo suficientemente infantil como para no entender demasiado bien lo que supone esa pérdida. Una edad difícil, complicada, en la que ya se empieza a pasar de los padres. Es posible que alguno de vosotros, en el futuro, le señale estas páginas como un modo de conocer mejor a la que fue su madre. Todos conocemos historias de nuestros padres, “batallitas” a las que no le prestamos mucha atención, entre otras razones porque nuestros padres (los míos y los de Pilar, me refiero) están ahí todavía, y estarán en la siguiente comida para contarnos las mismas cosas. ¿No creéis que sería bonito que alguien se encargara de recopilar, de recordar esas anécdotas, para leerlas cuando ellos no estuvieran? Eso es lo que estoy tratando de hacer con este blog. Plasmar esos veinte años en común antes de que la memoria me falle. Conozco al menos dos personas (mi hijo y yo mismo) a las que algún día les interesará todo esto, y solo por eso ya merece la pena seguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He notado que la mayor parte de las entradas se centran en viajes que hicimos Pilar y yo, ya sean más cortos o más largos. Resulta inevitable. El noventa por ciento de las fotografías que están despertando mis recuerdos proceden de viajes, como le ocurre a la mayoría de las personas. Nadie conserva muchas fotografías de su vida cotidiana, a menos que se haya comprado una cámara nueva y se dedique a perseguir a su mujer mientras hace unas lentejas o tiende la ropa. También tengo unas cuantas fotografías de esas, pero no muchas, ya que, cada vez que sucedía, a la tercera o cuarta fotografía me enviaba Pilar a freír espárragos. Es inevitable por tanto hacer muchas menciones a esas salidas que servían para acercarnos cada vez un poco más, para conocernos mejor a nosotros mismos. Es muy posible que a veces cambie incluso las fechas, o el orden de los viajes. Mi memoria no da para más, y a pesar de que en muchas de las fotografías adopté la sana costumbre de colocar la fecha, en otras muchas no lo hacía. No se puede hacer nada, es una pequeña tragedia, pero creo que lo importante es el recuerdo, la sensación de bienestar que nos embargaba cuando deshacíamos las maletas, y no la fecha exacta en que se produjo. Tampoco hay demasiadas dislexias en ese sentido, pero algunas sí que hay, os lo aseguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por fin viene para mí lo más importante, lo que de verdad me está empujando a retomar este blog cada vez con más ganas. Voy a intentar explicaros con palabras mi estado de ánimo. Con palabras, y con una buena imagen, que dicen que vale más que mil palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por favor, observad la fotografía de Pilar que encabeza esta entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, es ella. Esa era Pilar. Recuerdo perfectamente el día en que se la tomé. Fue en Salamanca, después de pasar una noche de ensueño en el parador. Una salida de fin de semana. Pilar estaba ese día radiante, feliz. Parece que fue ayer cuando subíamos la cuesta que nos conducía a la catedral. Caminaba deprisa, segura de “encontrar la rana” en la fachada de la Universidad. Esa era Pilar. Esa era la Pilar que me enamoró, la Pilar con la que, después de unos tres años de estar saliendo, había decidido compartir mi vida. Una Pilar también enamorada, que disfrutaba como una chiquilla de su relación conmigo. Éramos dos auténticos gansos, os lo aseguro. Creo que pocas veces se ha visto una pareja de tortolitos empalagosos en tantos lugares de España.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me refiero a eso precisamente. Esa era Pilar. Con este blog estoy consiguiendo poco a poco que esa Pilar de verdad, la auténtica, la que todos habéis conocido, vaya recuperando su lugar en mi memoria, en vuestra memoria, supongo, desplazando a un rincón de nuestro cerebro cada vez más remoto a esa otra Pilar de los últimos meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pilar sufrió, eso es algo que a estas alturas todos habréis asimilado. Los últimos meses fueron un calvario. La quimioterapia, unida a la hernia que le había quedado de la última operación, la pérdida de pelo, la pérdida de defensas, la convirtieron en otra Pilar, que nada tenía que ver con la Pilar alegre y voluntariosa que había sido durante toda su vida. Sinceramente, no me parece justo que se encaje en nuestra memoria esa última imagen de Pilar, y la única forma de conseguirlo, es observando fotografías como esa. Ya no me entristece buscar una fotografía para ilustrar una entrada. Todo lo contrario. Me sorprendo a mí mismo incluso riendo, recordando la gansada que dio lugar a alguna fotografías que por un cierto sentido del ridículo no me atrevo a colocaros, pero que para mí significan mucho. Pilar medio dormida con Sergio en brazos, en un restaurante con un trozo de pan saliéndole de la boca, con cara de terror ante un flashazo inesperado por mi parte... Cada vez que veo una de esas fotografías me viene a la mente esa Pilar, la auténtica, la que todos habéis conocido en uno u otro momento. Algunos ni siquiera tuvisteis el enorme privilegio de conocerla en aquella época (Jose, Loli), pero es posible que leyendo el blog y observando las imágenes, os podáis hacer una idea de quien era y como se bandeaba por la vida nuestra amiga Pilar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El blog me está ayudando a superar la pérdida, porque supone un esfuerzo consciente recordar hechos, viajes o situaciones. Recuerdos que están borrando, por su fortaleza y su calidad, los tristes recuerdos del final. Ni más, ni menos. Así que lo siento, amigos y familiares, pero me parece que seguiré aburriéndoos con nuestras andanzas durante un rato largo. A mi ritmo. Qué se le va a hacer. Llevamos un montón de entradas y todavía no han pasado ni tres años desde que empezamos a salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corremos el riesgo de haber creado un auténtico culebrón, pero creo que me estoy enganchando. Suele pasar. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-1845856939518185323?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/1845856939518185323'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/1845856939518185323'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/11/modo-de-reflexion.html' title='A modo de reflexión'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SwnF0lFww_I/AAAAAAAAAvE/SYVM9hbMgJ4/s72-c/salamanca1bis1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-1395166344208564900</id><published>2009-11-13T10:42:00.000-08:00</published><updated>2009-11-13T10:47:04.001-08:00</updated><title type='text'>Unas noches en Marrakech</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sv2pk3M0mQI/AAAAAAAAAu8/w_foTC1iLQ4/s1600-h/marrakech-zoco.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403661578672576770" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 270px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sv2pk3M0mQI/AAAAAAAAAu8/w_foTC1iLQ4/s400/marrakech-zoco.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Decididamente, y eso es algo de lo que me he dado cuenta al escribir este blog, probablemente 1990 fue el año en el que más viajes hicimos. Además de las innumerables salidas de fin de semana, hicimos el viaje a Mallorca que comentaba en el blog anterior, y otro importante viaje, allá por octubre o noviembre, a la fascinante Marrakech.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Sólo fueron cuatro días, pero muy intensos. Cuatro días de un puente, no recuerdo cuál, en el que a la mitad de los madrileños se les debió de ocurrir la misma día, porque al mismo tiempo que el nuestro, salieron para allá diez o doce aviones más.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Lo primero que nos impresionó fue el aeropuerto. Pequeño, rodeado de muros de color naranja, con una torre de control ridícula y una terminal que parecía incapaz de asimilar todos los aviones que estaba recibiendo. Los muros de color naranja son una constante en la ciudad, que se repiten en cualquier lugar, tanto en la zona antigua como en la moderna.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;El hotel en que nos alojamos parecía de superlujo si lo comparábamos con otro español de la misma categoría. Tenía una piscina monumental, y una zona de palmeras encantadora. El asunto de las palmeras en una constante también en la ciudad. El palmeral de Marrakech, con seis mil hectáreas, es probablemente el más grande del mundo. ¿Cómo es posible que exista un palmeral tan grande en una zona semidesértica?. La leyenda dice que los soldados del fundador de la ciudad, que venían del desierto, se pararon a descansar en la zona y se pusieron a comer dátiles como descosidos. De los huesos que arrojaban nació el palmeral. Un origen probablemente falso, pero ciertamente muy poético.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Marrakech fue el único lugar al que viajamos en plan borrego, con un grupo de gente bastante poco informado del lugar que iba a visitar. Lo primero que nos dijo el guía fue que no diéramos dinero a los niños que, inevitablemente nos lo iban a pedir. Nada más bajar del autocar para visitar la Kutubiya, una impresionante torre del mismo arquitecto que construyó la Giralda de Sevilla (y se parecen mucho, eso es lo cierto), se acercó a nosotros un grupo. Una de las mujeres del grupo, probablemente sintiéndose asediada, y con la intención de quitárselos de encima, pasó completamente de las recomendaciones del guía, y le soltó a la chiquillería una buena cantidad de monedas. Para qué quiso más, la pobre. De todas partes surgieron chavales, que la rodearon como si se tratara de un enjambre de abejas. No fue capaz de quitárselas de encima. Hasta tal punto llegó su sufrimiento, que no volvió a salir del hotel en los cuatro días.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Aquel mismo día, el primero, tuvimos Pilar y yo el enorme privilegio de pasear por la plaza de los muertos, Djemma el FNa, un lugar increíble, famoso en el mundo entero por sus puestos callejeros, sus aguadores, sus contadores de historias, sus dentistas (sí, sus dentistas, que extraían muelas o colocaban dentaduras postizas en medio de la calle), sus encantadores de serpientes, sus ruidos, su música y sus olores. Nos caló profundamente la plaza. Resultaba todo un espectáculo contemplarla desde la terraza de un bar al que nos llevaron para tomar un té a la menta. Ese mismo día tuvimos también la oportunidad de visitar el hotel Mamounia, uno de los más prestigiosos del mundo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;El segundo día nos llevaron al valle del Lourika, un lugar que no parece en absoluto perteneciente a una ciudad tan conectada al cercano desierto. Riachuelos por todas partes, naranjos, y una vegetación abundante, parecían darse de patadas con el entorno. Recuerdo perfectamente que Pilar le dio un bolígrafo bic a un chaval que la abordó antes de subir al autocar para regresar al hotel, y que a continuación, el chaval pretendió venderle por ocho dírhams el mismo bolígrafo que le había regalado ella.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Aquella tarde nos aventuramos, como era nuestra costumbre cada vez que salíamos a algún lado, a pasear por nuestra cuenta. No nos atrevimos a ir a la plaza de los muertos, pero paseamos por la zona nueva de Marrakech, que en todos los aspectos, salvo en la vestimenta de sus habitantes, recordaba una ciudad europea, y no precisamente de las más descuidadas. Amplias avenidas, farolas cada veinte metros, casas de no más de tres plantas... Desembocamos en un mercado en el que se vendían todo tipo de frutas, especias, recuerdos... Resultaba imposible viajar a Marrakech y no comprar nada. Pequeños camellos de sándalo, que despedían un aroma que no se les ha ido con el paso de los años, cajas de madera de raíz de olivo, vasos, el inevitable puf de piel de camello, unas cuantas teteras, platos de “tajine” de barro, una gubia que imitaba plata... Todo tipo de cosas, que destacan con luz propia cuando las ves en la tienda correspondiente, y deslucen ostentosamente cuando, ya en Madrid, las colocas al lado de la fotografía de tu primera comunión o de la torre Eiffel dorada que compraste en París. Eso es lo que sucede siempre con las cosas que se compran en países exóticos. Que no pegan ni con moco con todo lo demás.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Pilar y yo disfrutábamos regateando. De hecho la mayoría de las cosas que compramos lo hicimos por el placer de regatear con el vendedor. Pasamos a una tienda de alfombras bereberes situada en el centro de una calle ancha, y Pilar se enamoró enseguida de dos alfombras, una roja que no sé que ha sido de ella, y una blanca que todavía conservo. El regateo se prolongó durante más de media hora. El vendedor era un tipo muy agradable, muy sonriente y de hablar lento y pausado. Hacia la mitad de la negociación nos ofreció un vaso de té a la menta. El caso es que salimos de allí cargados con las dos alfombras. Uno de los que viajaban con nosotros las vio, y nos preguntó cuánto nos habían costado. Al decirle el precio, abrió unos ojos como platos. Él había pagado más del triple por una alfombra bastante más pequeña que las nuestras. Como no se lo creía, le dijimos que si quería le llevábamos a nuestra tienda al día siguiente, y aceptó. Recuerdo que se ponía nervioso cuando nos veía a Pilar y a mi regateando con el vendedor con una paciencia infinita. Al final se llevó un par de alfombras por el mismo precio que habíamos pagado nosotros el día anterior. No se lo podía creer.&lt;br /&gt;El tercer día hicimos la que probablemente haya sido la excursión más fascinante de nuestra vida. Atravesando el Atlas, llegamos a Ouarzazate, “la ciudad silenciosa”, situada en el inicio del desierto del Sahara. Resultaba increíble entre las nieves perpetuas de las montañas, y la aridez de la tierra que albergaba la ciudad. Visitamos dos kasbahs abandonadas impresionantes, con casas de adobe de varias plantas de altura. Aquel día disfrutamos como enanos del imponente paisaje y de las sugerentes tiendas y puestos callejeros que jalonaban la ruta, tanto en el Atlas como en la ciudad objeto de la excursión.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;El último día, por fin, nos liamos la manta a la cabeza, y visitamos la plaza de los muertos por nuestra cuenta. Alquilamos los servicios de un guía local, que nos metió sin dudarlo en lo más profundo de la medina. Hubo un momento en el que nos asustamos, pero al final llegamos a la inevitable tienda de cazadoras de cuero objeto de los intereses de nuestro guía, y no pudimos evitar la tentación de comprar un par de cazadoras que permanecen olvidadas en oscuros rincones de los armarios de la casa del pueblo. Unas cazadoras que estuvieron desprendiendo durante una larga temporada un extraño olor, mezcla de cuero sin curtir y algún tinte más o menos hediondo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Como colofón a tan fascinante viaje, acudimos la última noche a una cena en el palmeral. Pilar se vistió de berebere con una sugerente túnica negra y una diadema de colores. Mientras cenábamos, acuclillados sobre una mesa redonda, un gran número de grupos folclóricos marroquíes amenizaba el momento, con sus cantos y ese ritmo frenético que les acompaña siempre.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Un viaje inolvidable, sin duda. Creo que fue la vez que más nos costó a Pilar y a mi recuperar el ritmo de vida, una vez de vuelta a Madrid. Nos planteamos seriamente liarnos la manta a la cabeza, abandonar trabajo y familia, y establecernos en las inmediaciones de la plaza de los muertos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Algo que nos sucedía cada vez que viajábamos, dicho sea de paso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-1395166344208564900?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/1395166344208564900'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/1395166344208564900'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/11/unas-noches-en-marrakech.html' title='Unas noches en Marrakech'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sv2pk3M0mQI/AAAAAAAAAu8/w_foTC1iLQ4/s72-c/marrakech-zoco.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-8939538799315889330</id><published>2009-10-27T09:03:00.000-07:00</published><updated>2009-10-27T09:06:03.617-07:00</updated><title type='text'>Un verano en Mallorca</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SucaVc5dIpI/AAAAAAAAAuE/ayap7E2HT8g/s1600-h/Sin+t%C3%ADtulo1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5397311634263581330" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 221px; CURSOR: hand; HEIGHT: 261px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SucaVc5dIpI/AAAAAAAAAuE/ayap7E2HT8g/s400/Sin+t%C3%ADtulo1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Se me amontonan en la memoria los viajes que hicimos Pilar y yo en aquella época. A pesar de que yo ganaba bastante menos que en la anterior empresa, nos permitimos el lujo en el 90 de marcarnos en verano una salida a Palma de Mallorca, allá por Octubre o Noviembre un viaje de cuatro días a Marrakesh, e innumerables salidas de fin de semana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nos encantaba viajar a los dos. Creo que esto es algo que ya ha quedado largamente demostrado en este blog. Yo trataba de ponerme a la altura de Pilar, que había viajado a lo largo de su vida infinitamente más que yo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pilar tenía una facilidad a veces irritante para hacer una bolsa o una maleta, acostumbrada como estaba a ello. Cuando me veía a mí colocar las zapatillas de deporte malolientes al lado del pijama, sin protegerlas siquiera con una bolsa, me echaba una mirada profunda, y me decía “¿Se puede saber qué estás haciendo?”. Yo me echaba a temblar, y me ponía completamente en sus manos. Aguantaba estoicamente el chaparrón de comentarios del tipo “pero qué desastre eres”, “parece mentira que seas tan listo”, “es que hay que ver que Adán, Dios mío”, y otras lindezas que merecía la pena aguantar por el resultado final, que consistía en una bolsa o maleta perfectamente ordenadas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es difícil explicar la alegría que sentía Pilar mientras organizaba un viaje. Yo me ponía completamente en sus manos a la hora de contratar, de reservar, de organizar vuelos, hoteles y traslados de un lado a otro. Ha veces he pensado que ella disfrutaba más con la logística del viaje que con su contenido. Lo teníamos perfectamente organizado. Ella mandaba desde casa hasta el destino, se encargaba de billetes de avión, de bonos de hoteles y de todo lo demás. Una vez en el destino correspondiente, era yo el que entraba en acción. Sacaba mi plano, o mi guía de viaje, y a recorrer el lugar, con la intención de visitar el mayor número de cosas posible. Era entonces Pilar la que se relajaba y se dejaba llevar, segura siempre (eso es algo que adquirimos a fuerza de salir) de que, teniendo un plano, por miserable que fuera, nunca nos íbamos a perder en ningún lugar. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo curioso es que estábamos siempre perfectamente seguros el uno del otro. Ni yo intervenía en los tejemanejes de Pilar con las agencias, ni ella se metía en mi terreno a la hora de preparar la ruta. Confiábamos plenamente el uno en el otro. Cuando algo salía mal, siempre resultaba gratificante poder culpar a alguien concreto. “Pero Pilar, si no te han dado las tarjetas de embarque”, o “Vale, Félix, resulta que hoy está cerrado el museo Rodin”. Nos echábamos los trastos durante un rato, y luego seguíamos, como si no hubiera pasado nada, sin permitir jamás que un pequeño contratiempo nos hiciera mella durante más de un minuto. Tendría que rebuscar muy en el fondo de la memoria para recordar algún momento negativo mientras viajábamos. Cierto es también que tanto Pilar como yo tendíamos siempre a correr un tupido velo (un estúpido velo, decía ella) sobre cualquier aspecto negativo, tanto de los viajes como de cualquier otra situación de nuestra vida, y eso nos ayudaba siempre no sólo a disfrutar de lo que hacíamos, sino de desear con todas nuestras ganas volver a repetirlo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El viaje a Mallorca supuso un antes y un después en nuestras salidas. Fue la primera vez que alquilamos un coche, que nos brindó la oportunidad de recorrer la isla en toda su extensión. Nos planteamos cuatro días de turismo, y tres de descanso y disfrute del hotel y la playa cercana al mismo. Nos sobró tiempo para recorrer Valldemosa, Inca, Palma de Mallorca, Formentor, la Calobra, Manacor y la maravillosa playa de Es Trenc, para nuestro gusto la mejor que habíamos visto en nuestra vida, con los pinos a cuatro metros del agua y la arena blanca.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En Valldemosa disfrutamos como enanos del ambiente creado en torno a la aventura que vivió Chopin en su famosa cartuja. Resultó ciertamente curioso el concierto que nos ofreció un elegante estudiante de piano, que tocaba como los ángeles. Mientras él estaba vestido con su traje y su corbata, los oyentes nos distribuíamos en los bancos con nuestros bañadores y nuestras chanclas, y algunos incluso con el torso al aire o, lo que era peor, con esa inevitable camisa azulona anudada a la altura del ombligo. Al joven no le importaba en absoluto la calidad del público que le escuchaba. Tocaba para él, y cerraba los ojos para sentir más profundamente la inmortal música del compositor.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Siempre me ha hecho gracia, y así se lo comenté a Pilar, el afán que te ponen en todos los lugares de Mallorca por venderte el libro “Un invierno en Mallorca”, escrito por George Sand, que evoca su estancia en Valldemosa con su amante, el mismo Chopin. Y me hace gracia porque en el libro la Sand se despacha a gusto contra unos mallorquines a los que considera (y seguramente lo eran) palurdos, ancestrales, cerrados, mojigatos e intransigentes con una mujer a la que consideraban poco menos que una puta, por el hecho de vivir con su amante y con dos hijos de un matrimonio anterior. No importa que Sand ponga a parir a los mallorquines. Ellos te seguirán ofreciendo el libro con una sonrisa en los labios.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El tercer día en Mallorca permanece en mi memoria como si hubiera sucedido ayer mismo. Después de comer en un restaurante cercano a Inca, nos fuimos a Deiá, ese precioso pueblo que han escogido muchos artistas para vivir. Nos encantó hasta el punto de decidir comprar una casa allí. Era la primera de miles de decisiones iguales que tomamos otras muchas veces, cada vez que visitábamos un lugar que nos impresionara por su belleza. Nos ocurrió lo mismo en el Trastévere, en Marrakesh, en Londres, en Carcasona, en Munich, en Rotenburg, y en todos los pueblos que recorre el Loira. Una decisión que nos ilusionaba durante una temporada, hasta que viajábamos al siguiente lugar, y cambiábamos de idea.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después de Deiá, emprendimos el camino a la Calobra, por una infernal carretera famosa en el mundo entero por sus curvas. Pues bien, amigos, puedo prometer y prometo, que Pilar se durmió en el coche, a pesar de lo accidentado del camino. ¡Era increíble!. De vez en cuando la miraba, y la mujer colgaba del cinturón de seguridad, dormida como un leño, sin enterarse ni de las curvas ni de los baches. Nos bañamos en la Calobra, y después fuimos a Manacor. Recuerdo perfectamente que Pilar llevaba un pantalón blanco muy corto, y una camisola azul que le quedaba, salvando las distancias, como un baby de los que nos colocaban en el colegio cuando éramos pequeños. No sé que le ocurrió a Pilar aquella tarde, si fue efecto de la sangría que nos habíamos tomado al mediodía, o del sueño reparador que se había echado camino de la Calobra, pero el caso es que estaba desbocada. Se reía por todo, colocaba el programa que nos habían dado en la inevitable fábrica de perlas cultivadas a modo de altavoz, y soltaba de repente un “tururú tururú” que hacía que los turistas nos miraran, se ponía a bailar en lo alto de una valla de la entrada... Tenía el pelo como siempre se le quedaba cuando pasaba más de tres días en una zona húmeda, rizado y abundante, como una chiquilla. El caso es que seguimos haciendo el ganso durante toda la tarde, especialmente ella, y nos lo pasamos fenomenal. Compramos un par de figuras de cristal, alguna perla para las madres... lo típico, pero con un toque de gamberrismo que pocas veces le volví a ver. No parecía ella, pero se lo pasaba en bomba. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sólo he vuelto a ver en otra ocasión una actitud parecida, muy parecida, procedente no de ella, sino de nuestro hijo. Ocurrió después de la comida de su primera comunión. Sergio, tan serio como siempre ha sido, empezó de repente a hacer gansadas, sin parar, contento, partiéndose de risa y haciéndonos partirnos de risa a toda la familia, abuelos, tíos y primos incluidos, con un repertorio que merece sin duda una futura entrada en este blog. En aquel momento, no pude evitar pensar en aquella famosa tarde en Palma de Mallorca. Sergio era el alter ego exacto de aquella Pilar que se reía sin poder parar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sangre de su sangre, no cabe ninguna duda.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-8939538799315889330?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/8939538799315889330'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/8939538799315889330'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/10/un-verano-en-mallorca.html' title='Un verano en Mallorca'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SucaVc5dIpI/AAAAAAAAAuE/ayap7E2HT8g/s72-c/Sin+t%C3%ADtulo1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-41203646167414794</id><published>2009-10-07T13:30:00.000-07:00</published><updated>2009-10-07T13:52:26.127-07:00</updated><title type='text'>Ha pasado un año</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Ssz_WRGPaoI/AAAAAAAAAtE/yenwp-XPm2Q/s1600-h/lanz6bis.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5389963612067424898" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 288px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Ssz_WRGPaoI/AAAAAAAAAtE/yenwp-XPm2Q/s400/lanz6bis.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Pues sí. Un año nada menos. El pasado 29 de septiembre, para ser más exactos. El día fue triste, de eso no cabe duda. Recibí varias llamadas de familiares y amigos. Todos lo recordamos como si fuera ayer. Sin embargo, volviendo la mirada atrás, creo que lo vamos superando, de una manera o de otra. La prueba es que ahora hablamos de ella todos sin complejos. A Sergio le digo muchas veces "¿Te acuerdas cuando mamá decía?. El dolor está cediendo su lugar al recuerdo, cada vez más vivo y más entrañable que cuando falleció Pilar. Ya puedo ver videos en los que salía ella, fotografías recientes, etc. Retomo el blog después del paréntesis del verano. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;“Durante la adolescencia se forma el carácter de la persona”, “a partir de una cierta edad, la gente ya no cambia”... Son frases que hemos escuchado todos alguna vez, y que la mayoría de las veces hemos dado por ciertas, por dogmas de fe, de esos de los que ni siquiera nos planteamos su validez, porque consideramos que son ciertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las personas, cambian. Ya lo creo que cambian. Yo, sin ir más lejos, he cambiado profundamente de dos años a esta parte, y tengo nada menos que cuarenta y ocho años, así que, o el dogma de fe no es del todo cierto, o no es del todo cierto para según qué casos, o yo soy un tío raro, cosa que a estas alturas de la película me costaría asimilar, porque siempre me he considerado una persona más o menos equilibrada y bastante normalita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué soy consciente de mi cambio, si es que se ha producido alguno?. Elizabeth Kubler-Ross lo define muy bien en su libro “sobre el duelo y el dolor”, uno de esos libros que deseo que jamás tengáis que leer, pero que os recomiendo encarecidamente en el caso de que os veáis inmersos alguna vez en una situación tan dolorosa como la mía. La autora habla del cambio que se produce en las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido. De repente, los problemas de los demás les parecen una tontería comparados con el que el afectado por la pérdida tiene encima. La muerte de un ser querido no es sólo eso, una pérdida terrible, sino un encontronazo brutal, directo, y al estómago, con la certeza de que todos tenemos que morir. Esa frase, dicha así, no le dirá nada al que no ha sufrido una situación como esa. Una situación que nos toca de refilón cuando la muerte que se produce es la de algún pariente cercano, que nos puede causar mucho dolor, pero que no nos afecta tanto como la de nuestro cónyuge, la de la persona con la que habías decidido compartir el resto de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cosas se ven de otra manera cuando adquieres la conciencia de que algún día, más tarde o más temprano, te vas a reunir con esa persona a la que has querido tanto. Todos nos creemos en cierto modo inmortales. Cuando escuchamos en la radio las estadísticas de los accidentes de coche, de los afectados por enfermedades contagiosas, o de los damnificados por una catástrofe natural, en el fondo de nuestra alma estamos convencidos de que eso no va con nosotros, de que vamos a durar para siempre. Pues bien, amigos, ante la perdida de Pilar, ese convencimiento se desvanece, y he tomado conciencia de que cualquier día me puede ocurrir a mí. Es duro asimilarlo, muy duro, y no estoy muy seguro de que sea capaz de poderos explicar esa sensación de la que os hablo, pero lo que sí os puedo asegurar es que la escala de problemas, o más bien de lo que consideramos problemas, sufre un cambio radical. Muchas cosas que antes se me hacían cuesta arriba me parecen auténticas tonterías hoy en día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta actitud puede crear fisuras en nuestras relaciones con los demás, procedentes del hecho de que, cuando alguien me cuenta un problema (o un hipotético problema, la mayoría de las veces), puedo tender, aunque sea de manera no premeditada, a no darle la importancia que debería darle para que el otro perciba que me preocupa el asunto. Es complicado de explicar. La verdad es que casi nunca, incluso en vida de Pilar, he tenido una mínima conciencia de lo que puede resultar un problema, más que nada porque más o menos se me han ido solucionando todos, pero es que ahora, después de la tragedia vivida, y de la situación a la que de repente nos hemos visto abocados mi hijo y yo, cualquier otra cosa me parece de poca importancia, y lo peor es que en muchas ocasiones no puedo disimularlo, o me cuesta mucho. A cualquier cosa que se me plantea, tengo la puñetera costumbre de pensar, sin poder evitarlo, “por lo menos está vivo”, que, aunque a la mayoría de nosotros no nos lo parezca, porque nos consideramos inmortales, es lo más importante, os lo puedo asegurar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escucho a mi alrededor discusiones de pareja, normalmente entre los miembros de mi familia o entre parejas de amigo. Son discusiones al aire, soltadas para que los que las escuchan le den la razón a uno o a otro. Siempre me ha hecho cierta gracia esa necesidad que tenemos de que personas de nuestro entorno nos den la razón. ¿No os parece realmente un poco absurdo?. El primero que le tiene que dar la razón a uno es uno mismo, y no creo que haya que buscar el beneplácito de los demás, sobre todo cuando a los demás les ponemos en la tesitura de tener que elegir entre uno de los dos miembros de la pareja. No importa de lo que se hable. Cualquier argumento, por peregrino que sea, puede justificarse con palabras (hasta el nazismo más intransigente se justificaba a los ojos del pueblo con argumentos). Partiendo de esa base, todo lo que una pareja se eche a la cara no es más que una sarta de reproches, que no irán a ningún lugar salvo que se dejen de emitir. Cuando se llega a los silencios entre una pareja, es peligroso, cuando se discute, no, siempre que exista, por supuesto, un respeto entre uno y otro. Los silencios entre parejas son tan peligrosos como los insultos o las humillaciones. Cuando se llega a este punto, significa que la relación entre la pareja está muerta. Viene entonces el divorcio, en unos casos, o el maltrato en otros, si es que uno de los dos miembros de la pareja no tiene la suficiente fortaleza como para acabar de raíz con la relación. Pero incluso cuando se llega a este punto, siempre existe una posibilidad de vuelta atrás. Existe una esperanza de que uno de los dos cambie, y se dé cuenta de la imbecilidad que ha hecho dejando de lado a una pareja tan magnífica como la que tenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabemos mirar desde arriba, y eso nos lleva muchas veces a callejones sin salida en los que no hacemos otra cosa que darnos de cabezazos, sin ser capaces de encontrar una solución. Parecemos ratones de experimento, en un laberinto de pasillos que no conducen a ningún lugar. Eso es algo que más o menos estoy empezando a aprender en estos dos últimos dos años. Me sitúo en un punto ligeramente por encima del problema, y veo su tamaño, y su importancia, que la mayoría de las veces es ridícula. Otras veces pienso en ella, y pregunto “¿qué hacemos, Pilar?”. Siempre me acuerdo entonces de esos “bah, no pasa nada”, que Pilar soltaba con esa fortaleza suya ante cualquier obstáculo que se nos pusiera por delante. Ha sido un lujo compartir esa soberbia filosofía de vida, os lo aseguro. Una vez que me imagino a Pilar con ese optimismo que la caracterizaba, esa sonrisa ante todo, el problema desaparece, o al menos yo lo veo de otra manera. Estoy aprendiendo también a no crearme problemas, algo a lo que también están acostumbradas muchas parejas. Son capaces de crearse problemas por una actitud del otro. Nos molesta mucho que el otro esté tumbado en el sofá mientras nosotros planchamos, por ejemplo. No nos damos cuenta de que el otro también se lo ha currado, o de que es posible de que haya tenido un mal día en el trabajo, y nos lo oculte para que no nos deprimamos. Ante una situación así, tal vez lo sensato sea preguntar “¿te pasa algo?”, y ceder un poco ante su cansancio. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Ha pasado un año.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-41203646167414794?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/41203646167414794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/41203646167414794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/10/ha-pasado-un-ano.html' title='Ha pasado un año'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Ssz_WRGPaoI/AAAAAAAAAtE/yenwp-XPm2Q/s72-c/lanz6bis.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-4504340282307270863</id><published>2009-06-19T15:24:00.000-07:00</published><updated>2009-06-19T15:32:29.860-07:00</updated><title type='text'>El champán francés de etiqueta naranja</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SjwR81CJxVI/AAAAAAAAAs8/lmXKmqn8g14/s1600-h/veuve.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349170194135237970" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 350px; CURSOR: hand; HEIGHT: 350px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SjwR81CJxVI/AAAAAAAAAs8/lmXKmqn8g14/s400/veuve.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Desde el verano de 1989 hasta el verano de 1990 se produce una especie de vacío en mi memoria. Recuerdo que las cosas seguían su curso, que nuestra relación funcionaba a las mil maravillas, que por aquel entonces yo me estaba dejando la piel en otra empresa diferente, ganando menos dinero pero mucho más tranquilo, que estaba haciendo unos bloques de viviendas y unos chalets en el sector 1 de Leganés, y que por aquel entonces tuvimos la gran suerte de conocer a una auténtica bellísima persona, un aparejador que llevaba la dirección facultativa de la obra en la que yo estaba, y que se llamaba David Muñoz. Gran persona, gran profesional, y sobre todo una persona con un carácter encantador, conciliador, tolerante y de una gran bondad. Lo que al principio era únicamente una relación laboral, se convirtió con el paso del tiempo en una profunda amistad, que tanto Pilar como yo tuvimos el honor de mantener con David, con su mujer, Ana, y con la prima de Ana, Rubi, que vivía con ellos. Una relación muy especial de amistad y cariño. A partir de 1991, fecha en la que volví a cambiar de empresa para realizar unas viviendas en Aranjuez, comenzamos a salir asiduamente con ellos, y la verdad es que siempre mantuvimos una relación muy agradable. Hablaré de esa relación cuando llegue el momento, porque en esa época le conocí, pero la amistad llegó más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que fue un fin de semana de otoño del 89, o puede que del 90, cuando Pilar y yo nos liamos la manta a la cabeza, compramos un par de botellas de champán francés (veuve clicquot, o algo así. El de la etiqueta naranja. No se me olvidará en toda mi vida), unas delicatessen (quichés, canapés de diseño y pastelitos), y nos montamos una escapada al corazón de la Sierra de Gredos, nada menos que al parador. Recuerdo que Angel Boyo, un aparejador compañero de David en las obras de Leganés, que al parecer conocía perfectamente la zona, empezó a darme folletos y a explicarme la forma de llegar a los distintos picos de tan prestigioso lugar. Yo le dejé hablar un buen rato, pero como veía que se iba entusiasmando, pensando probablemente que en vez de un fin de semana, me iba a la Sierra de Gredos para todo un año, no me quedó más remedio que colocarle una mano amistosa en el hombro, y decirle “mira, Angel, no te molestes, que voy un par de días, y ni siquiera pienso salir del Parador”. “¿Ni siquiera vas a ver el pico de nosequé?”. “Bueno, si nos da tiempo, a lo mejor. Ya veremos”. La verdad es que el día que llegamos nos dimos un paseo por la tarde, a no más de quinientos metros por los alrededores del Parador, y nos sumergimos de lleno en el encanto de un edificio, uno de los pocos que he visto, en los que la entrada y la recepción son la zona más alta del lugar. Para acceder a las habitaciones había que bajar por el ascensor, no subir, debido a que el Parador, el primero que se construyó en España (el primero que se construyó como Parador, porque esa cadena ha adaptado casi siempre edificios mucho más antiguos, como castillos, hospitales, etc). Después del paseo, Pilar y yo caracoleamos durante cerca de una hora por los pasillos y los amplios salones, a continuación nos metimos en la habitación, y nos cogimos una media toña con el champán que nos duró hasta el día siguiente. Uno de los mejores fines de semana que hemos pasado juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca he visto a Pilar perjudicada por el alcohol, pero sí es cierto que, en cuanto bebía un poco de más, se le ponían unos coloretes tremendos, “le subía el pavo”, como ella misma decía, y empezaba a soltar risas y chascarrillos sin parar, hasta el punto en que a veces, de tanto reírse, empezaba a toser. Los ojos le brillaban un montón, y hablaba como canturreando. De ahí no pasaba. Llegaba un punto, al contrario que la mayor parte de la gente, en el que estaba alegre, pero siempre controlando la situación. En mi caso no era así. A veces (las escasas veces que hemos bebido, que en veinte años habrán sido tres o cuatro) yo me pasaba un poco, y ella me lo recriminaba. Cuando me miraba con ojos penetrantes y me decía “ya vale, ¿no?”, me echaba a temblar y sentía tentaciones de cuadrarme y saludar a estilo militar. En aquella ocasión bebimos los dos al unísono, encerrados en una habitación de un hotel, en un entorno privilegiado, y éramos la pareja más feliz del mundo. Los de la habitación de al lado debieron quejarse, porque nos dieron un toque en la puerta. Después de comernos las delicatessen convenientemente regadas, nos reíamos igual, pero en sordina. Al día siguiente nos levantamos tarde, con una cierta pero muy llevadera resaca, desayunamos como bestias, y por aquello de conocer un poco el entorno, nos dimos una vuelta por la Sierra de Gredos antes de volver a Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Navidad transcurrió de forma muy parecida a la del año anterior. Por aquel entonces, las fiestas principales las pasábamos cada uno en su casa, y solo quedábamos la tarde de Navidad, la Noche de Fin de año y la tarde de Año Nuevo, aparte, por supuesto, de las consabidas salidas al centro para comprar los regalitos de toda la familia, comernos un bacalaíto o una croquetas en Casa Labra, y entrar a veces al cine Imperial a ver alguna película de Walt Disney, por aquello de mantener una tradición de la que los dos habíamos disfrutado en nuestra más tierna infancia. La familia estaba bien, mi padre había adelgazado mucho ante el susto que le había dado el corazón a principios de año, y todo transcurría con mucha normalidad. Alternábamos nuestras salidas con amigos recuperados míos y suyos (Juan Antonio y Maise, Maricarmen y Emilio, Montse y Javier, Luis y Feli, etc), y pasábamos sobre todo mucho tiempo solos. El hecho de trabajar en Leganés me dejaba baldado cada día, sobre todo porque llegaba a casa a las tantas, y aunque algunos días entre semana hacíamos por vernos, lo cierto es que el plato fuerte llegaba el fin de la semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el transcurso de ese año, precisamente antes de pasar el fin de semana en el Parador de Gredos, no me quedó más remedio que cambiar mi machacado Peugeot 205 rojo de toda la vida, por un flamante Fiat Tempra, mucho más grande y señorial, aunque todavía sin aire acondicionado, sin elevalunas eléctrico, y sin todas esas chorradas a las que nos hemos ido acostumbrando con el paso de los años. Me ayudó a tomar la decisión el hecho de que un día, yendo a la obra de Leganés, escuché un ruido tremendo que procedía del motor. Me quedé tirado, y al llevarlo al taller, me dijeron que se le había roto una biela. Una avería bastante grande, que tardaron casi una semana en reparar. El Fiat Tempra estaba de oferta, y después de enseñarle a Pilar unos cuantos catálogos que la dejaron deslumbrada, me lo compré en un concesionario de Alcorcón. Recuerdo el olor a nuevo que tenía, que le duró un par de semanas, y que Pilar me prohibió fumar en su interior. Lo poco que fumaba, porque mi padre estaba en plena campaña antitabaco con toda la familia, y poco a poco fuimos dejando de fumar todos. El caso es que me embarqué en el gasto del coche sin tener un duro, porque en la nueva empresa ganaba menos que en la que había estado antes. No nos importaba. Seguíamos siendo más felices que lombrices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre ha sido así, por otro lado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-4504340282307270863?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/4504340282307270863'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/4504340282307270863'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/06/el-champan-frances-de-etiqueta-naranja.html' title='El champán francés de etiqueta naranja'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SjwR81CJxVI/AAAAAAAAAs8/lmXKmqn8g14/s72-c/veuve.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-5994496442568880933</id><published>2009-06-12T08:45:00.000-07:00</published><updated>2009-06-12T08:55:34.556-07:00</updated><title type='text'>Una semana en Salou</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SjJ5-WSoV1I/AAAAAAAAAs0/cqucmbvgVtk/s1600-h/Sin+tÃ&amp;shy;tulo1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5346469819684771666" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 273px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SjJ5-WSoV1I/AAAAAAAAAs0/cqucmbvgVtk/s400/Sin+t%C3%ADtulo1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Se trataba de nuestra primera salida juntos. Nada menos que toda una semana en Salou, en plena zona de playa mediterránea, en pleno mes de Julio, y en plena efervescencia de nuestra relación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Partimos de Madrid por la mañana, en un desvencijado autocar, de los que ya no existen ni en los desguaces. Los asientos parecían de piedra, la suspensión estaba suspendida (no existía, vaya), y el aire acondicionado consistía en unos chismes de plástico pegados en el techo del maletero, que ni siquiera se movían ni, por supuesto, echaban aire. Alguien los había puesto ahí para disimular, supongo, como esos aseos químicos de los que disponen todos los autobuses modernos y que, por circunstancias que todavía desconozco, jamás funcionan. Eran otros tiempos. A Pilar y a mi no nos importaban lo más mínimo las incomodidades. Con tenernos el uno al otro nos bastaba y nos sobraba. Nos pasamos prácticamente todo el viaje haciendo planes para el resto de la semana, elucubrando sobre lo divertido que iba a ser Salou, y sobre lo bien que nos lo íbamos a pasar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de unas catorce horas de viaje (serían bastantes menos, pero a nosotros nos parecieron catorce), y de un par de paradas en el camino para comer y para extirar las piernas, llegamos por fin a Salou a media tarde. Tras atravesar toda la zona centro de tan afamado lugar de veraneo, con sus guardias, sus coches, sus familias con sombrilla, sus atascos, sus puestos de churros y sus veraneantes con camiseta anudada a la panza, el autocar nos dejó en un hotel de la zona norte, ni muy alejado ni muy cercano al centro neurálgico, pero, eso sí, bastante cercano a la playa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eramos jóvenes, teníamos cara de tortolitos, supongo, y por eso nos pasó lo que nos tenía que pasar. La picaresca española no tiene límites, y los sinvergüenzas tampoco. Después de ir acomodando a todos los pasajeros del autocar (creo recordar que todos habíamos sacado los billetes en la misma agencia) por orden de edades, de más maduros a más jóvenes, nos tocó el turno a la última pareja, más o menos de nuestra edad, y a nosotros. Yo ya llevaba bastante rato, mientras esperábamos, cansados y sentados sobre nuestras maletas, escuchando ruidos de taladradoras, tronzadoras, sierras eléctricas y hasta martillos neumáticos, que parecían proceder de otro ala del hotel que estaba en obras. Pilar, que para esas cosas siempre ha sido muy larga, también se dio cuenta rápido. “Aquí están de obras”, me dijo. El caso es que el recepcionista, un hombre de pelo engominado, traje gris y más labia que el presidente de una tómbola, nos reunió a los cuatro, y sin cortarse un pelo, nos dijo que en la zona que no estaba en obras solo quedaba una habitación, que la otra habitación estaba en plena zona de escombro, ladrillos y cemento, y que no nos quedaba otro remedio que sortear entre nosotros a ver quien se quedaba con la joya de la corona, la habitación de la zona libre de vándalos. El chico de la otra pareja nos miró con ojos de cordero, y dijo que vale, que venga, que sorteo. Pilar y yo nos miramos, con ese gesto que entre nosotros siempre ha significado que “y unos cojones”, y sin intercambiar ningún comentario, nos dirigimos directamente al recepcionista. “Mira -le dije, con un tono de voz muy bajo, para que no nos oyera la otra pareja, pero muy firme. Un tono que siempre nos ha dado buenos resultados, tanto a Pilar como a mi-, si pretendes alquilarnos, tanto a la otra pareja como a nosotros, una habitación en una zona de obras, ahora mismo nos vamos los cuatro a consumo, después de pasar por comisaría, y te metemos una denuncia que te cierran el chiringuito en media hora. ¿Es que tú no sabes que alquilar una habitación en una zona de obras es absolutamente ilegal?”. Ni que decir tiene que yo no tenía ni puñetera idea de si eso era ilegal o no, aunque supongo que sí que lo era, pero el caso es que a aquel buen hombre “se le mudó la color”, como dicen en los pueblos. Se puso blanco, miró otra vez un cuaderno, o cualquier otra cosa que tuviera en el mostrador (Pilar me comentó luego, partida de risa, que lo que había mirado era un teleprograma), y al instante nos dijo “perdonadme, pero había mirado mal. Quedan dos habitaciones en esta zona”. La otra pareja se deshacía en agradecimientos, porque a pesar de mi intento de discreción, habían escuchado mi perorata. Durante toda la semana, cada vez que nos los encontrábamos en algún lugar (Salou es muy pequeño, o lo era antes, quiero decir), nos agradecían de nuevo lo que habíamos hecho por ellos, permitiéndoles dormir en una habitación en condiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Salou me sucedió con Pilar algo que se ha repetido en muchas ocasiones a lo largo de nuestra aventura juntos. El hecho de que ella había viajado una barbaridad antes de conocerme a mí, no solo por España, sino por innumerables lugares de Europa, le permitía dárselas de conocedora. Por supuesto, conocía Salou, de un viaje que había hecho de pequeña con sus padres. La primera noche me cogió del brazo, y encaminó nuestros pasos hacia la zona centro. “Vamos por aquí, a ver si vemos las fuentes de colores”. Sus recuerdos eran difusos, según ella misma decía, pero la muy puñetera dio a la primera con las famosas fuentes de Salou que cambian de color mediante un sofisticado sistema de luces. El contrapunto a aquella noche, como a casi todas, lo pusieron los dos enormes helados, tipo king size, que nos metimos entre pecho y espalda sin encomendarnos a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el día nos tumbábamos como lagartos en la playa, a vaguear y a bañarnos de vez en cuando. Estábamos a tuti plain, como los aristócratas, alquilando una sombrilla de paja del tamaño de la carpa del circo del Sol, y dos tumbonas de plástico para hacer lo que su propio nombre indica, es decir, tumbarnos. El primer día, como suele sucedernos a los urbanitas, Pilar se pasó un poco de sol, y se puso roja como un tomate, aunque sin llegar a quemarse. El color de su piel adquirió, curiosamente, el mismo color enrojecido que tenía el biquini que llevaba, por lo que, cuando la miraba con los ojos entornados, parecía que estaba en pelotas. Por suerte, ni la sangre llegó al río, ni el sol era tan dañino como ahora, con lo que con unas cuantas manos de cremita, la cosa no fue a más, y al día siguiente volvimos a disfrutar del solecito, aunque con moderación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche, después de cenar, nos dedicábamos a brujulear por la ciudad. Siempre nos ha gustado bucear en todo tipo de tiendas. Pilar se reía cuando yo le decía que un sitio de playa sin tienda de flotadores, cubos para la arena, y patitos de goma, no era un sitio de playa, y Salou, en ese sentido, no solo cumple, sino que desborda todas las previsiones. Hay, y había, tiendas de todo tipo. De ropa, de adornos, de chismes electrónicos de imposible clasificación, de horteradas de las que les gustan a los guiris, de recuerdos hechos con conchas, con alfileres para la ropa, o con cáscaras de mejillones pintadas, de cinturones de cuero, de bolsos, de zapatos (a Pilar le brillaban los ojos cada vez que veía una tienda de bolsos o de zapatos), de “guarreridas”... Todo un universo para el consumidor compulsivo-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una ocasión nos metimos en una especie de atracción que era la primera vez que llegaba a España. Hoy en día está más que superada, pero por aquel entonces era toda una novedad. Se trataba de la versión “Saloureña” (no tengo ni idea de cual es el topónimo) del pasaje del terror, en el que se hace un recorrido por diferentes salas en las que hay actores que representan famosas escenas del cine de terror de todos los tiempos. Lo cierto es que nos impresionó, sobre todo cuando la actriz que hacía de la niña del exorcista, que tenía una mirada de loca que no podía con ella, se levantó de la cama, se puso al lado de Pilar y mío, que éramos los últimos del grupo, y empezó a insultarnos en voz baja, diciéndonos “cabrones, que yo estoy muy mal, que os mato de verdad, que tengo un cuchillo (y se señalaba la pechera), y aquí nadie se entera, hijos de puta...”. Al llegar a la siguiente sala, la buena mujer se dio la vuelta y volvió a la cama, a esperar al siguiente grupo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás sabré si aquella mujer estaba loca de verdad, o era una actriz de los pies a la cabeza, pero el caso es que me cuesta recordar otro momento de nuestra vida en el que hayamos pasado más miedo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-5994496442568880933?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/5994496442568880933'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/5994496442568880933'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/06/una-semana-en-salou.html' title='Una semana en Salou'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SjJ5-WSoV1I/AAAAAAAAAs0/cqucmbvgVtk/s72-c/Sin+t%C3%ADtulo1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-2761099729450935548</id><published>2009-05-28T09:21:00.000-07:00</published><updated>2009-05-28T09:39:12.885-07:00</updated><title type='text'>Noches de bohemia y de calor</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sh69Qp07ShI/AAAAAAAAAss/h58_fFUK2s4/s1600-h/Sin+tÃ&amp;shy;tulo2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5340914301911386642" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 287px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sh69Qp07ShI/AAAAAAAAAss/h58_fFUK2s4/s400/Sin+t%C3%ADtulo2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sh689dG032I/AAAAAAAAAsk/-HNXr78V6Pw/s1600-h/Sin+tÃ&amp;shy;tulo2.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Recuerdo con especial cariño aquel verano del 89, principalmente por dos razones: la primera, que Pilar vino por primera vez a la playa en la que yo había pasado prácticamente todos los veranos desde 1974 (se dice pronto. Desde los doce años. Toda una vida), y la segunda, que hicimos nuestro primer viaje juntos, cuatro días enteros a Salou.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;El verano de aquel año se presentaba tranquilo. Mi padre se había recuperado totalmente del infarto. Había adelgazado sensiblemente, ya no fumaba, ni permitía que fumáramos los demás (creo que por aquel entonces todavía era tolerante, pero lo que desde luego no admitía era que se fumara en su presencia). Estaba tranquilo y contento, sabedor de que todos estábamos pendientes de él en todo momento, dispuestos a satisfacer sus caprichos, por mínimos que estos fueran. Mis padres fueron a la playa como siempre, al principio del verano, con mi hermano, que todavía estaba estudiando, y mi hermana, que iba los fines de semana. Yo aparecí con Pilar a mediados de Julio o Agosto, en la única semana que habíamos podido coincidir en vacaciones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Resulta curioso, y a veces complicado, presentarle la chica con la que estás saliendo a un grupo de amigos que me conocía prácticamente desde que llevaba pantalones cortos. Se producen en estas ocasiones situaciones ligeramente absurdas, como así sucedió también en nuestro caso. El típico amigo de toda la vida, que supone tener derecho de pernada, o algo así, sobre tu criterio, se permite dar su opinión. Para él, Pilar es una completa desconocida, y supone que para mí también lo es. Se permite el lujo de enumerarte las chicas con las que habrías podido salir, y que al parecer no lo has hecho poco menos que porque no te ha dado la gana. Te echa en cara que fulanita o menganita estaba por tus huesitos, y tú no la hiciste caso. Y te cuenta todo eso en el transcurso de una eterna noche, medio empapada en alcohol, cuando Pilar ha decidido irse a dormir porque estaba cansadísima, y además en la playa le pega un bajonazo de tensión que le provoca un estado de somnolencia casi permanente. Supongo que ese amigo se hubiera quedado muy contento si, en un arrebato de lucidez, yo hubiera manifestado a gritos “tienes toda la razón, no sé como he podido echarme novia sin llamarte antes para pedirte tu aprobación. Ahora mismo subo a casa, la despierto, rompo con ella, y me enrollo con fulanita”. De lo que no se daba cuenta mi improvisado mentor, era de que la tal fulanita había pasado de mí como de la mierda en un determinado momento de nuestra vida, de que no me interesaban sus opiniones baratas, y de que estaba tan enamorado de Pilar que no me apetecía otra cosa que estar con ella. De eso me dí cuenta al día siguiente, después de aquella noche triste en la que comprobé que lo que realmente le pasaba a mi amigo de toda la vida, era que estaba ligeramente molesto porque yo me había echado novia y él no.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;No todo el mundo en la playa le resultaba desconocido a Pilar. Por esas casualidades de la vida, había pasado una semana varios años antes en Gandía, en compañía de Montse y su hermana Nieves, que eran tan habituales en la playa como pudiera serlo yo. Eso la ayudó bastante a hacer rápidamente migas con una parte de la gente. No obstante, no fue una semana lo que se dice perfecta, por lo que ya he contado antes. Resultaba complicado, incluso a mí, mezclar a personas de toda la vida con la persona con la que había decidido compartir mi vida en el futuro. Cumplimos fielmente con todas las etapas de lo que supone pasar unos cuantos días en la playa. Mañana tumbados al sol, rebozados en arena y con carreras esporádicas al agua, tardes de siesta o de lectura, y noches de salida a Gandía, cine de verano con el bocata en la mano, o discoteca. En aquellos tiempos destacaba por la zona una macrodiscoteca que se llamaba Hexágono, digna predecesora de todo el maremágnun bacaladero que se expandió años más tarde por toda la zona de la costa. Hexágono era un universo de música a todo trapo, vegetación exuberante, pistas de baile en forma de terrazas a distinto nivel, y barras por todas partes. Parecía una selva tropical. Personalmente, a mí me gustaba más otra discoteca que se llamaba Pampols, en la carretera de Oliva. Aunque era mucho más cutre, sin pistas exteriores, con una sola pista, y con todos los sofás manchados de fluidos de imposible catalogación, la música era mucho mejor, más en el estilo ochentero que nos gustaba a casi todos, salvo las honrosas excepciones que se daban en todo tipo de pandillas. Creo que por aquel entonces, Pampols ya estaba cerrada, por lo que no nos quedó más remedio que ir a Hexágono con toda la patulea. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Camisas de seda de colores imposibles, pantalones de pinzas, camisetas de esas negras caladas, zapatos de tacón imposible en las chicas y brillantes en los chicos...La parafernalia que rodeaba la salida nocturna a la discoteca obligaba a vestir una moda que, vista hoy en día, creo que nos haría vomitar. Por suerte, en aquella época, resultaba casi imposible hacer fotos nocturnas, porque un buen flash no estaba al alcance de cualquiera, y en todo caso, no se solían llevar cámaras a esos lugares por temor a que nos la mangaran. En la discoteca, Pilar se lo pasó bien, pero sin exagerar. Bailamos bastante poco, entre otras razones porque en la pista no cabía un alfiler, y además la música resultaba atronadora. Me resultó curioso comprobar lo que había cambiado yo con respecto a lo de hacer el cabra en la pista. Lo único que me apetecía era sentarme un rato tranquilamente con Pilar, bebernos mi Gin Tónic y su Bloody Mary (le encantaba ese combinado. Algún día os contaré lo bien que lo preparaban en un semiescondido pub de Doctor Esquerdo), y hablar en susurros de lo divino y de lo humano. Decidimos entonces volver a la playa, cuando la noche discotequera estaba en pleno apogeo. Al despedirnos, mi amigo el brasas se quejó de lo muermos que nos habíamos vuelto, etc, etc. Le dejé que hablara, que se desahogara, y después nos despedimos Pilar y yo hasta el día siguiente. No podíamos más. Al día siguiente, bajamos los primeros a la playa. Después de un par de horas, bajaron los demás, y con los ojos vidriosos y un terrible dolor de cabeza, nos contaron lo bien que se lo habían pasado con el chis-pum chis-pum hasta casi el amanecer. Es algo que nunca he terminado de comprender del todo bien. Desde que empecé a salir con Pilar, se me quitaron completamente las ganas de andar zascandileando por ahí hasta altas horas de la madrugada. Y no creo que fuera por su influencia. No. Creo más bien que ese cambio se debió a una necesidad por mi parte de pasar más tiempo con ella, sin necesidad de ningún complemente externo. Lo hemos pasado de muerte muchas veces por la noche, pero simplemente charlando con los amigos de temas más o menos trascendentales, relacionados normalmente con los hechos y acontecimientos de otros amigos que en ese momento no estuvieran presentes. Supongo que eso es algo que le ocurre a todo el mundo. Cuando estás con un grupo de amigos te dedicas a exaltar su amistad y a poner a parir a los que no tienen el privilegio de tenerte entre sus amigos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Otra situación que se produjo durante aquella semana del 89 fue la inevitable salida al cine de verano. Programa doble, suelo de grava tapizado de cáscaras de pipas y restos de bocadillo de tortilla, sillas independientes de hierro y madera, que se acababan cuando la película era interesante, barra de bar que apagaba su luz normal y encendía una morada cuando empezaba la película, taquillera con labor de costura, acomodador que cortaba las entradas que le daba la gana, para devolver el resto al taco y defraudar así a Hacienda, carreras y gritos para coger el mejor ángulo, cervecita o coca-cola en el suelo (la mitad de las veces se derramaba), y película en rollos, que a veces se quemaba, y otras veces se volvía ininteligible porque el operador se equivocaba y cambiaba el orden de los rollos. Todo eso, y mucho más (peleas por ponerte al lado de la chica que te gustaba, carreras hacia “el establo”, una zona tipo corral techado, cuando caía una tormenta de verano, comentarios graciosos en voz alta, unas veces aplaudidos y otras chistados), era el cine “El Alamo”. Había otro, el cine Charly”, pero el que se llevaba el gato al agua era “El Alamo”. Como un ritual, fuimos todos una noche, y al ponernos la chaqueta, a eso de las dos de la mañana (la primera película comenzaba más o menos a las nueve y media, y el descanso duraba casi media hora, así que echad cuentas), Pilar y yo aprovechamos para abrazarnos y darnos calor el uno al otro. Una noche memorable.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;En la próxima entrada os contaré nuestro viaje a Salou.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-2761099729450935548?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/2761099729450935548'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/2761099729450935548'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/05/noches-de-bohemia-y-de-calor.html' title='Noches de bohemia y de calor'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sh69Qp07ShI/AAAAAAAAAss/h58_fFUK2s4/s72-c/Sin+t%C3%ADtulo2.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-4199135560939064433</id><published>2009-05-21T09:26:00.001-07:00</published><updated>2009-05-21T09:28:00.518-07:00</updated><title type='text'>El gran susto del 89</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/ShWA7fwqpsI/AAAAAAAAAsc/R1nkSw2MG2g/s1600-h/Sin+tÃ&amp;shy;tulo1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5338314692943849154" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 287px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/ShWA7fwqpsI/AAAAAAAAAsc/R1nkSw2MG2g/s400/Sin+t%C3%ADtulo1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Pasó la Semana Santa, y comenzó la fase de calor. Aquel año parecía querer adelantarse el verano. Recuerdo con especial desasosiego los trayectos con aquel coche sin aire acondicionado, de una obra a otra, cada vez más numerosas y más alejadas, con el cigarrillo asomando siempre por la ventanilla, el volante al rojo vivo, y una cinta de cassette sonando a todo trapo, mientras no se atascara, en un vetusto radiocassette de varios kilos de peso. Por aquel entonces escuchaba indiscriminadamente a Camarón, Miles Davis, Asfalto, Iceberg, Sisa, Charlie Parker y otros indocumentados de esa ralea. La cosa cambiaba cuando recogía a Pilar, que ponía cintas de Black, Serrat, Roberto Carlos, y otra fauna bastante más elegante que la que me atraía a mí. Su presencia en el coche servía para dignificarlo. Siempre me echaba la bronca si llevaba planos o papeles desparramados por el asiento trasero sin orden ni concierto, y me obligaba a colocarlo todo antes de movernos. De vez en cuando abría el maletero, y colocaba todo en un orden perfecto, que yo siempre he sido incapaz de conseguir. Era ella la que compraba el ambientador adecuado, la que daba la orden de llevarlo a lavar, la que limpiaba la guantera de papeles y todas esas menudencias inútiles que llevamos todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un sábado indeterminado, entre Semana Santa y verano, quedamos con Montse y Javier, Luis y Feli, etc, y pasamos la tarde en casa de estos últimos. Una tarde muy agradable, que se prolongó hasta altas horas de la madrugada. Al volver a casa, después de dejar a Pilar en la suya tras una larga charla en el coche (era otra costumbre nuestra. Nunca encontrábamos el momento para despedirnos del todo, salvo en las escasas ocasiones en las que había un mosqueo de por medio), me encontré con una imagen de esas que jamás olvidas, porque se te queda grabada en la memoria como a fuego: mi madre, en pijama, surgió de la oscuridad del pasillo, llorando, y me dijo que a mi padre le había dado un infarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al susto que me produjo la situación, sobre todo porque lo último que esperaba era que mi madre estuviera despierta a tan altas horas de la madrugada, hay que unir la gravedad de la noticia, soltada además así, de sopetón, sin anestesia ni nada. No nos olvidemos de que, en aquella época, los teléfonos móviles eran todavía una quimera inalcanzable. Recuerdo que el corazón empezó a latirme deprisa, mientras mi madre empezaba a contarme parte de los detalles, pero sin entrar en muchas profundidades. Tan nervioso estaba, que no se me ocurrió otra cosa que llamar a la Clínica Puerta de Hierro, lugar al que le habían llevado, para preguntar sobre su estado, y sin tener en cuenta para nada la hora que era. La amable enfermera que me cogió el teléfono (otra cualquiera me habría mandado lejos por telefonear a esa hora) me dijo que mi padre seguía en la UVI, pero tranquilo y completamente estabilizado. Se lo dije a mi madre, que se quedó más tranquila ante la noticia y dejó de llorar, y yo me quedé con la duda de si llamar a Pilar o no para contárselo. Por suerte se impuso la cordura, y decidí dejar que descansara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche, como no podía ser de otra manera, dormí poco y mal, y me desperté al día siguiente más cansado de lo que me había acostado. Nada más despertarme, llamé a Pilar y le conté lo ocurrido. Inmediatamente me dijo que se venía conmigo a la Clínica Puerta de Hierro. Yo le dije que no, que lo dejara, que ya le contaría por la tarde, pero insistió, y después de poco más de una hora, la recogí y nos fuimos para allá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre estaba en la UVI, y solo se podía pasar de uno en uno. Cuando me tocó el turno, después de mi madre y de mi hermana, me calcé esos patucos de plástico que dan en los hospitales, y entré en la sala. El pobre estaba entubado de arriba abajo, y cuando me vio no pudo evitar emocionarse.&lt;br /&gt;El infarto de mi padre marcó un antes y un después en su vida. Había empezado a sentirse mal en el chalet de un amigo, en los Negrales, después de comer y de echar una partida muy suave al frontón. Achacó al principio el malestar a la comida, pero cuando tuvo que acostarse porque no aguantaba más, mi madre insistió para que el amigo pidiera una ambulancia. De no ser por la intuición y la insistencia de mi madre, es muy posible que no lo hubiera contado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas estuvo un par de días en la UVI. Enseguida, el martes o el miércoles de la semana siguiente, le pasaron a una habitación. Pilar y yo íbamos a verle casi todos los días. Era la primera vez que ocurría algo grave en mi familia, y estábamos todos muy sensibilizados. Recuerdo aquellos días con una gran carga de tristeza, porque las cosas también empezaron a torcerse en la empresa. Cada vez había más trabajo, yo tampoco tenía demasiada experiencia, y eso hizo que se complicaran las cosas. Por suerte, Pilar seguía a mi lado, a pesar de que, supongo que inevitablemente, debido a lo de mi padre y a la triste situación en la empresa, mi carácter cambió. Ella estaba llena de optimismo, a pesar de que también en su empresa las cosas estaban empezando a ponerse duras, con una carga de trabajo excesiva y una presión sobre los empleados fuera de lo normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el paso del tiempo, nos dimos cuenta de que a mi padre le había dado un infarto terapéutico. A raíz de aquello, dejó de fumar y adelgazó un montón de kilos. Lo peor fueron las secuelas, ya que tanto mi cuñado Javier como yo tuvimos que dejar de fumar también, porque de fumarse más o menos un paquete de Winston diario, mi padre pasó a convertirse en un allatola antitabaco, actitud que mantiene incluso hoy en día. El caso es que mejoró ostensiblemente su salud, salió pronto de la Clínica Puerta de Hierro, se hizo sus correspondientes pruebas de fuerza y análisis, y todo volvió a la normalidad. El médico que le trató le dijo que había visto anginas de pecho peores que su infarto, pero que de todos modos se cuidara, y lo hizo. Vaya que lo hizo. Para eso estaba además mi madre, ojo avizor ante cualquier cosa que pudiera perjudicarle, tanto a nivel de alimentación, como en lo que se refiere al ejercicio diario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La actitud de Pilar en aquellos momentos duros de mi vida fue la de estar a mi lado en todo momento. Conocíamos muchas parejas que, llevando incluso más años de relación, se habían venido abajo ante cualquier problema que tuviera uno de ellos, y yo había llegado incluso a pensar en aquella época que estaba sometiendo a Pilar a una prueba muy dura. Estaba por aquel entonces muy lejos de conocer todavía la categoría real de la persona con la que había decidido compartir mi vida. Lo de mi padre, que a mí se me había hecho un mundo, no era casi nada comparado con todo lo que vendría después, y no me refiero a los dos últimos años, sino a acontecimientos, no muy lejanos en el tiempo, a los que les llegará el turno en próximas entradas. Era la primera vez que sufríamos una situación de enfermedad familiar grave de un pariente cercano, aunque ella había tenido la experiencia de sufrir la muerte de su tía Amadora y de uno de sus hijos, ambos de cáncer. Una experiencia terrible. Estaba, por así decirlo, más acostumbrada al dolor que yo, que jamás había vivido una experiencia ni siquiera parecida. Esa madurez de Pilar me ayudó mucho a sobrellevar con más o menos entereza todo el asunto de mi padre.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-4199135560939064433?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/4199135560939064433'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/4199135560939064433'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/05/el-gran-susto-del-89.html' title='El gran susto del 89'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/ShWA7fwqpsI/AAAAAAAAAsc/R1nkSw2MG2g/s72-c/Sin+t%C3%ADtulo1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-283876553349761343</id><published>2009-05-12T11:54:00.000-07:00</published><updated>2009-05-12T12:02:53.765-07:00</updated><title type='text'>Días de convivencia</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SgnH1TqFmeI/AAAAAAAAAsM/0FJ46lrpSKs/s1600-h/mallor1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335014952220858850" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 247px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SgnH1TqFmeI/AAAAAAAAAsM/0FJ46lrpSKs/s400/mallor1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SgnGrxgv6KI/AAAAAAAAAr8/B4othaJH_O0/s1600-h/mallor1.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Después de la resaca de luces, colores, sabores y olores que supuso aquella Navidad de 1988, comenzó el 1989, como debe ser. Un año que se presentaba con una frenética actividad laboral, tanto para Pilar como para mí. La agencia de publicidad en la que trabajaba ella, en pleno corazón de la colonia de El Viso, echaba humo, y las reformas y rehabilitaciones que emprendía la empresa para la que trabajaba eran cada vez más numerosas. Un aluvión de trabajo que no se correspondía con el personal destinado al mismo, que lejos de aumentar, en ocasiones disminuía. Cada vez me adjudicaban más obras, y situadas en lugares cada vez más lejanos entre sí. El pobre Peugeot 205 rojo estaba cada vez más agobiado, y yo con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como anécdota de la memoria, relacionada precisamente con el coche, deciros que recuerdo perfectamente el asqueroso olor a tabaco que nos golpeaba, tanto a Pilar como a mí, cada vez que nos metíamos en el habitáculo. En verano no era tan grave el asunto, porque por fuerza había que abrir las ventanas. Y dándole a la manivela, porque por aquel entonces no existían los cómodos botones de ahora. ¿Y porqué había por fuerza que abrir las ventanas?. Pues porque mi corto presupuesto no daba para comodidades, y porque un coche con aire acondicionado, si es que existía en aquel momento, era todo un lujo para los bolsillos de simples curritos como nosotros. El caso es que, por aquel entonces, tanto yo como muchos de los que se subían al coche (excepto Pilar, claro) fumábamos como chimeneas, y teníamos la costumbre de llenar los ceniceros, todos los ceniceros (puertas y centrales incluidos. Creo recordar que había seis o siete. ¿Es posible que hubiera incluso en el respaldo de los asientos delanteros?. Hasta ahí no llego). Gran parte de los amigos excursionistas de fin de semana fumaban, o sea, que era un auténtico desastre, que se intentaba paliar a base de comprar diferentes ambientadores, a cual más hortera y poco duradero. Esto pasaba en los coches de todo el mundo, no os vayáis a pensar que el mío era el único. Lo curioso del asunto es que, si ahora me subo en el coche de alguien que fuma en su interior, me mareo casi al instante. Parece mentira como ha cambiado nuestra capacidad de aguante (¿alguno de vosotros sería capaz de calzarse ahora un viaje Madrid-Cádiz, por una carretera nacional y varias comarcales, con el coche lleno de bultos, seis personas en su interior, sin aire acondicionado, y teniendo que parar cada cincuenta kilómetros para que no se rompiera la correa del ventilador?. Pues Pilar y yo lo habíamos hecho varias veces cuando aún no nos conocíamos, con nuestros respectivos padres y más familia. Con un par.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos vimos poco aquellos primeros meses del 89. Los dos acabábamos tan agotados, que muchas tardes entre semana preferíamos irnos directamente a casa a descansar. El frío, la lluvia y el aire tampoco ayudaban precisamente a que quedáramos. Nuestra oportunidad de resarcirnos de haber pasado tan poco tiempo juntos (exceptuando los fines de semana, por supuesto, que eran por completo para nosotros) llegó cuando se presentó la Semana Santa de ese año. Tanto los padres de Pilar como los míos hicieron sus planes, como estaba mandado, y unos se fueron al pueblo, y los otros a la playa. Tanto Pilar como yo pusimos la excusa de tener que trabajar el sábado (que en mi caso era verdad, pero solo durante un par de horas), y nos quedamos en Madrid, con toda la casa de Pilar y la mía para nosotros, ya que mis hermanos se habían ido con mis padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron cuatro días de ensueño. A una escala bastante pequeña, tuvimos la oportunidad de conocer, de una forma superficial, pero fidedigna, la calidad que iba a tener nuestra futura convivencia. Estábamos tan a gusto tumbados a la pata la llana, que ni siquiera nos planteamos salir a ningún lugar. El sábado por la tarde, por aquello de desentumecer un poco los músculos, hicimos un esfuerzo sobrehumano, y sacando fuerzas “de franqueza”, como dice un amigo mío (para los que queráis saber como se dice realmente, es “fuerzas de flaqueza”), cogimos el coche y nos dirigimos a Chinchón, aunque solo fuera para tener algo que contar a los que volverían el domingo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo aquella tarde en Chinchón como una de las más asquerosas de toda nuestra vida. A la chucha (cuando Pilar decía “tengo chucha”, se refería a una mezcla letal de sueño, cansancio, aburrimiento y flojera en general. Se manifestaba mediante bostezos, estiramientos de brazos y piernas, y en su fase más aguda, mediante sueños echados en los lugares más insospechados y en los momentos más intempestivos) que nos invadía, había que unir el tremendo calor que hizo ese día, más aplatanador si cabe por la lluvia caída durante el día anterior. Para colmo, Chinchón estaba lleno de gente, que se había pasado todo el santo día viendo y esperando procesiones. Nos costó Dios y ayuda encontrar un rincón en un mesón de la plaza mayor para cenar un escuálido pincho de tortilla y una ración de calamares, por la que nos clavaron como nunca nadie lo había hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un par de horas de deambular, de bostezar, de contener empujones, y de comprar alguna que otra chorrada de recuerdo, Pilar y yo nos miramos a los ojos, y decidimos, sin decirnos nada, que ya estaba bien, que ya habíamos tenido nuestra correspondiente excursión, y que ya era hora de volver a casa. El resto de la semana lo finalizamos haciendo justo lo que habíamos hecho antes de nuestra salida a Chinchón: visualizar compulsivamente las películas de romanos que nos han marcado a lo largo de nuestra vida, año tras año, sin desmayo ni descanso. Quo Vadis, La Túnica Sagrada (la tónica salada para los más irreverentes), Rey de Reyes, Ben Hur (la buena, la de Charlton Heston que estuvo varios años colocada en un cine de la Gran Vía o de Fuencarral, no recuerdo, con un cartelón de varios miles de metros cuadrados) y Los Diez Mandamientos, una película que jamás he entendido qué pintaba ahí, porque su acción se desarrollaba varios miles de años antes que lo que se supone que se debe recordar en Semana Santa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pilar y yo nos tragamos todas esas películas, convenientemente aderezadas con los correspondientes platos de patatas fritas, panchitos, ganchitos y demás delicatessen, convenientemente regadas con una mezcla de vino tinto y coca-cola (calimocho).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando acabaron los cuatro días de vacaciones, tanto Pilar como yo estábamos convencidos de que no íbamos a tener ningún problema para convivir juntos. Casi nos llegó a molestar tener que recibir a la parentela de vuelta en casa. Durante el lunes y el martes seguimos viéndonos, aunque no era nuestra costumbre, para mantener el buen rollo que habíamos tenido durante la fiesta propiamente dicha. No teníamos fotos, no habíamos salido, no habíamos ido a cenar a ningún lugar emblemático, no habíamos visto nada nuevo, ni tan siquiera la calle, pero lo habíamos pasado fenomenal. Los dos descubrimos durante aquellos días felices, y así se ha mantenido a lo largo de los muchos años que hemos compartido juntos, que jamás íbamos a necesitar nada que no fuera el uno del otro. Hemos disfrutado de salidas, de viajes, de amigos y de familia, pero cuando las circunstancias nos han llevado, o hemos forzado para que nos llevaran, a pasar un período de tiempo más o menos corto los dos solos, no solo no nos ha importado en absoluto, sino que hemos sabido disfrutarlo como pocas personas saben hacerlo. Por supuesto que ha habido roces, caras largas y malos rollos, pero por suerte han durado bastante menos que la felicidad que hemos sentido siempre el uno con el otro. Hemos viajado mucho los dos solos, y después con Sergio, los tres solos. Hemos disfrutado tanto de esos viajes como de los que hemos hecho con familia y amigos. En todos ellos hemos contado los días que faltaban para su finalización, pensando con tristeza en la vuelta al trabajo, al barrio, a la rutina, vaya. Jamás hemos tenido que finalizar una etapa antes de tiempo, por aburrimiento o por nostalgia de lo habitual. Todo lo contrario. Y si no hemos salido, como en esta ocasión que os he contado hoy, también hemos disfrutado como chiquillos. ¿La clave?. Tenernos el uno al otro, simplemente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-283876553349761343?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/283876553349761343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/283876553349761343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/05/dias-de-convivencia.html' title='Días de convivencia'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SgnH1TqFmeI/AAAAAAAAAsM/0FJ46lrpSKs/s72-c/mallor1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-3818719762112735159</id><published>2009-05-07T11:41:00.000-07:00</published><updated>2009-05-08T01:04:01.434-07:00</updated><title type='text'>Navidades del 89</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SgMtn0s6oHI/AAAAAAAAAr0/O_-CEb0aYxE/s1600-h/lanz5.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5333156545921982578" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 351px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SgMtn0s6oHI/AAAAAAAAAr0/O_-CEb0aYxE/s400/lanz5.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Las navidades de 1989 marcaron un antes y un después en nuestra forma de celebrar esa fiesta tan señalada. Hasta aquel momento, por ejemplo, tanto Pilar como yo teníamos la costumbre de salir, la noche de fin de año, a multitudinarias fiestas en grandes discotecas, o en las que organizaba la Facultad de Medicina en el Hospital 1º de Octubre. Aquel año, como voy a contar más adelante, acabamos con esa costumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra relación era todavía lo suficientemente joven como para que cenáramos juntos, cada una de las noches señaladas, con su familia o con la mía. Esa costumbre la adquirimos varios años después, cuando comenzamos a vivir juntos. Aquel año nos limitamos a llamarnos por teléfono la noche de Nochebuena, y a vernos, para ir al cine, la tarde del día de Navidad. El resto de las fiestas disfrutamos de unos cuantos días de vacaciones, y nos dedicamos, como dos niños, a recorrer los lugares emblemáticos de Madrid en navidad, como los distintos nacimientos que se colocan en todos los lugares y, sobre todo, Cortylandia, que por aquel entonces todavía merecía la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que pasaban los días se iba acumulando en nuestros cuerpos, sobre todo en el mío, la grasa contenida en mazapanes, polvorones, turrones de todos los sabores, y dulces de dudosa procedencia, envueltos, eso sí, en brillantes papeles de colores. Visitas a la Plaza Mayor, donde dos primos de Pilar, Sonsoles y Román, montan un puesto de belenes todos los años, chocolate con churros en cualquier cafetería de la zona (excepto en San Ginés. Es algo que jamás entenderé: la fama que tiene este establecimiento, cuando su chocolate es con mucho el peor que se sirve en Madrid, sus churros famélicos, y el ambiente siempre desagradable. ¡Y encima te lo sirven en vasos de plástico, por el amor de Dios!), compras compulsivas de todo tipo de regalos, y objetos de artesanía que quedan muy bien en el puesto correspondiente, pero fatal encima de la televisión de tu casa, y todo lo que, en definitiva, se suele hacer en navidades. Ni que decir tiene que la paga extra de aquel año voló como por encanto con tanta salida y tanta compra absurda, pero no nos importaba, porque éramos felices como lombrices, y las luces y la musiquilla machacona nos decían que no pasaba nada, que era navidad, y que había que gastar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sirva todo lo dicho anteriormente como una especie de ironía sobre nuestra actitud ante la Navidad. Aquel primer año no nos conocíamos todavía en profundidad. Nos estábamos tanteando mutuamente, y a veces nos callábamos nuestras opiniones, por prudencia, y sobre todo por respeto al otro. La verdad es que nunca nos ha gustado la Navidad. Aparte del frío y la lluvia, algo que Pilar odiaba en profundidad, siempre hemos considerado la Navidad como una descarada manifestación comercial y derrochadora. Empezamos a disfrutarla algo cuando Sergio era pequeño, y le llevábamos a la cabalgata, a los belenes o a cualquier otro lugar destinado a chavales, pero aún en esos momentos nos ha costado disfrutar. Pilar siempre decía que era absurdo ese espíritu de cordialidad, de jovialidad, de amor al prójimo, cuando el resto del año la gente iba a seguir dándose de puñaladas. Disfrutábamos en familia, eso sí, de las cenas y las comidas, todos juntos, recordando anécdotas de la infancia y recordando, y ese es el momento más triste del año, a los seres queridos que ya no estaban con nosotros. La Navidad siempre suponía, tanto para Pilar como para mí, un cierto estado de ánimo cercano al cansancio, a la saturación comercial y a la tristeza. Hemos procurado, todos los años, realizar alguna escapada entre fiestas, por aquello de desconectar por unos cuantos días de la locura colectiva que se apodera de nosotros desde casi septiembre, fecha en la que empiezan a aparecer los turrones en las estanterías del Carrefour.&lt;br /&gt;Aquel año, la noche de fin de año tuvo un desarrollo especial, porque, como ya he dicho más arriba, fue la última de una etapa y la primera de otra diferente. Quedamos con unos buenos amigos, Maricarmen, su novio Emilio, mi primo Juan Antonio y Maise, su novia por aquel entonces, con la intención de buscar algún lugar en el que meternos. Habíamos desestimado por completo la idea de acercarnos a la fiesta organizada por los estudiantes de medicina en el 1º de Octubre. Estábamos saturados de alcohol de garrafón, música brasileña ratonera a última hora, suelo resbaladizo por el sudor de los danzarines compulsivos, matasuegras, guirnaldas y serpentinas. Aquel año, gracias también en parte a nuestro poder adquisitivo (bueno, esto es broma), nos habíamos planteado ir a cualquier discoteca de la zona de Orense, en plan parejitas consolidadas. Otra razón que se me había olvidado por la que no nos apetecía ir al 1º de octubre, era también que ya no necesitábamos ir a la búsqueda desesperada de ligue, la razón principal que nos había motivado en años anteriores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de dar varias vueltas, pelados de frío, con las manos en los bolsillos del abrigo, medio pedos a causa de las copitas de champán y el vino que nos habíamos bebido en las respectivas cenas familiares, con el estómago estragado a causa de la mezcla del cochinillo, la lombarda, los polvorones, los orejones y los higos rellenos de nueces, decidimos meternos por fin en el primero que se nos pusiera por delante. Creo recordar que se trataba de La Nuit, o alguno de esa calaña. Nos hacíamos ilusiones. Por fin íbamos a entrar en un lugar convenientemente climatizado, a escuchar buena música y a tomar una copita de alcohol de marca. Pues bien, cuando nos dijeron el precio de la entrada, creo que fue Juan Antonio, o Maricarmen, el que preguntó inocentemente “¿los seis?”, ante lo cual, la taquillera, que mascaba chicle y tenía gafas con cristales de culo de botella, se descojonó literalmente de nosotros, y nos dijo “¿cómo que los seis? Por barba, hombre por barba”. Cuando por hacer cierta gracia, yo insinué “¿por barba? Entonces las mujeres no pagan”, la taquillera dejó de reír, y sin ninguna consideración nos espetó “si no vais a entrar, venga, aligerando, que hay gente esperando”. Miramos a nuestra espalda, y era rigurosamente cierto. La cola, de más de cien metros, llegaba hasta la esquina. Otro aspecto que nos desanimó fue que la mayor parte de los miembros que integraban esa cola estaban maqueados hasta las pestañas, con sus abrigos recién estrenados, sus zapatos de charol, sus blusas de encaje y sus corbatas de seda. Nosotros nos manteníamos fieles a nuestra estética de after-normal que nos había caracterizado desde siempre, con vaqueros, aquellos horribles jerséis de lana con tirabuzones verticales que nos compraban nuestras madres, acto de tortura por el cual hoy en día, con la ley del menor en la mano, deberían cumplir varios meses de condena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cosa se ponía fea. Estábamos aburridos de dar vueltas, y tampoco estábamos dispuestos a gastarnos una fortuna para celebrar una noche que para nosotros ya estaba empezando a no significar nada. Pilar surgió entonces como salvadora, y nos propuso ir a su casa, a jugar a las cartas y a ver la televisión. Su propuesta actuó como un bálsamo sobre nuestras conciencias. Accedimos rápidamente, y en menos de media hora estábamos a cubierto, bebiendo una copita en la tranquilidad del hogar. No recuerdo si los padres de Pilar estaban durmiendo, o habían ido a pasar la noche a casa de los primos de la Elipa, pero el caso es que lo pasamos de muerte. Al año siguiente, ni siquiera nos planteamos salir a la calle. Para nosotros se había acabado esa dulce tradición de salir a pasar frío, a gastar pasta gansa y a coger una mierda que, cuando menos, te duraba un par de días, y te impedía disfrutar del concierto de Año Nuevo dirigido por Von Karajan en Viena (algo que también nos ha parecido siempre una horterada manifiesta, tengo que confesarlo), y de la tradicional comida de Año nuevo compuesta por los restos de la cena de la noche anterior.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-3818719762112735159?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/3818719762112735159'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/3818719762112735159'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/05/navidades-del-89.html' title='Navidades del 89'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SgMtn0s6oHI/AAAAAAAAAr0/O_-CEb0aYxE/s72-c/lanz5.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-5287987872882131824</id><published>2009-04-29T11:58:00.000-07:00</published><updated>2009-04-29T12:01:37.672-07:00</updated><title type='text'>El día del Pilar</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sfij_3lJBBI/AAAAAAAAArk/oii7zBfa4QA/s1600-h/lanz5bis.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5330190476639798290" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 273px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sfij_3lJBBI/AAAAAAAAArk/oii7zBfa4QA/s400/lanz5bis.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;El día del Pilar de 1988 teníamos varias cosas que celebrar. Por un lado, hacía un año justo que nos habíamos conocido, en aquella puerta del Burguer King de Diego de León. Por otro lado, tanto Pilar como su madre se llamaban igual, y era costumbre celebrar tan señalado día con una comida. Desde ese año, sin perdonar ni uno, hemos mantenido la costumbre de comer con los padres de Pilar, unas veces en algún lugar señalado, y en muchas ocasiones en un lugar concreto, la marisquería de Sánchez Ferrero, unas veces en Alcobendas y otras en Canillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salvo cuando comíamos en algún lugar diferente, o cuando tan señalada fecha nos pillaba de viaje, por coincidir con algún puente señalado (en cuyo caso siempre nos las arreglábamos para viajar con mis suegros), la costumbre era siempre la misma en la mencionada marisquería: un arrocito para trs personas, una mariscada de la casa, y un par de botellas de vino blanco, que estaban de muerte. Mientras mi suegro y yo escanciábamos las copas, mi suegra y Pilar nos ponían a pariri, y nos decían, con esa mirada crítica que tanto cargo de conciencia nos provoca a los borrachos esporádicos, que ya habíamos bebido bastante. Una vez que Sergio ya comenzaba a ser mayor, y a gustarle el cine, repetimos también ese día una costumbre que se ha mantenido también invariable durante muchos años: la asistencia al IMAX de Méndez Alvaro, con su pantalla circular de dimensiones astronómicas y sus gafas para poder ver películas en tres dimensiones. En más de una ocasión, y gracias a la velocidad y a las imágenes de las películas que se proyectaban en la superpantalla, hemos sentido cómo el arrocito y el marisco bailaban una sardana en el interior de nuestros estómagos. La sensación al ver una película con cámara colocada durante un buen rato en la primera vagoneta de una montaña rusa, resulta más dura que montar en la montaña rusa real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo con especial cariño dos jornadas señaladas de nuestro día del Pilar. Una se produjo hace escasamente cinco años, más o menos. Habíamos terminado de comer en nuestra marisquería preferida, y decidimos no ir al IMAX, sino al museo de la Caixa, situado más o menos cerca del restaurante. Mi suegro Pepe y yo caminábamos con nuestro puntito habitual, producido por las dos botellas de vino que nos habíamos metido entre pecho y espalda. Nuestras respectivas comentaban lo ganso de nuestro aspecto, las tonterías que hacíamos y decíamos, y Sergio, con sus ocho o nueve años recién cumplidos, se reía como un bendito de su padre y de su abuelo, perjudicados ambos por el maldito alcohol. En esas estábamos, recorrida más o menos la mitad del camino hacia nuestro lugar de destino, cuando el cielo, que hasta entonces había lucido un majestuoso y despejado tono azulado, comenzó de repente a oscurecerse, con tan mala fortuna, que a los pocos segundos comenzó a caer una impresionante tromba de agua. Tan convencidos estábamos de que nos iba a hacer un día magnífico, que ni siquiera habíamos tomado la precaución de coger os paraguas, por si acaso. La lluvia, torrencial y con una fuerza impresionante, les destrozó completamente el peinado a las dos mujeres, que habían ido ilusionadas a la peluquería el día anterior. A Pepe y a mi nos caló totalmente los trajes que ese día habíamos decidido colocarnos, sin saber muy bien porqué, porque siempre habíamos ido de sport. Más o menos arreglados, pero de sport al fin y al cabo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que jamás he visto bajar tanta cantidad de agua por una calle como aquel nefasto día. Pe3pe y yo nos despejamos de repente, nos olvidamos de nuestra leve cogorza, y emprendimos una alocada carrera, cogiendo a Sergio medio en volandas, a la búsqueda de algún lugar en el que refugiarnos. Como era de esperar, llevábamos zapatos nuevos, con los cuales la simple acción de correr se convertía en toda una tortura para nuestros pies. El agua se abría camino hasta la planta, en la se producía un chapoteo cada vez más pronunciado. A todo esto hay que añadir que Sergio, a pesar de la lluvia, se iba meando literalmente de la risa que le entró al ver a su patética familia inundada de los pies a la cabeza. La fatalidad había querido que caminásemos por una calle no solo sin locales comerciales, sino ni tan siquiera con un alero o con un árbol salvador. Tuvimos que correr un buen trecho hasta llegar al porche de un colegio, lugar en el que recalamos para hacer un recuento de destrozos y de bajas en nuestra vestimenta. Las mujeres emitían “uuuuuuuu...” de disgusto y consternación, mi suegro y yo nos quitamos los calcetines para exprimirlos e intentar secarlos un poco, y el bueno de Sergio, que gracias a los esfuerzos de su abuelo y mío era el que más airoso había salido del aguacero, se reía sin parar. Aquello no nos amilanó lo más mínimo. Después de haber repuesto en cierto modo nuestro aspecto, y una vez que la puñetera nube pasó de largo, eso sí, reemprendimos nuestro camino hasta Cosmocaixa, donde pasamos una tarde de lo más agradable roncando admirablemente en el planetario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otra ocasión, cuando Sergio apenas contaba con uno o dos años, llevamos a mis suegros a “La fonda”, un magnífico restaurante catalán situado en Príncipe de Vergara, hoy en día ya cerrado, que habíamos descubierto Pilar y yo cuando éramos novios. Un lugar elegante, sofisticado, y no demasiado caro, en el que habíamos reservado mesa para cinco con una semana de antelación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos al restaurante al filo de las dos y cuarto, la hora a la que habíamos reservado. En el trayecto desde casa al lugar de la celebración, de una duración de apenas quince minutos, Sergio había aprovechado para dormirse en el coche. Aquello me escamó un poco, porque los despertares de Sergio siempre eran violentos, pero en fin, no le di demasiada importancia. Cuando aparcamos el coche, sacamos la silla, porque Sergio se despertó sin demasiadas ganas de andar, aunque ya lo hacía, y como una persona mayor. Entramos en “La Fonda”, y desde la misma puerta, un amable maitre, escrupulosamente trajeado, nos acompañó hasta la mesa que habíamos reservado. Sergio dormitaba. Sonaba una música ambiente suave, la temperatura del local era la ideal, no se escuchaba una mosca por parte de los comensales... El selecto lugar impresionó a mis suegros, que no lo conocían. El maitre cogió cuatro cartas, apartó las sillas de las señoras, y solicitó amablemente que nos sentáramos. En aquel momento, Sergio se convirtió, literalmente, en un geiser humano, algo que solía sucederle cuando se quedaba dormido en el coche, como ya he comentado anteriormente. Jamás he visto una vomitona (bueno, sí, en otra ocasión que ya aparecerá por estas páginas) del calibre de la que aquel día del Pilar vertió mi hijo sobre sus parientes más cercanos, sobre un amable maitre catalán, y sobre todo un mantel bordado a mano. Resultó increíble. Mi suegra gritó un “uuuu...” de terror cuando el biberón que se había tragado la criatura a media mañana, decidió por su cuenta salir a ver mundo. Nos quedamos todos de piedra, incluido el maitre y, por supuesto, los comensales, que apagaron sus conversaciones para observar el fenómeno. El buen hombre intentó convencernos de que nos quedáramos, de que no pasaba nada, de que se cambiaba el mantel y listo, pero mientras decía esto, yo olisqueaba el fuerte olor a leche agria que estaba empezando a emanar de mi hasta entonces impoluto traje, y Pilar me hacía gestos con la cabeza para decirme que saliéramos de allí escopetados. Me inventé la excusa de que teníamos que llevar al niño a urgencias, porque aquella vomitona no era normal, y salimos del restaurante, corridos, avergonzados, y con un hambre de mil demonios. Mientras volvíamos a casa en coche (lógicamente, no podíamos ir a ningún otro lugar), nos entró la risa, esa risa floja que te entra en las situaciones más patéticas. Hasta el cabroncete de Sergio se descojonaba, como si entendiera perfectamente el tinglado que había liado.&lt;br /&gt;Ni que decir tiene que jamás volvimos a “La Fonda”, ni solos Pilar y yo ni, por supuesto, en familia. Cada vez que nos lo planteamos, pensamos que hubiera sido muy vergonzoso que aquel pobre maitre nos hubiera saludado diciendo “Buenos días. ¿Se ha recuperado ya nuestro pequeño geiser humano?"&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-5287987872882131824?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/5287987872882131824'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/5287987872882131824'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/04/el-dia-del-pilar.html' title='El día del Pilar'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sfij_3lJBBI/AAAAAAAAArk/oii7zBfa4QA/s72-c/lanz5bis.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-1372356976019770297</id><published>2009-04-23T12:55:00.000-07:00</published><updated>2009-04-23T13:11:05.378-07:00</updated><title type='text'>Pequeño inciso sentimental</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SfDLTEBVDqI/AAAAAAAAArc/_Pa5WF6D2Co/s1600-h/oct+88+1bis.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5327981887536565922" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 332px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SfDLTEBVDqI/AAAAAAAAArc/_Pa5WF6D2Co/s400/oct+88+1bis.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Permitidme un pequeño inciso en esta especie de recordatorio vital que estoy compartiendo con vosotros. Como ya os habréis dado cuenta los que leéis este blog, la mayor parte de las entradas están precedidas por una fotografía de Pilar. Intento mantener una línea cronológica en las mismas. Hasta el momento han salido tal y como nos conocimos al principio, una imagen que nada tiene que ver con la de la madurez, o con la época en la que nos casamos, o con la época en la que nació nuestro hijo Sergio. Pilar se ha mantenido siempre joven, con una tersura en la piel que despertaba la envidia de familiares y amigos, y si bien en estas fotografías iniciales parecía una mujer hecha y derecha (tal y como era, por otro lado), a medida que iba madurando se iba poniendo más guapa, tal y como podréis comprobar en el futuro, si es que no os aburrís antes, y dejáis de leer estas páginas tan mías como vuestras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La elección de las fotografías de portada a los artículos me ha supuesto desde el principio un pequeño quebradero de cabeza, y os explico la razón: tras el fallecimiento de Pilar, y una vez que decidí embarcarme en esta aventura, lo primero que hice fue tratar de ordenar los recuerdos, representados por las fotografías y por los pequeños diarios que realizábamos de nuestros viajes, materializados en dos o tres folios, mecanografiados a máquina en los ratos libres de los que Pilar disfrutaba en su trabajo, o garabateados a mano en diferentes cuadernos que se han ido poniendo amarillentos por el tiempo implacable que ha transcurrido desde que se escribieron. Buscando y rebuscando por toda la casa, descubrí, con cierta sorpresa y bastante decepción, que en realidad se conservaban bastantes pocas fotografías de aquella época. Encontré varios paquetes de diapositivas, pertenecientes a un período, entre 1988 y 1989, en la que me dio por utilizar este sistema de fotografía. Las diapositivas, proyectadas en una pantalla o en una pared, resultaban espectaculares, pero lógicamente, pasarlas a formato digital representaba un pequeño engorro, o eso creía yo, hasta que descubrí un scanner en la empresa en la que trabajo, que facilitaba esa labor. Gran parte de las fotografías que han aparecido hasta el momento proceden de esas diapositivas, y a medida que avancemos irán apareciendo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra fuente de información y de recuerdo la constituyen apenas tres o cuatro álbumes de fotografías, de aquellos que tenían hojas adhesivas con una lámina de plástico transparente que tapaba el conjunto una vez finalizada la labor de disponer las fotografías sobre las hojas. De esta manera he conseguido también, al escanearlas, bastantes imágenes que ya no recordaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, después de rebuscar documentos y fotografías, echaba en falta bastantes momentos de los que habíamos pasado juntos, no solo viajes, sino excursiones, e incluso alguna que otra reunión con amigos o familiares. Como podéis comprender, uno no recuerda todas las ocasiones en las que se han realizado fotografías de un determinado acontecimiento, pero sí es capaz de recordar ciertos acontecimientos en los que sí que era seguro que se habían tirado fotografías, y yo echaba en falta bastantes de esos momentos. Por concretaros un poco más este punto, yo era incapaz de encontrar las fotografías que hicimos en Lanzarote, posiblemente nuestro primer viaje juntos, en el que tiramos al menos la fotografía que tengo enmarcada en mi cuarto, y que apareció en uno de los primeros artículos de este blog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se puede decir que en aquel momento, consciente de que faltaban documentos gráficos, sufrí una especie de “ligera ansiedad”, y me propuse emprender una búsqueda implacable, en un intento de reforzar esa limitada memoria que tenemos todos, y que tanto nos puede ayudar para mitigar la tristeza que ha supuesto la pérdida de la persona querida. Os parecerá mentira, pero he conseguido, con esa técnica, difuminar de mi cabeza la imagen de Pilar de los últimos meses de la enfermedad, y conservar intacta la imagen de vitalidad que siempre ha tenido. Con ese ánimo, indagué en la ingente cantidad de álbumes que tiene mi padre, y descubrí con sorpresa fotografías que ni siquiera sabía que existían, o que ya daba por olvidadas desde mucho tiempo atrás. Mi hermana Laura, en ocasiones gran colaboradora de este blog gracias a su buena memoria, me entregó también una buena cantidad de fotografías, pertenecientes a las ocasiones en las que habíamos salido juntos los cuatro, Pilar, mi hermana, mi cuñado Javier y yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras esta recolección, con su correspondiente rapiña por las casas familiares, me quedé sin embargo con la sensación cierta de que había recuperado una parte, pero que me quedaba todavía el trozo más importante del pastel. Me resultaba difícil de creer que todos esos recuerdos no estuvieran escondidos en algún lugar, y puse prácticamente la casa patas arriba para tratar de encontrarlos. Había algo que no me cuadraba. Me resultaba difícil de asimilar que Pilar, que era tan metódica y ordenada, no tuviera controlada la situación. Puede que os cueste entenderlo, porque no habéis tenido la inmensa suerte de convivir con ella, pero para mí estaba claro que algo fallaba, que no podía ser. Finalmente me resigné a que el grueso de las fotografías debía de estar en algún lugar de la casa de Albalate, y con esa idea me mentalicé de que ya buscaría el próximo verano. Es decir, que empecé a olvidarme del asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lunes pasado, haciendo limpieza en la parte alta de un armario de la habitación de Sergio, apareció una caja de plástico de considerables dimensiones, oculta en un rincón que no se veía desde el nivel del suelo. Ya podéis imaginar lo que contenía la susodicha cajita. Varios cientos de fotografías en papel, de todas las épocas y de todos los tamaños, sueltas unas y agrupadas con otras de la misma fecha, encuadernadas otras en pequeños álbumes amarillos, de los que regalaban cuando revelabas un carrete en un laboratorio de fotografía, metidas en sus correspondientes sobres otras, con sus negativos y todo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé a mirar fotografías, con el corazón latiéndome deprisa al descubrir de nuevo viajes, situaciones y rincones que ya creía olvidados. Lo que hasta entonces había realizado como una actividad en cierto modo dosificada, viendo las fotografías poco a poco durante los tres últimos meses, se convirtió el lunes de repente en un vendaval de imágenes, en un atracón visual. Aquello, como no podía ser de otra manera, terminó como el rosario de la aurora. Después de estar mirando, durante cerca de una hora, un sin fin de fotografías en las que Pilar derrochaba vitalidad y alegría por todos y cada uno de los poros de su piel, acabé como el protagonista de “Cinema Paradiso”, es decir, llorando a lagrimón libre. Allí estaban el viaje a Lanzarote, el viaje a París con mi hermana y mi cuñado, excursiones a los alrededores de Madrid, rincones de Albalate, Pilar abrazada a mí, Pilar sonriendo con esa picardía alegre que tanto utilizaba para posar, Pilar pasándoselo bien con los primos de Burgos, con los padres del Ramón y Cajal...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuesta ver las imágenes de un ser querido cuando nos ha dejado, os lo aseguro, pero también gratifica enormemente. Es entonces cuando empiezas a hacerte verdaderamente consciente de que todo lo que has vivido merece la pena, de que un instante de felicidad como el que se refleja en una determinada imagen, compensa cualquier tristeza que se nos pueda presentar. Nunca he tenido tan presente la frase de Bourdakian que encabeza este blog, como en el momento en que descubrí ese aluvión de momentos felices. Como muy bien dice una compañera que en estos momentos está atravesando por momentos duros con la salud de su marido, la vida no es una fiesta, pero yo matizaría que, durante mucho tiempo, es como si lo fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando le dije a mi suegra que habían aparecido las fotos, no le sorprendió en absoluto. “Ya sabía yo que estarían guardadas en algún lugar. Pilar lo dejó todo atado y bien atado”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es verdad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-1372356976019770297?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/1372356976019770297'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/1372356976019770297'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/04/pequeno-inciso-sentimental.html' title='Pequeño inciso sentimental'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SfDLTEBVDqI/AAAAAAAAArc/_Pa5WF6D2Co/s72-c/oct+88+1bis.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-7946629008513301646</id><published>2009-04-15T12:44:00.000-07:00</published><updated>2009-04-15T14:32:54.930-07:00</updated><title type='text'>Ricos y famosos</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SeZSXNBSfXI/AAAAAAAAAq8/g3RyziyTiys/s1600-h/oct+88+5a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5325034167997726066" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 363px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SeZSXNBSfXI/AAAAAAAAAq8/g3RyziyTiys/s400/oct+88+5a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Las cosas no me iban del todo bien en el trabajo. Llevaba demasiadas obras de restauración y rehabilitación, y los trabajadores que contratábamos, a un precio muy barato, no eran precisamente de los que pudieras dejar solos a cargo de un tajo. Me sentía muy presionado. Los diferentes clientes telefoneaban a la empresa, la empresa me localizaba a mí por medio de un busca que me obligaba a telefonear estuviera donde estuviera (un busca arcaico, que emitía un pitido, sin mensaje ni nada que se le pareciera. Cuando sonaba el pitido, había que llamar. Así de antiguo y así de simple).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre el busca, la presión, y la madre que parió a este oficio de la construcción, estaba nervioso durante prácticamente toda la semana. Ganaba más del doble, pero no me compensaba en absoluto. Fue una de las primeras ocasiones en las que concluí que es más importante estar a gusto que ganar mucha pasta. Pilar y yo ahorrábamos bastante, ya que, por cuestión de horarios y de situaciones de nuestras respectivas empresas, no nos veíamos todos los días, como antes. Empezábamos, a pesar de no llevar ni siquiera un año juntos, a hablar de nuestro futuro. La verdad es que yo no lo veía demasiado claro. Vislumbraba que iba a estar poco tiempo en esa empresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo una tarde en la que había tenido un follón de tres pares de narices en una de las obras de reforma. Estaba cabreado, muerto de cansancio, y casi sin ganas de ver a Pilar. Al salir, con la intención de coger el coche e ir a buscarla, me encontré a la buena de Pilar apoyada en el Peugeot 205 rojo. “Vaya -le dije-. Qué sorpresa”. Yo iba con un compañero, así que inicié las correspondientes presentaciones- “Aquí fulanito, aquí Pilar”, dije. Fulanito estrechó la mano de Pilar, saludando amablemente, y ella, sin decir nada, empezó a llorar a lágrima viva. Yo la abracé, fulanito se despidió para dejarnos solos a nuestra bola, y Pilar, entre sollozo y sollozo, me contó que había tenido una bronca muy grande en la agencia de publicidad en la que trabajaba, porque al parecer había que sacar una campaña fuera como fuera, y se habían tenido que quedar, o se iban a quedar, no recuerdo bien, un par de días con sus correspondientes noches para poder entregar el trabajo a tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La época de felicidad de nuestras tardes en Santa Engracia y sus aledaños había pasado a la historia. Teníamos más dinero (“cuando éramos ricos y famosos”, solía decir Pilar al recordar este periodo), pero también más presión en el trabajo. Era una época incierta, recién salida de una crisis que había durado prácticamente hasta el 86, y precursora de la crisis que se nos avecinaba en los primeros 90. Todo el mundo se colocaba, no había problema, y algunos, como había sido mi caso, en un par de empresas, una de mañana y una de tarde, pero las condiciones de trabajo eran muy duras. Resultaba muy extraño acabar la jornada antes de las diez de la noche. Las oficinas, cualquier oficina, bullían hasta prácticamente la hora de cenar, y cuando llegaba la hora de cerrar el mes, la gente se quedaba hasta que amanecía al día siguiente. No era una situación diferente a la que se vive ahora, pero a nosotros nos pillaba de nuevas, por así decirlo. Pilar no estaba acostumbrada a echar horas en la empresa de publicidad en la que trabajaba antes de cambiarse a esta, y yo llevaba solo un par de años dando bandazos por esos mundos de Dios de la construcción, por lo que tampoco estaba acostumbrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella famosa tarde del disgusto de Pilar estuvimos los dos bastante tristes, debido a la presión de nuestros entornos laborales respectivos, pero por otro lado, nosotros siempre buscando el lado positivo de las cosas, nos sirvió para darnos cuenta de que estábamos los dos más unidos que nunca. Nada une más que la adversidad, y la bronca que le habían echado a Pilar, unida a la presión a la que me sometían a mí mis jefe, nos unió como una piña. Nos planteamos cambiar de trabajos, montarnos por nuestra cuenta, irnos a vivir a otro lado y empezar desde cero los dos juntos... No recuerdo bien el sin fin de conjeturas que nos hicimos aquella noche triste, entre trago y trago del zumo del Elkes que nos habíamos pedido. Supongo que es algo normal entre dos personas que se conocen, que se quieren, y que tienen una vida paralela al mundo de yuppi que se han montado al empezar a salir. Supongo también, y eso lo pensé bastante tiempo después, que en ese momento estábamos empezando a bajar de la nube en la que nos habíamos montado, y que empezábamos también a compartir tanto las alegrías de cada uno como las tristezas. Tuve una sensación extraña aquella noche. Pilar siempre ha sido fuerte. Muy fuerte, diría yo, a tenor de los acontecimientos y de los sinsabores que hemos tenido de vez en cuando, pero en aquella ocasión se me presentó con toda su franqueza, mostrándome sin ningún pudor, y sin importarle un carajo la presencia de mi compañero de trabajo, un momento de fragilidad que a mis ojos, en aquel momento, la hizo un poco más humana de lo que ya era. Estábamos madurando en nuestra relación. Nos habíamos ahorrado, a causa de la edad en la que habíamos empezado a salir, todos los malos rollos y tonterías que se tienen cuando se vive una relación desde una edad muy temprana. Nosotros ya éramos personas hechas y derechas, con nuestras miserias, nuestras flaquezas, y nuestras responsabilidades laborales, que en aquel momento eran muchas y variadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella tarde tuvimos los dos muy claro que nos teníamos el uno al otro, y a partir de aquel momento, yo le contaba a Pilar todo lo relacionado con mi trabajo, y ella todo lo relacionado con el suyo. Aprendimos a valorar así el ambiente laboral de cada uno, y establecimos esa complicidad en todos los aspectos que ha presidido nuestra vida juntos. Perteneciendo a dos mundos completamente diferentes (una agencia de publicidad comparada con una constructora es como comparar a Dios con el diablo. No nos olvidemos de que la construcción es el paso previo a la delincuencia), respetábamos profundamente el papel que cada uno de nosotros tenía en su empresa. Al día siguiente, todas las conjeturas vitales que nos habíamos hecho se esfumaron en el olvido. Los jefes de Pilar pidieron disculpas por el chorreo inmerecido, se pusieron más días de plazo para entregar la campaña, y todos contentos. Yo tuve un buen día, de esos en los que parece que todo sale bien, así que, cuando nos vimos, estábamos los dos contentos, y pudimos dedicarnos a pensar en otras cosas no tan trascendentales como nuestro futuro. Organizamos un poco las navidades de aquel año, que ya estaban cerca, y miramos unos cuantos escaparates, buscando ideas para regalar. El nubarrón laboral y ético había pasado de largo, al menos por el momento, dejándonos en todo caso con la sensación de que éramos, los dos juntos, un poquito más fuertes que por separado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-7946629008513301646?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/7946629008513301646'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/7946629008513301646'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/04/ricos-y-famosos.html' title='Ricos y famosos'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SeZSXNBSfXI/AAAAAAAAAq8/g3RyziyTiys/s72-c/oct+88+5a.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-3795726075327685688</id><published>2009-04-03T09:43:00.001-07:00</published><updated>2009-04-03T09:45:33.932-07:00</updated><title type='text'>Albalate</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SdY9INaZfqI/AAAAAAAAAqs/I3i4YNhrc3E/s1600-h/ubiembalse.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5320507221033451170" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 233px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SdY9INaZfqI/AAAAAAAAAqs/I3i4YNhrc3E/s400/ubiembalse.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Mis circunstancias laborales habían hecho imposible nuestra escapada a Mallorca durante aquel verano de 1988, pero gracias a eso, tuvimos la oportunidad de pasar un par de semanas en Albalate de Zorita, el lugar de nacimiento de mi suegra, Pilar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resulta difícil describir las sensaciones que me produjo mi primera visita a Albalate. Como buen urbanita que era, había viajado muy poco a una zona rural. Por aquel entonces, se puede decir que prácticamente no existía la afición mundial por el turismo rural. Los ciudadanos se quedaban en sus casas, y los que eran de algún pueblo viajaban al mismo para pasar largas temporadas. Pilar estaba muy contenta al enseñarme el entorno en el que había pasado gran parte de su infancia, sobre todo durante los meses de verano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que me impresionó fue la llegada a la casa de mi suegra. Una puerta metálica de dos hojas daba paso a un ancho pasillo, de más de dos metros, solado con baldosa de garbancillo y cubierto por un emparrado impresionante. Desde ese lugar no se ve la casa. Hay que avanzar unos diez o doce metros para acceder a un patio, situado frente a la casa propiamente dicha. La casa tiene dos plantas, además de la planta baja. Resulta complicado llegar a esa casa y que no haya nadie sentado bajo el porche de la entrada, en un marco rodeado de los rosales y otras plantas que tan profesionalmente cuida Pepe, mi suegro. O la sombra de un níspero, que da fruto como el que más, en una silla de mimbre de esas de media circunferencia que invitan a roncar sin ninguna consideración. Normalmente, los que están sentados, la mayor parte de las veces parte de la numerosa familia de Pilar, callan cuando escuchan la puerta metálica de la entrada, señal inequívoca de que ha entrado alguien. Cuando el visitante es de confianza, desde la misma zona del emparrado, sin que nadie de los que están sentados en el porche haya podido verle todavía, anuncia su llegada, para romper el silencio de los que esperan, que le reciben con cariño. Han sido innumerables los viernes por la tarde, en verano, en los que he llegado, casi siempre a la misma hora, y Pilar y Sergio me esperaban en ese porche, ella descansando, y Sergio jugando con sus playmobil, sus “masillas”, como les llamaba a unos inclasificables muñecos que le compramos una vez, o el juguete que estuviera de moda en aquel momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella primera vez se produjo una verdadera avalancha de familiares que querían conocerme, y que pasaban el verano en el pueblo. El primero al que vi fue a Angel, uno de los hermanos de Pilar madre, que me contó que, antiguamente, cuando venía un forastero que se había echado de novia a una del pueblo, tenía que pagar “la patente”, o sea, invitar a una ronda a todos los parroquianos y familiares de la chica, si no quería arriesgarse a que le echaran al pilón. El tal pilón resulta ser una fuente árabe antiquísima, situada junto a la carretera que atraviesa el pueblo, y que tiene un sistema de llenado y de vaciado sumamente curioso. En un par de ocasiones tuvimos Pilar y yo la oportunidad de visitarla por dentro. El laberinto de galerías de piedra que discurre por el interior es realmente una obra arquitectónica digna de estudio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albalate está situado en plena comarca de la Alcarria, en una zona que, en la antigüedad, estaba dominada por un lugar llamado Zorita de los canes, y que hoy es el pueblo más pequeño de la zona. La central nuclear de Zorita, la primera de España. Se sitúa al lado mismo del río Tajo, en uno de los lugares de más anchura de esta vía de agua. Desde el castillo de Zorita, en ruina absoluta, se puede ver un paisaje espectacular, con el Tajo a nuestros pies, y la Recópolis, un asentamiento visigodo que, por aquel entonces, aún no se podía visitar. Pilar estaba encantada, explicándome cada uno de los lugares que visitábamos, su historia y, sobre todo, las tradiciones de su infancia que estaban ligadas a él. Me enteré así que, de pequeña. Hacía excursiones de vez en cuando, a patita, a la fuente de San Antonio, situada cerca de Almonacid de Zorita, el pueblo vecino a Albalate. También organizaban excursiones a la presa de Bolarque, un entorno que constituye también una importantísima obra de ingeniería, nacimiento de lo que es el trasvase Tajo-Segura. Cuesta asimilar, cuando se observa por primar vez, que por los dos gigantescos tubos metálicos situados en la falda de la montaña pueda ser bombeada el agua, que llega hasta el pantano de la Bujeda, situado a una cota superior a la del pantano de Bolarque, para que desde allí se introduzca en un canal que llega hasta la misma Murcia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos unos días inolvidables en Albalate. Conocí a un gran número de primos de Pilar, y a sus allegados, y visitamos casi todos los rincones de la comarca. Descubrí también el silencio nocturno por primera vez en mi vida. Hasta aquel momento, no había sido capaz, como buen urbanita que era, de sustraerme al murmullo nocturno, cuando no ruido, de una gran ciudad. En Albalate lo conseguí. Un silencio que se podía mascar. Probé varias camas, situadas en la zona alta. Mi primera siesta, en una habitación de la que me habían advertido que hacía calor, resultó desastrosa, al despertarme empapado en sudor. Finalmente me decidí por una cama situada justo encima de la habitación de mis suegros. Por lógica, todavía no hubiera estado bien visto, y así lo decidimos Pilar y yo, que durmiera en la misma habitación que mi novia desde hacía menos de un año. No me importó en absoluto. Aquella cama era, y es todavía aún hoy, un remanso de meditación trascendental. No recuerdo haber dormido tanto y tan profundamente en ningún otro lugar. Algunas veces, superada ya aquella primera vez, me levantaba a la una del mediodía para comer, me echaba después la siesta, me levantaba a la hora de cenar, y volvía a acostarme hasta el día siguiente. Como si me hubiera picado una mosca tse-tse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pilar estaba a sus anchas en el pueblo. Todo el mundo la quería con locura, y nuestros trayectos hasta el supermercado, el puesto de los churros, o el puesto de periódicos, se hacían interminables, ya que se paraba cada dos pasos a saludar y a presentarme. A Albalate bajn a comprar, sobre todo en verano, los habitantes de la Nueva Sierra de Madrid, al parecer la urbanización de chalets más grande de Europa, y una de las más antiguas. Por el “Mar de Castilla”, se conoce también a un lugar invadido de pinares, granito y el agua de los dos pantanos que lo bañan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albalate supuso una parte muy importante de nuestra relación. A pesar de que era de Madrid (y gracias a esa circunstancia me libré de pagar la patente que me pedía Angel), Pilar tenía hondas raíces en aquel lugar. Toda su infancia y adolescencia habían estado marcadas por sus salidas a los pueblos de la zona, por las fiestas de verano, por su primera (y única) moto, por sus amigos, por sus primos, y sobre todo sus primas, con las que compartió habitación en muchas ocasiones, por su familia y por todo aquel entorno de una serenidad y una paz que resultaba imposible encontrar en Madrid. De aquel primer contacto quedó una película grabada con una descomunal cámara Sony, que creo que se ha perdido en los infiernos de las diferentes mudanzas. En la misma se nos veía trotando por el Noguerón a Pilar, a sus primos y a mí, en lo alto del castillo de Zorita, en la puerta del cementerio y en otros lugares emblemáticos. Es muy probable que algún día aparezca, no lo descarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albalate surgirá muchas veces en esta página. Gran parte de nuestra vida juntos transcurrió en ese lugar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-3795726075327685688?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/3795726075327685688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/3795726075327685688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/04/albalate.html' title='Albalate'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SdY9INaZfqI/AAAAAAAAAqs/I3i4YNhrc3E/s72-c/ubiembalse.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-1400271619470116193</id><published>2009-03-25T03:47:00.000-07:00</published><updated>2009-03-25T05:10:18.142-07:00</updated><title type='text'>Una tarde en el cine</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/ScoMe1-dChI/AAAAAAAAAqk/rlKmin1-X6k/s1600-h/roger_rabbit1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317076034088929810" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 349px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/ScoMe1-dChI/AAAAAAAAAqk/rlKmin1-X6k/s400/roger_rabbit1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;En Junio de 1988 comencé a trabajar en una empresa de reformas situada en el barrio del Pilar. El sueldo era más del doble de lo que estaba ganando en mi trabajo anterior, pero las condiciones resultaron, a la larga, bastante más duras. En primer lugar, se me terminó el chollo de poder ir al trabajo en metro. Por aquella zona no había parada, y desde mi casa resultaba toda una peregrinación a la Meca coger el autobús para llegar hasta la oficina, por lo que no me quedó más remedio que tirar de coche todos los días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi cambio de trabajo coincidió también con un apretón en la Agencia de publicidad en la que trabajaba Pilar. Llegamos a un punto en el que casi no nos veíamos entre semana. Yo llegaba cansado a casa, y a ella le ocurría lo mismo. De vez en cuando sacábamos “fuerzas de franqueza”, como decía un amigo nuestro, y hacíamos lo imposible para vernos, bien acercándome yo a la Agencia si es que algún día, por esas casualidades de la vida, salía pronto, o bien acercándose ella hasta el barrio del Pilar, si la que salía a su hora era ella. En este último caso, solíamos tomar algo por alguno de los pocos bares que había en la zona, bastante alejada de la Vaguada, nos contábamos nuestras penurias, y después la llevaba a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestros fines de semana eran básicamente tranquilos. Habíamos empezado a distanciarnos un poco del grupo común de amigos, a los que llamábamos sólo de vez en cuando. Resulta curioso lo cómodos que siempre nos hemos encontrado Pilar y yo los dos solos, tanto en nuestra convivencia diaria como en los viajes. No es que saliéramos solos en ocasiones porque no tuviéramos a nadie con quien compartir la salida: es que a veces, incluso, nos las apañábamos desde el principio para que así fuera. Mantuvimos un contacto más directo y frecuente con una pareja que compartía la amistad con Pilar desde muchos años atrás: Feli y Luis. Recuerdo con nostalgia muchas tardes de sábado pasadas en su casa de Moratalaz, antes de que se fueran a vivir a Tres Cantos, llenas de juegos de sobremesa, música, y comida comprada en los establecimientos de la zona. A veces nos juntábamos incluso con mi hermana, mi hermano o mis primos, otras veces con Montse y Javier... La casa de Luis y Feli constituyó un lugar de encuentro perfecto, en la que nos daban las tantas de la madrugada charlando de lo divino y de lo humano, de viajes pasados, presentes y futuros, y de cualquier otro tema que se nos pusiera a tiro. La relación con Montse y Javier terminó por deteriorarse paulatinamente, hasta llegar a no tener prácticamente ningún contacto, en parte porque cada uno estaba viviendo su vida y su relación por caminos diferentes, y en gran parte también porque la distancia y los condicionamientos laborales, tanto de Pilar como míos, nos imprimió cierta dosis de pereza a los cuatro que acabó distanciándonos. A veces he pensado que también pudo ocurrir que tanto Pilar como yo necesitábamos disfrutar de nuestra relación de pareja en soledad, algo bastante difícil de conseguir cuando se está inmerso en un grupo de amigos. Creo que es una ley de vida que, en cualquier grupo, cuando se han formado las parejas correspondientes, el grupo acaba por disgregarse, como si hubiera cumplido su misión evangelizadora, por así decirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni que decir tiene que mi grupo de amigos desapareció por completo, paulatinamente, de nuestra vida. Creo que eso es también una ley de vida, inmutable y perdurable: los amigos que se conservan suelen ser siempre los de la chica, y si acaso, algún amigo, normalmente sin novia, y muy, muy íntimo, del chico. Ese era el caso de Juan Antonio, mi primo y amigo de toda la vida, y de Maise, su novia por aquel entonces. Juan Antonio había conocido a Pilar en San Mateo, el famoso día de la primera cita, y algún día después en el que Pilar y yo habíamos ido a aquel lugar a tomar algo. No habíamos tenido ocasión de quedar para tomar algo, ir al cine y pasar la tarde juntos. Recuerdo con especial cariño una tarde de sábado, en la que Juan Antonio, o libraba en San Mateo, o entraba más tarde. Acordamos vernos en la puerta del cine Gran Vía, en la primera sesión, para ver una película que estaba de estreno, y que había supuesto una revolución al mezclar imagen animada con imagen real, algo que todavía suponía un avance técnico impresionante por aquella época. Se trataba de “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”, lo recuerdo como si fuera ayer. Recogí a Pilar en su casa. Recuerdo hasta el vestido que llevaba, de color azul oscuro, uno de los que más le gustaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hicimos la presentación oficial en la misma taquilla del cine, sacando la entrada para la película. Besos para Juan Antonio y Maise, besos para Pilar, y a entrar para ver la película. Pilar se sentó a mi lado y al lado de Maise, más o menos en la fila ocho o nueve del patio de butacas. Intercambiamos unas cuantas frases antes de que se apagaran las luces, y empezó la película.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, amigos: os juro que, antes de que finalizaran los títulos de crédito, la buena de Pilar cerró los ojos, apoyó la cabeza en mi hombro, y se quedó dormida como un leño, literalmente. Increíble, pero cierto. Juan Antonio y Maise nos miraban, con cara de estar diciendo “¿qué narices hace Pilar durmiendo ante una película tan maravillosa?”. Lo cierto es que Pilar no llegó a saber nunca si la película era buena o no, porque no se despertó justo hasta el final. No se enteró de nada, la buena mujer. Una entrada, que por suerte en aquella época no eran tan caras como hoy en día, tirada literalmente a la basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella tarde aprendí dos cosas con respecto a la afición de Pilar al cine: la primera, que jamás debía llevarla, bajo ninguna circunstancia, ni a la sesión de las cuatro ni a la sesión de las diez, y la segunda, que ya podían caer chuzos de punta, abrirse la tierra o caer una tormenta de peñascos de lava, que si la buena de Pilar tenía sueño, se dormía, le pillara donde le pillara. Hemos ido mucho al cine, muchísimo, más bien, porque los dos éramos grandes aficionados, y supimos inculcarle esa afición a Sergio (aunque la primera ocasión en la que fuimos los tres al cine resultó un desastre, como ya os contaré en su momento), pero siempre a las siete, o como mucho, a las ocho de la tarde. Por encima o por debajo de esa hora, Pilar se convertía en una especie de Icaro que se quedaba dormido, por muy incómoda que fuese la butaca. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-1400271619470116193?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/1400271619470116193'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/1400271619470116193'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/03/una-tarde-en-el-cine.html' title='Una tarde en el cine'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/ScoMe1-dChI/AAAAAAAAAqk/rlKmin1-X6k/s72-c/roger_rabbit1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-1398498684029712776</id><published>2009-03-12T12:48:00.001-07:00</published><updated>2009-03-12T12:52:59.772-07:00</updated><title type='text'>La pasión de viajar</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SbloDVUQePI/AAAAAAAAAqU/fDXfdvcTAmw/s1600-h/escanear0016.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312391641931217138" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 268px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SbloDVUQePI/AAAAAAAAAqU/fDXfdvcTAmw/s400/escanear0016.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Uno de los rasgos más importantes de la personalidad de Pilar era la pasión que sentía ante los viajes, fueran del tipo que fueran, más largos o más cortos, a lugares lejanos o cercanos. Disfrutaba tanto con los preparativos como con el viaje en sí. Era una digna discípula de Kavafis, que en uno de sus poemas nos recomienda disfrutar del viaje, del trayecto a seguir para llegar a destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de conocerla, yo solo había salido al extranjero con ocasión de un viaje de fin de curso al terminar COU. A Londres, para ser más exactos. En ese sentido, ella me llevaba una ventaja abismal. Pilar había estado en Inglaterra, viviendo en el seno de una familia británica durante cerca de un mes, con su amiga Montse. Había viajado a Dinamarca, a Holanda, a la antigua Yugoslavia, a Francia, y a otros muchos países de Europa de los que guardó un recuerdo imborrable. Pilar se entristeció mucho cuando se desató la locura en Yugoslavia, con aquella “limpieza étnica” que tantas vidas humanas costó. Ella había estado en Mostar, ciudad de la que conservaba un bello recuerdo, y no podía ver las noticias, en las que aparecía el viejo puente de esa ciudad, destrozado a base de bombas. Cuando volvió de Yugoslavia, la casa de revelado de fotografías le jugó a Pilar una jugada nefasta: le veló tres de los cuatro carretes que había gastado. Por suerte, trajo también innumerables postales y libros de la zona, entre las cuales cabe destacar cuatro fotografías antiguas de Mostar, que conservamos a día de hoy enmarcadas en el cuarto de estar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pilar seguía casi siempre un rito singular para organizar los viajes. Empezaba por elegir la zona a visitar, como es de suponer, y después indagaba por todos los medios a nuestro alcance, a través de Agencias de viajes cuando no existía Internet, y a través de este medio después, hasta conseguir fotografías fidedignas y actuales del hotel en el que íbamos a alojarnos durante nuestra estancia en el lugar que fuese. Siempre era ella la que buscaba, la que comparaba precios, la que impartía la ruta a seguir, a menos que se tratara de mantener un recorrido por carretera, en cuyo caso era yo el que organizaba las distintas paradas, en función de las distancias recorridas y de lo que hubiera que ver en cada una de ellas. Desde el mismo momento en que surgía la idea del viaje, un par de veces o incluso más cada año, Pilar disfrutaba con los preparativos. Si lo que íbamos a visitar era un lugar de montaña, se encargaba de apertrecharnos convenientemente, con guantes, cazadoras y calzado adecuado. Si de lo que se trataba era de ir a un lugar de playa, bañadores, ropa ligera y toda clase de flotadores, sobre todo en la fase de infancia de Sergio. Siempre sabía qué llevar exactamente a cada lugar, y se informaba incluso del tiempo que nos iba a hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un placer dejarse llevar por su experiencia en viajar, pero sobre todo por su entusiasmo. Tanto Sergio como yo, como otras personas que nos han acompañado en ocasiones, hemos aprendido a viajar gracias a ella. Gracias a ella, el máximo placer que sentimos, consiste en preparar una maleta y dejarnos llevar por la aventura de conocer lugares nuevos. Dicen que viajando se le abre a uno la mente, y os puedo asegurar que es una afirmación absolutamente cierta. Si a ello le unimos además las facilidades que hoy en día nos proporciona Internet para realizar tan gratificante tarea, sacaremos en conclusión que, de tener más tiempo para ello, estaríamos viajando constantemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pilar me comentó su pasión por los viajes muy poco tiempo después de empezar a salir juntos. Tanto entusiasmo ponía en ello, que acabó por contagiarme ese gusanillo que no me ha abandonado desde entonces. Como ya he contado más arriba, mi único viaje había sido a Londres, y tampoco es que me enterara de mucho, entre otras razones porque el asilvestramiento al que estábamos sometidos mis compañeros y yo, nos empujó a pasar gran parte de la semana encerrados entre las cuatro paredes del hotel, bebiendo, fumando y jugando a las cartas. Para que os hagáis una idea del patetismo de aquel viaje, os contaré que una noche nos quedamos a ver el festival de Eurovisión en uno de los salones del hotel, y coincidió con la ocasión en la que, a la buena de Betty Misiego, le robaron el primer puesto los quijotescos votantes españoles. Recuerdo que había a nuestro lado una pareja de ingleses que se descojonaba literalmente de nuestra caballerosidad. Con eso lo digo todo sobre aquel viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era cuestión de días que Pilar organizara lo que iba a ser nuestra primera salida al exterior. Se le ocurrió que podíamos pasar una semana, a principios de verano, en Palma de Mallorca. No me pareció nada mal, porque ni ella ni yo lo conocíamos, así que la maquinaria Pilar se puso en marcha, y antes de que quisiera darme cuenta ya había reservado los vuelos, el hotel, y hasta el coche de alquiler. Yo no tenía ningún problema para coger las vacaciones en las fechas que ella había dispuesto, así que no nos quedó otra cosa que esperar a tan señalada ocasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacíamos planes sobre lo bien que lo íbamos a pasar en Mallorca, sobre lo a gusto que íbamos a estar en el hotel, y sobre los baños que nos íbamos a pegar en la playa de Es Trench, que por aquel entonces ya sabíamos, gracias a los libros y a las guías que Pilar se había dedicado a recopilar tan afanosamente como siempre, que era una de las más famosas de toda la isla. La idea era alquilar un coche durante los cuatro primeros días, darnos la paliza recorriendo Valldemosa, Inca, la playa de la Calobra, Manacor y otros lugares emblemáticos, y pasar los tres últimos días tumbados a la pata la llana en la piscina del hotel, que tenía una pinta monumental en las fotografías. Pilar había contratado un régimen de media pensión, por lo que solo tendríamos que preocuparnos de la comida del medio día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquellas estábamos, disfrutando por anticipado de una semana que nos iba a servir entre otras cosas para comprobar la calidad de nuestra convivencia, cuando el bueno de mi amigo Juanjo, aparejador como yo, me telefoneó para que me acercara a hacer una entrevista de trabajo en la empresa en la que él trabajaba. Aquello ocurrió más o menos en Junio de 1988, muy poquito antes del verano. Se trataba de cambiar de empresa con un sueldo de más del doble de lo que estaba ganando en aquel momento. Hice la entrevista, y me cogieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo perfectamente la tarde en la que le comuniqué a Pilar que me había contratado una empresa nueva. Estábamos en el coche, en los alrededores de la calle Añastro, supongo que a punto de bajarnos para ir a Elke´s, al Yuppi o a cualquier otro antro de perdición de los que solíamos frecuentar. Le conté las condiciones, el sueldo, lo inmejorable que me había parecido el puesto, el horario, etc. Pilar me escuchaba entusiasmada, con un brillo de felicidad en los ojos. Un brillo que se borró cuando le dije que, debido a que acababa de entrar, no tenía todavía derecho a vacaciones, y que, por tanto, había que anular lo del viaje a Palma de Mallorca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He visto en muy pocas ocasiones triste a Pilar, y os aseguro que aquella ocasión fue la primera, y una de las peores. Sin poderlo evitar, soltó unas lágrimas, apenada por tener que anular el viaje. La vi tan desconsolada, que le dije que no, que no me cambiaba de empresa, que no se preocupara, que ya habría más ocasiones, y que lo importante era nuestro viaje. En una de aquellas reacciones serenas que tanto he valorado durante todos estos años, Pilar dejó de llorar, se secó las lágrimas, y me dijo, con seriedad, que no dijera tonterías, que no podía desperdiciar una oportunidad como la que se me había presentado. Sonrió otra vez, me manifestó su alegría con un beso, y fuimos a celebrar mi mejora laboral aquella misma noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestro primer viaje, nuestra primera ocasión para estar juntos los dos solos, se había anulado, pero vendrían otras muchas. Pasados los años fuimos a Palma de Mallorca, en un viaje calcado del que habíamos planeado para aquella primera ocasión. Pero esa, amigos, es otra entrada. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-1398498684029712776?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/1398498684029712776'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/1398498684029712776'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/03/la-pasion-de-viajar.html' title='La pasión de viajar'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SbloDVUQePI/AAAAAAAAAqU/fDXfdvcTAmw/s72-c/escanear0016.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-8080820158489406768</id><published>2009-03-04T14:43:00.001-08:00</published><updated>2009-03-04T14:56:53.970-08:00</updated><title type='text'>El comienzo de algo serio</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sa8F306JV6I/AAAAAAAAAqM/2TEaTn1sBZ4/s1600-h/escanear0011.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5309468942346573730" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 379px; CURSOR: hand; HEIGHT: 263px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sa8F306JV6I/AAAAAAAAAqM/2TEaTn1sBZ4/s400/escanear0011.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sa8FshbzDdI/AAAAAAAAAqE/q2dawC9CO-I/s1600-h/escanear0011.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Supongo que a la mayoría de la gente le sucede algo parecido a lo que nos ocurrió a Pilar y a mi, aproximadamente seis o siete meses después de comenzar nuestra relación. Una vez superada la primera fase, la de embelesamiento inicial, la de esa tontería, que hacía que la gente se nos quedara mirando en el metro o en el autobús mientras nos prodigábamos nuestra ración de mimos diarios, y que mantienen todos los novios recién estrenados del mundo, sean de la raza que sean, y sean del credo que sean, las cosas parecen volver más o menos a su cauce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no nos veíamos a diario, supongo también que porque el cansancio de estar los dos trabajando a jornada completa, se impuso a la nube sobre la que habíamos estado inmersos los dos en los últimos meses. Empezamos a quedar un día sí y otro no, o algo parecido. Nos veíamos con muchas ganas, pero lo cierto es que, al menos por mi parte, la lejanía también empezaba a pasar factura. Me daba cierta pereza llevar a Pilar a su casa y volver a la mía, a las tantas de la noche, para acostarme y madrugar al día siguiente para ir al trabajo. Sé que resultaba egoísta por mi parte, pero hasta que conocí a Pilar, mis relaciones siempre habían sido una auténtica porquería, con todo el respeto a las chicas con las que salí. En este caso, se hace cierto la frase que titula esa película argentina, “no sos vos, soy yo”. Reconozco que la fase sentimental pre-Pilar de mi vida estuvo más marcada por la rutina o la atracción sexual, que por un verdadero sentimiento de amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejé de salir con la chica que precedió a Pilar seis meses después de comenzar la relación, por una razón de lo más miserable: vivía en un pueblo de la carretera de la Coruña, y me daba auténtica pereza coger el autobús cada sábado para ir a verla. Cada sábado, porque ni siquiera hacíamos intención de vernos entre semana. Así de crudo y así de triste, amigos. Llegó un momento en el que me excusaba cada sábado para no ir, alegando peregrinas razones de estudios o de cualquier otra naturaleza. Por aquel entonces yo no tenía coche, y ella tampoco estaba muy dispuesta a venir a Madrid. De hecho, creo que a ella le daba más pereza venir a Madrid que a mí visitarla en su pueblo, pero eso no era razón para dejar la relación. El caso es que, cuando ya llevaba más o menos tres semanas dándole excusas para no ir a verla, pensé que estaba haciendo el gilipollas, que resultaría más noble por mi parte confesarle que me daba pereza seguir con lo nuestro. Al cuarto sábado quedamos, le dije lo que me ocurría, y dejamos de salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con Pilar me ocurrió algo parecido. Creo que también tiene algo que ver con mi forma de ser, bastante extraña si la comparamos con la forma de ser de la mayoría de la gente. En mi caso, tiene que ver con el gusto por mi soledad. Jamás me he encontrado incómodo por tener que pasar un fin de semana sin salir. Algo tendrá que ver con la cantidad de veces que he tenido que quedarme en casa por cuestión de estudios. Ese placer ante mi soledad me ayudó mucho en la fase en la que trabajaba fuera de Madrid, ya casado con Pilar. Prefería irme a casa al terminar la jornada laboral, y disfrutar de un buen libro, una buena película o, simplemente, remoloneando en el sofá con la caja tonta encendida, antes que ir de bares con los compañeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que no soy nada gregario, a menos que me interese mantener la amistad o el simple contacto con una o a lo sumo dos personas de un grupo, bien por afinidades culturales o sentimentales. Ahora que lo pienso, a Pilar debía de ocurrirle algo parecido, porque casi nunca hemos mantenido un grupo grande de amigos, quitando las salidas que hacíamos de vez en cuando con los padres de compañeros de colegio de Sergio. Nos hemos sentido mucho más cómodos con poca gente, una o dos parejas a lo sumo. Cada vez que un acontecimiento familiar nos reunía en manada, nos las arreglábamos para coincidir con los que más afinidad tuviéramos. Nada del otro mundo, creo, pero también conozco a mucha gente a la que le encanta la bullanga, la jarana y juntarse con mucha gente. No era nuestro caso, os lo aseguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin saber muy bien porqué, e influenciado sin duda por mi patética situación sentimental, empecé a intuir que aquello empezaba a aburrirme. El problema era que, en esta ocasión, me había topado con alguien que realmente merecía la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un sábado que me encontraba cansado, y con más ganas de quedarme en casa que de salir a la calle, llamé a Pilar para anular la cita que habíamos acordado el viernes. Aceptó sin demasiado entusiasmo por su parte, pero el caso es que aceptó. Después de vernos durante un par de días de la semana siguiente, llegó el sábado, y me inventé otra excusa para quedarme en casa holgazaneando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esta vez, amigos, la buena de Pilar no aceptó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no solo no aceptó, sino que me soltó una sarta de reproches que me hicieron sentirme gusano por primera vez en mi vida. En su tono, bajito, sin alzar para nada la voz, me llamó de todo menos bonito. Creo que jamás he mantenido una conversación tan dura con nadie en toda mi vida, ni siquiera en mi trabajo, lugar en el que las conversaciones duras están a la orden del día. Yo escuchaba sin saber qué decir, porque no tenía argumentos para rebatir nada de lo que Pilar me estaba diciendo. Por resumir un poco la filosofía de lo que hablamos (de lo que hablaba ella, más bien, porque a mi solo me dejaba decir “sí, es verdad” de vez en cuando), os diré que me hizo ver que no se podía jugar con una persona de la manera en que lo estaba haciendo yo de un par de semanas para acá, más o menos. Que para jugar, me comprara un mono, y que me olvidara de ella si seguía por ese camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al colgar el teléfono, además de la hostia verbal que había recibido, y del dolor de cabeza y de brazo que tenía (imaginaos una conversación en plena tensión de más de media hora de duración), sentí, como en una especie de fogonazo, que por primera vez en toda mi vida me había encontrado con una mujer que me gustaba, pero que me gustaba de verdad, a todos los niveles, capaz de reír cuando se trataba de reír, y de echar una bronca que te cagas, sin mover una pestaña, cuando de lo que se trataba era de eso. Pilar me demostró, con una simple charla telefónica, que respetaba la sinceridad por encima de todo, y que si por culpa de esa sinceridad tenía que romper su relación conmigo, lo haría sin dudar ni un momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé a respetarla. Seguía enamorado, pero además la respetaba. No sé si me entendéis lo que trato de decir. Muchas relaciones están basadas en la costumbre, o incluso, en muchos casos, en la dependencia de uno hacia el otro. “Es que fulanito, o fulanita, es un auténtico desastre”, habréis escuchado miles de veces. Suele encontrarse poco respeto en muchas relaciones, y estoy convencido de que, en nuestro caso, el respeto comenzó aquella tarde de sábado, en la que pretendía escaquearme dando una excusa absurda. Las zalamerías, los peluches, los besitos y los corazoncitos rojos flotando en el ambiente dieron paso a una relación mucho más seria, más profunda y más intensa por parte de los dos. Habíamos empezado a intimar de verdad, a conocernos como personas, con nuestras debilidades, nuestras grandezas y nuestras miserias. Por primera vez descubrí la madurez, la importancia de una relación de verdad. Pilar me pareció tan soberbia, tan sincera en aquel momento de dolor para mi, que supe que era la persona con la que deseaba compartir el resto de mi vida. Así de simple, y así de sencillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni que decir tiene que aquel sábado me vestí deprisa y corrí a verla, con la seguridad de que había comenzado algo realmente serio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-8080820158489406768?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/8080820158489406768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/8080820158489406768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/03/el-comienzo-de-algo-serio.html' title='El comienzo de algo serio'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/Sa8F306JV6I/AAAAAAAAAqM/2TEaTn1sBZ4/s72-c/escanear0011.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-1917997007499483215</id><published>2009-02-25T13:50:00.000-08:00</published><updated>2009-02-25T13:55:15.761-08:00</updated><title type='text'>Felicidades</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SaW-K5CQ2OI/AAAAAAAAApc/WujAC9_BShA/s1600-h/Rosa-naranja-rafax.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5306856830244280546" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SaW-K5CQ2OI/AAAAAAAAApc/WujAC9_BShA/s400/Rosa-naranja-rafax.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Los cumpleaños de Pilar no se celebraban de una manera normal, como los de la mayoría de la gente normal. Eran más parecidos a una fiesta de varios días, tipo Pascua, Semana Santa, o Navidad. La razón por la que digo esto es muy simple: hacíamos varias celebraciones, porque uno de los pocos dogmas de fe que hemos mantenido a lo largo de nuestra trayectoria juntos, ha sido siempre el de no mezclar, ni bebidas, ni amistades, ni familiares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa filosofía nos obligaba a mantener la costumbre de celebrar el cumpleaños en varias fases. Si el 28 de febrero caía en un día normal, entre semana, se celebraba la ceremonia más entrañable, con sus padres, Sergio cuando llegó, y yo, comiendo en casa, la consiguiente tarta o unos pasteles, y los regalos. Los regalos, se entiende, que le hacíamos sus padres y yo, porque el resto de la familia se los hacía el primer fin de semana que hubiera después del día del cumpleaños propiamente dicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Pilar le encantaba que le hicieran regalos. Le resultaba imposible disimular la alegría que sentía cuando alguien le entregaba algo envuelto en papel de regalo. Creo que no he conocido a otra persona que disfrutara tanto abriendo envoltorios. Reía entusiasmada, como una niña pequeña, descubriera lo que descubriera en el interior del paquete. Agradecía con la misma sonrisa un reloj fashion, un bolso, o un chisme para dar masajes en el cuello. Bueno, este último engendro, que le regalé yo (¿quién si no podría regalar otra tontería semejante?), lo cierto es que acabó devolviéndolo, porque al primer masaje le salieron unos ronchones en el cuello que tardaron varios días en desaparecer. Era capaz de estar todo el santo día indagando, preguntando a unos y a otros qué le iba a caer, y hasta mirando en los armarios para ver si descubría los paquetes. Una vez la descubrí haciendo esto, y se puso roja como un tomate. En otra ocasión, descubrió lo que había dentro del paquete agitándolo. Pilar era, en definitiva, una experta en el asunto de los regalos. Resultaba siempre muy agradecida, era un verdadero placer regalarle lo que fuera, cualquier cosa, una tontería. Ella sonreía y se alegraba como si le hubieran regalado el diamante más famoso del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día del cumpleaños, el 28 de febrero, el teléfono comenzaba a sonar a primera hora de la mañana, y ya no paraba en todo el día. Era algo increíble. De su familia llamaban prácticamente todos. Yo nunca había visto nada igual. Acostumbrado como estoy a que mis cumpleaños pasen sin pena ni gloria, alucinaba cuando veía a Pilar todo el santo día pegada al teléfono, con esa sonrisa y esa bondad que mostraba siempre cuando hablaba con alguien. No solo recibía llamadas de la familia. Amigos, vecinos, compañeros de trabajo... Todo el mundo se acordaba perfectamente del cumpleaños de Pilar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fin de semana siguiente se celebraba la segunda parte de la ceremonia, con mi familia, y a veces la suya si no se había podido celebrar el día del cumpleaños propiamente dicho. Normalmente se hacía una comida o una cena, normalmente en casa, con platos preparados por Pilar, que era una gran cocinera, como ya sabéis muchos de vosotros, y especialmente los que habéis tenido la oportunidad de comprobarlo. La celebración acababa de la misma manera que la del día oficial, con la entrega de regalos, si es que habíamos podido contener el nerviosismo de Pilar. En muchas ocasiones no nos fue posible, y Pilar estaba ya abriendo regalos antes de que los invitados terminaran de quitarse los abrigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los dos días del fin de semana siguiente lo reservábamos para celebrar el cumpleaños con las amistades. En esta ocasión, sobre todo al principio, solíamos hacerlo fuera, en alguna terraza de el Pardo, un lugar al que solíamos ir bastante, influenciados por Montse y su novio Javier, a los que les gustaba bastante aquel pueblo. En los últimos años nos las arreglábamos para hacer coincidir dos celebraciones de cumpleaños, la de Pilar y la de nuestro amigo Jose, que cumple los años muy poco después de Pilar. Tengo muy recientes en la memoria las maravillosas comidas y cenas que hacíamos en casa de Loli y Jose, o en la nuestra, que se prolongaban hasta altas horas de la madrugada, y en las que no dejábamos de reír durante ni un solo segundo, fuera a costa de lo que fuera, normalmente a costa de los años cumplidos por Pilar y Jose. Loli le cogió enseguida el truco a Pilar, y puedo decir con autoridad que los regalos que le hacía siempre le han encantado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He celebrado con Pilar veinte cumpleaños, ni uno más, ni uno menos, y de los veinte guardo algún recuerdo, alguna sensación, alguna alegría o alguna pena, si no estaba en casa, como ocurrió varias veces durante los años en los que trabajé fuera de Madrid. Una pena efímera, porque sabía de sobra que el fin de semana llegaría la celebración multitudinaria del acontecimiento. Han sido veinte cumpleaños llenos de regalos, de besos, de agradecimientos, de llamadas telefónicas, de felicitaciones, de abrazos y de felicidad. Han sido también veinte cumpleaños llenos de flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer año que Pilar celebró su cumpleaños conmigo, cuando apenas habíamos empezado a salir, se las arregló para insinuarme que le encantaban las orquídeas. Aquello marcó una costumbre que ha perdurado hasta el final: el regalo de flores. Las primeras orquídeas, que hacían su aparición en su cumpleaños, en San Valentín, en el día del Pilar y en cualquier otra ocasión en la que se me ocurriera, dieron paso a las rosas, a los ramos de flor variada y, en una ocasión, a un ramo de tulipanes que no nos duró ni tres días. En Navidad, siempre había en casa una flor de pascua, la mayor parte de las veces adquirida por su madre. El ritual era siempre el mismo: Pilar se emocionaba al recibir el ramo, y después me pedía que me subiera al sofá a coger el jarrón que teníamos en la zona más alta de la librería. Un poco de agua, y el ramo presidía la mesa durante todo el tiempo que duraba. La forma de recibir el ramo también era casi siempre la misma: lo encargaba en la floristería de turno, y se lo enviaban a casa a media mañana, normalmente con una tarjeta mía en la que le decía una de esas frases, más o menos cursis, que se suelen decir cuando se regala un ramo de flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estés donde estés, Pilar, te deseo que pases un feliz cumpleaños.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-1917997007499483215?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/1917997007499483215'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/1917997007499483215'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/02/felicidades.html' title='Felicidades'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SaW-K5CQ2OI/AAAAAAAAApc/WujAC9_BShA/s72-c/Rosa-naranja-rafax.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-2151795534349493640</id><published>2009-02-18T11:58:00.000-08:00</published><updated>2009-02-18T12:05:53.121-08:00</updated><title type='text'>El amigo hipopótamo</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SZxqEaXjYxI/AAAAAAAAApM/AM4PkfFdD_4/s1600-h/escanear0010.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5304231085165732626" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 266px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SZxqEaXjYxI/AAAAAAAAApM/AM4PkfFdD_4/s400/escanear0010.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Eramos jóvenes, maduros, trabajábamos, los dos teníamos un sueldecito (bastante más alto el de Pilar que el mío, todo hay que decirlo), estábamos empezando una relación... Pero sobre todo, y por encima de todo, éramos novios, y ya se sabe que los novios, a pesar de todo lo anterior, hacen muchas tonterías, “muchas tontunas”, como nos decían nuestros mayores, y la historia que voy a contaros hoy no es más que eso, una tontuna, una de esas “regresiones a la infancia” que solo tienen los enamorados. Los recién enamorados, para matizar un poco más la cuestión. Seguro que a todos vosotros os ha ocurrido alguna vez algo parecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que solíamos frecuentar bastante también el VIPS de López de Hoyos situado en la zona de López de Hoyos antes de cruzar la M-30, en un amplio bulevar en el que se puede aparcar en batería si es que tienes la suerte de encontrar sitio. No había día que entráramos VIPS sin salir con alguna chorrada, ya fuera en forma de libro, en forma de cinta de casette (eran otros tiempos. No existía el mp3 ni nada que se le pareciera), en forma de cd o en forma de esas chorradas que solo venden en el VIPS, tipo lamparita en forma de cerdito, bolso en forma de caja de caudales y muchas otyras de las que ahora no me acuerdo, pero que si vais a un VIPS sabréis identificar perfectamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el VIPS sufrió Pilar por primera vez mi marcada tendencia a la compra compulsiva de libros de todo tipo. Por aquel entonces comenzaba Taschen su andadura de libros de pintores a precios irrisorios, y cuando yo no me compraba uno de Magritte o de Escher, me lo regalaba Pilar al día siguiente. Pilar me perdonaba un vicio que después, con el paso de los años, me afeaba con esa delicadeza suya que la caracterizaba. Si al principio jaleaba, e incluso contribuía a alimentar esa obsesión mís por el aspecto y el olor del papel impreso, llegó un momento en que cada vez que me veía llegar a casa con un libro, me regañaba, más que nada porque cada vez teníamos menos sítio en casa para colocarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en fin, no adelantemos costumbres y actitudes a las que ya les llegará su momento en este blog. Un buen día, en una de las zonas del VIPS dedicada a todo tipo de articulos (juguetes, casettes con forma de coche americano, botes de Coca-cola que bailaban, trajecitos de lagarterana...), apareció, colgado sobre nuestras cabezas, un gigantesco hipopótamo de color verde claro, confeccionado con una especie de lona ligera, de más de un metro de largo y de cerca de un metro de alto. Una mole, vaya, con una cara más o menos graciosa gracias a unos enormes ojos de plástico que le conferían una mirada simpática. Nada más verlo, Pilar emitió una exclamación de admiración. La verdad es que, los primeros días, todo el mundo se quedaba mirando al verdoso hipopótamo. Ahora es muy normal ver en las tiendas de juguetes tigres, jirafas y elefantes de peluche de gran tamaño, pero en aquella época era toda una novedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos bastante tiempo viendo aquel monstruo, y cada una de las veces, Pilar decía que era muy bonito. Su expresión se hacía cada vez más triste, o eso nos parecía a nosotros. Supongo que era porque todo el mundo lo miraba, pero nadie lo compraba, por su descomunal tamaño, unido al hecho de que el bicho cuestión costaba la friolera de quince mil pesetazas. Una salvajada, pero por aquel entonces los chinos todavía no habían arrasado el mercado de los peluches con sus buenos precios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que fue para su primer cumpleaños, o para el día del Pilar, o simplemente porque se me cruzó un cable, pero el caso es que un buen día, un sábado, me pasé por el VIPS de López de Hoyos para comprar el puñetero hipopótamo. Lo peor no fue soltar las quince mil pesetazas (una quinta parte de mi sueldo) sin que apenas me temblara la mano, ni esperar en el centro de un corrillo de espectadores a que un par de empleados bajaran aquella mole del techo con la ayuda de una escalera. Lo peor fue recibir el hipopótamo de manos de aquellos empleados, cogerlo en mis brazos, atravesar el VIPS bajo la sonriente mirada de los privilegiados que estaban allí contemplando a un hipopótamo llevar a otro hipopótamo bajo el brazo y, sobre todo, meterlo, literalmente a presión, en el asiento del conductor de mi Peugeot 205, proporcionándoles un espectáculo gratuito a todos los que en aquel momento paseaban por el bulevar, que eran bastantes debido al buen tiempo que hacía aquella tarde. De camino a casa de Pilar, me paró un guardia, y al comprobar que lo que él había tomado por un pasajero con un vestido verde con la cabeza pegada al parabrisas, era en realidad un enorme hipopótamo, empezó a reír sin poder contenerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segunda parte vino cuando bajé del coche, cogí a la criaturita y, con ella en brazos, llamé al portero automático de mi novia. Recé para no encontrarme con nadie, pero justo a esa hora debieron de dar la salida, porque seis o siete vecinos corearon con gracia mi aspecto de vendedor de peluches a domicilio. Pilar se entusiasmó al recibir el hipopótamo en sus brazos. Por suerte, su relleno Era muy ligero, como pudimos comprobar en las ocasiones posteriores en las que al bicho le daba por irlo soltando, y se podía manejar más o menos bien. Pesaba poco, pero abultaba mucho, y era muy complicado abarcarlo con las manos. Después de barajar diversas opciones, Pilar decidió colocarlo en un rincón de su dormitorio, como un mueble más. Eso es lo que era. Un mueble. Un mueble inútil, porque ocupaba lo mismo, pero no servía absolutamente para nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El entusiasmo inicial de Pilar se fue enfriando a medida que tenía que ir cambiando el hipopótamo de lugar para poder acceder a los diferentes armarios. Con el tiempo, la alegría que nos había proporcionado aquel bicho se fue transformando en aburrimiento ante su presencia. Todo al principio es belleza, pero hasta la belleza aburre si se contempla todos los días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hipopótamo recuperó algo de su importancia inicial cuando Sergio empezó a corretear por la casa. Le gustaba tirarse de cabeza contra el hipopótamo, aún a riesgo de partirse la crisma si por una casualidad del destino fallaba la trayectoria. Jugaba con el, de una forma tan vehemente, que en una ocasión le arrancó uno de sus grandes ojos de plástico. Empezó así la decadencia de nuestro querido hipopótamo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca supimos exactamente lo que le ocurrió a nuestro amigo. Le llevamos a Granada, a un piso que compramos en el 91, y cuando vendimos el piso, allá por el 2000, nuestro pobre hipopótamo se quedó allí. Había dejado de gustarnos, por aquello de lo descomunal de su tamaño, pero tampoco nos atrevíamos a tirarlo abiertamente, por aquello de que nos recordaba nuestros comienzos como pareja y la alegría con la que lo habíamos recibido entre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que todo fluye, nada permanece, y que en un momento dado se pueden hacer tontunas que después, al recordarlas, despiertan una sonrisa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-2151795534349493640?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/2151795534349493640'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/2151795534349493640'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/02/el-amigo-hipopotamo.html' title='El amigo hipopótamo'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SZxqEaXjYxI/AAAAAAAAApM/AM4PkfFdD_4/s72-c/escanear0010.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-2354840901477908220</id><published>2009-02-11T12:27:00.000-08:00</published><updated>2009-02-11T12:49:39.349-08:00</updated><title type='text'>El hombrecito del frac</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SZM3RbxJ_hI/AAAAAAAAAo8/GRw4eCgOz-Y/s1600-h/pilarescanearA0002.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5301641958996442642" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 291px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SZM3RbxJ_hI/AAAAAAAAAo8/GRw4eCgOz-Y/s400/pilarescanearA0002.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SZM2rN8sosI/AAAAAAAAAo0/d22r1tE5fgY/s1600-h/escanear0005.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Aparte de nuestras andanzas con el pulpo y el ribeiro, al poco tiempo de empezar a salir descubrimos un pub nuevo, situado al lado de la calle Añastro, en las cercanías del Elkes. Se trataba de un local bastante grande, lleno de dependencias aisladas, bastante oscurito para nuestro gusto, que era básicamente lo que buscábamos, y con música de los ochenta, de esa que nunca morirá. Nos gustó mucho. Los primeros días venía a saludarnos el mismo dueño del local, un individuo bastante curioso, parecido a Jose Luis Uribarri, pero en una escala más pequeña. Debía de medir como un metro cincuenta o algo así, y casi siempre le vimos de smoking o frac, muy elegante, algo que no nos cuadraba mucho ni con la música ni con la estética de la gente que frecuentaba el local, pero bueno, nos gustó, y nos apalancamos, como era nuestra costumbre cuando nos agradaba algún lugar en concreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bar se llamaba “Yuppi”, “Chupi”, o algo así, no lo recuerdo. Fue en ese pub donde, apenas un par de semanas después de empezar a salir, Pilar sintió la necesidad de sincerarse conmigo, y me contó que había tenido algunas relaciones antes de lo nuestro, cosa que le agradecí, por el arranque de sinceridad que tuvo al contármelo, pero que en realidad no me importaba en absoluto. Yo le conté también mis sublimes y patéticos noviazgos anteriores, nos reímos un rato, y nos olvidamos para siempre del tema. Creo que resultó positivo que ambos hubiéramos tenido experiencias previas, porque nos ayudó a encajar mejor el uno con el otro prácticamente desde el primer momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esas estábamos, confesándonos mutuamente nuestros escarceos amorosos por esos mundos de Dios, cuando la miniatura de Uribarri se acercó a nuestra mesa. “¿Qué tal, chicosss?”. Lo pronunciaba así, dilatando la “s”, como esas locutoras de radio que parece que silban cuando hablan. Después de alabarle nosotros las excelencias del local y la comodidad de sus mullidos sofás, el hombre pareció querer entrar en algo más de profundidad, y nos preguntó que donde vivíamos, que qué nos apetecía más de beber, que cuales eran nuestros aperitivos preferidos, a todo lo cual le íbamos contestando con nuestra educación habitual (eso es algo que siempre hemos tenido Pilar y yo, excepto cuando una situación surrealista nos ha obligado a perder los estribos), y con una sonrisa de oreja a oreja. El buen hombre, que era el colmo de la amabilidad al principio, y que supongo que lo que estaba haciendo era un estudio de mercado tipo Burger king, similar al de esos hipermercados en los que la cajera te pregunta tu código postal, fue distanciándose cada vez un poco más a medida que el local se le iba llenando cada tarde de clientes. Clientes que, para nuestra sorpresa, eran cada vez más jóvenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca sabremos lo que le mosqueó a aquel hombre de nosotros. Pudo ser el hecho de que Pilar y yo nos tiráramos toda la santa tarde con una Coca-cola cada uno (que por cierto, eran bastante baratas). Pudo ser también, lo he pensado alguna vez, que nuestras excesivas efusiones amorosas (nos enganchábamos el uno al otro en un fuerte beso desde que nos sentábamos hasta que nos levantábamos para irnos, con las esporádicas pausas necesarias para darle un trago al vaso, o para comernos un puñado de aperitivos) le parecieran poco procedentes, sobre todo si tenemos en cuenta la cada vez más incipiente juventud y gregarismo de los otros clientes, que se reunían en grupos como mínimo de cinco o seis personas. Pudo ser también que aquel hombre fuera una especie de precursor de los actuales gorilas que no te dejan pasar a un local por mucho que te maquees, y que quisiera para su clientela una estética bastante más llamativa que la vestimenta de after-normal que solíamos llevar Pilar y yo, y sobre todo yo. No lo sabemos, ni lo sabremos nunca, pero el caso es que, a medida que pasaban el tiempo y las semanas, dejamos de escuchar ese “¿Qué tal, chicosssss?” tan entrañable de los primeros días, y de la sonrisa, el pequeño Uribarri pasó a una tensa frialdad que, por supuesto, nos hubiera importado un carajo si no hubiera estado acompañada de un bajón tanto en la calidad como en la cantidad de los aperitivos que nos servía personalmente aquel buen hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio, motivo por el cual decidimos que aquel era un buen lugar al que acudir, nos sacaba platitos de ensaladilla rusa, boquerones en vinagre, aceitunas, anchoas sobre pimiento y un trocito de pan, y hasta platitos de anacardos, un fruto seco que por aquel entonces comenzaba a conocerse por estos pagos, o eso creíamos nosotros. A medida que se iba enfriando la relación, desaparecieron los aperitivos. Otra de las razones que se me ocurren para que el pequeño Uribarri empezara a racanear es que en realidad ya se había hecho una clientela, y nunca se encontraba con el local vacío, incluso, y eso es un mérito que hay que reconocerle a aquel pub, los días de diario, cuando el resto de locales estaban más tristes y solitarios que un tablao flamenco a las diez de la mañana. Suele ocurrir con todos los bares y restaurantes que en el mundo han sido. Tienen un periodo de subida y otro de bajada, de decadencia, de “rise and fall”, que dicen los ingleses. Eso ocurre mucho con los restaurantes a los que acuden los obreros de la construcción. Incomprensiblemente, el dueño del local, cuando ya lo tiene lleno todos los días, empieza a bajar la calidad, para sacarle más pasta al negocio. Un suicidio comercial que nunca he entendido, pero que se suele dar con bastante más frecuencia de la que sería deseable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que los anacardos, la ensaladilla rusa y las anchoas fueron sustituidos, sin ningún miramiento, por un insignificante platito de panchitos, y no de la mejor calidad, precisamente. La naturaleza de aquellos panchitos, cada vez más revenidos, era directamente proporcional al desapego del dueño, que dejó de acercarse por completo a nuestra mesa. Nuestros últimos días en aquel lugar los pasábamos, abrazados, eso por supuesto, observando las idas y venidas de aquella especie de maestro de ceremonias, que disfrutaba con la espectacular subida de su negocio sin importarle un carajo los clientes más antiguos. La gota que colmó el vaso se produjo una tarde en la que nos colocó delante dos coca-colas, sin el hielo ni el limón acostumbrados, y ni siquiera se dignó a traernos el miserable plato de panchitos rancios al que ya nos habíamos acostumbrado (a la fuerza ahorcan, que se dice por ahí). Pilar y yo intercambiamos una simple mirada, como siempre, nos tomamos las coca-colas casi de un trago, pagamos y nos fuimos, a la búsqueda de nuevos horizontes en los que se pudiera picotear de un modo más abundante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como ya era nuestra costumbre, jamás volvimos al pub “Yuppi”, “Chupi” o como quiera que se llamase aquel local. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-2354840901477908220?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/2354840901477908220'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/2354840901477908220'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/02/el-hombrecito-del-frac.html' title='El hombrecito del frac'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SZM3RbxJ_hI/AAAAAAAAAo8/GRw4eCgOz-Y/s72-c/pilarescanearA0002.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-3201970800676098235</id><published>2009-02-03T13:08:00.001-08:00</published><updated>2009-02-03T13:11:35.639-08:00</updated><title type='text'>Dos ribeiros y una de pulpo</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SYiy-HlZgtI/AAAAAAAAAos/8XYurPVf6ys/s1600-h/pilar2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5298681741858931410" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 359px; CURSOR: hand; HEIGHT: 304px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SYiy-HlZgtI/AAAAAAAAAos/8XYurPVf6ys/s400/pilar2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Al día siguiente, Pilar se presentó con abrigo blanco muy elegante, y nada más verme me soltó un beso. Nos cogimos del brazo y nos dirigimos hacia la calle Zurbano, sin rumbo fijo, a la búsqueda de algún bar para tomar algo. Resulta curioso, recordándolo ahora, que no estuviéramos cansados en absoluto, a pesar de trabajar los dos en aquella durante casi diez horas diarias, hasta las siete o las siete y media de la tarde. No nos importaba en absoluto. Quedábamos todos los días, y nos movíamos por la zona de Santa Engracia y calles aledañas, porque la zona en la que trabajaba Pilar, la colonia del Viso, estaba bastante despoblada de pubs y bares para comer algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Zurbano descubrimos un pub cerca de la embajada inglesa, creo recordar. Nos sentamos y pedimos algo de beber, mientras Pilar me contaba que en su trabajo le habían descubierto enseguida en la cara que estaba saliendo con alguien. “Maite, nada más verme, me lo ha dicho: qué contenta se te ve hoy”. Pilar era muy expresiva, todos los que la conocisteis lo sabéis de sobra. Se le notaba enseguida, sin que dijera nada, si estaba molesta, alegre, radiante, triste o simplemente aburrida. Mientras me contaba aquello, su cara reflejaba exactamente la misma expresión que le había descubierto la tal Maite aquel mismo día por la mañana. Disfrutaba rememorando el momento en el que su compañera había descubierto que tenía algo que contar. Finalmente, se había visto obligada a dar explicaciones, y les dijo a sus compañeros que estaba saliendo con un chico bastante simpático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A aquellas alturas, después de más de dos meses de relación, prácticamente nos lo sabíamos todo el uno del otro, al menos en lo que se refería a circunstancias laborales, familiares y lúdicas. Había llegado el momento de conocernos un poco mejor, pero la verdad es que los primeros días hablábamos bastante poco, por no decir nada. Nos fundíamos en interminables besos y arrumacos, como si quisiéramos recuperar el tiempo perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pilar me llevó uno de aquellos primeros días, una tarde en la que me había llevado el coche, a un bar que todavía existe, el “Elke´s”, en la calle Añastro, un lugar en el que preparaban unos zumos de muerte, en copón gigante, con los ingredientes que quisieras. Resulta curioso que muchos de nuestros amigos de aquella época y posteriores respondían con un “Ah, sí, el Elke´s”, cuando les hablábamos de la panzada de zumos que nos dábamos un día sí y otro también. Si nos habíamos quedado con hambre, nos metíamos entre pecho y espalda un cruassán relleno de jamón y queso en una cafetería situada un poco más arriba en la misma calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras veces nos quedábamos por la zona del Canal de Isabel II, y más concretamente en un bar regentado por una pareja gallega situado en una de las calles perpendiculares a Santa Engracia. La historia de este bar es bastante curiosa. Normalmente, nada más vernos, a eso de las siete o las siete y media, nos íbamos a un pub, a tomar un par de coca-colas o unas cervezas, y a eso de las diez, las diez y media y en algunas ocasiones incluso las once de la noche, nos presentábamos en el susodicho bar, con más hambre que un par de lobos, para pedirnos, y esto creo que fue desde el primer día, una ración de pulpo a la gallega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio, la mujer, que era la que cocinaba, no hacía ningún gesto, pero al repetirse la jugada durante tres o cuatro días, empezó a mostrar su fastidio, supongo que por tener que ponerse a preparar una ración de pulpo a la gallega a tan altas horas de la noche, y un día de diario, además, en el que normalmente el local estaba vacío o con los últimos parroquianos. Recuerdo que sentíamos algo de remordimiento ante los cada vez más manifiestos gestos de fastidio de la mujer, pero como nos gustaba mucho el pulpo a la gallega, volvíamos cada día. “Buenas noches. Dos ribeiros y una de pulpo a la gallega, por favor”, era nuestro saludo al marido –en realidad no sabíamos si eran marido y mujer, pero como en el noventa por ciento de los locales regentados por gallegos es esa la costumbre, decidimos que aquel bar no iba a ser menos-. El marido miraba entonces a su mujer, con ojillos de cordero y una sonrisa dibujada en los labios, y era entonces cuando ella bufaba, muy leve los primeros días y descaradamente después. Tardaba poco en preparar la ración de pulpo, y menos nosotros en devorarla, sin intercambiar a penas una palabra, ni entre nosotros ni entre tan entrañable pareja. Terminábamos de bebernos el vino, pagábamos religiosamente, y hasta el día siguiente. Una vez, mientras arrancaba el coche, observé a través del espejo que la pareja salía del bar y echaba el cierre, lo que me terminó de concebir la idea de que realmente estaban deseando que nos fuéramos para descansar. No por ello dejamos de acudir a nuestra cita diaria. El pulpo a la gallega que preparaba aquella mujer estaba de muerte. Hasta que ocurrió lo que ocurrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pilar y yo contábamos esto como anécdota, para justificar lo radicales que podíamos llegar a ser cuando algo no nos cuadraba. El caso es que, un buen día, llegamos al bar de los gallegos, como tantas otras veces, y como tantas otras veces, pedimos los dos ribeiros y la ración de pulpo a la gallega. El marido miró a la mujer, como siempre, pero en esta ocasión, la buena señora no bufó, como era su costumbre. Sonrió a su vez, y nos dijo “no me queda pulpo”. Pilar y yo sentimos que algo se hundía bajo nuestros pies. ¡!No le quedaba pulpo!!. Sin decirnos una palabra, sabíamos los dos lo que estábamos pensando. “Pues nos vamos”, le dijimos al hombre. “¿Cómo que se van –dijo la mujer-. Tengo otras cosas. Lacón con grelos, codillo con cachelos... Hoy he preparado una empanada de zamburiñas que está de muerte”. Nada. No hubo manera. A pesar de que los platos que nos nombraba aquella desesperada mujer estaban tan buenos o más que el pulpo a feira, como pudimos comprobar años más tarde durante nuestra estancia en Santiago de Compostela, estábamos tan dolidos en aquella ocasión por no haber podido cenar nuestro pulpo, que abandonamos el local sin ningún tipo de complejo. Y no fue eso lo peor. Lo peor fue que jamás volvimos. No me preguntéis porqué. Supongo que el atontamiento que producen los primeros días, meses y años de noviazgo en algunos casos, tuvo bastante que ver con aquella drástica decisión, pero la cuestión es que jamás volvimos a aquel bar, del que a día de hoy ignoro por completo si todavía existe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue una pena, porque aquel pulpo a feira estaba de muerte, os lo aseguro &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-3201970800676098235?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/3201970800676098235'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/3201970800676098235'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/02/dos-ribeiros-y-una-de-pulpo.html' title='Dos ribeiros y una de pulpo'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SYiy-HlZgtI/AAAAAAAAAos/8XYurPVf6ys/s72-c/pilar2.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-2272088034977754655</id><published>2009-01-27T12:43:00.000-08:00</published><updated>2009-01-27T23:25:35.094-08:00</updated><title type='text'>La noche mágica</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SX90mObkhxI/AAAAAAAAAok/bMmQ3crAn5E/s1600-h/DSCN1326.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5296079886868580114" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SX90mObkhxI/AAAAAAAAAok/bMmQ3crAn5E/s400/DSCN1326.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Aquel domingo en el que fuimos a la presa del Atazar lo pasamos Pilar y yo prácticamente juntos y solos, a pesar de estar rodeados de amigos. Tanto Javier como Montse debieron de darse cuenta de que aquello iba por buen camino, porque la mayor parte de las veces nos dejaban atrás, supongo que en una especie de maldad que urdieron para que pasáramos más tiempo charlando. El día transcurrió deprisa. Comimos fuera a base de bocadillos, tortillas de patata y pimientos fritos, no recuerdo muy bien si en Patones de arriba o en Patones de abajo. Al final del día, acompañé a Pilar a su casa, y fue entonces cuando comenzó a llover, una tormenta que se había barruntado a lo largo de todo el día, pero que había esperado pacientemente a desatarse con toda su intensidad a que llegáramos a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que confesar públicamente que aquel lunes, al día siguiente, jugué con ventaja, porque seguía lloviendo. Y me explico: Pilar odiaba la lluvia, y era capaz de anular una cita si el cielo estaba plomizo, por si acaso. Por eso, cuando la llamé desde el trabajo para quedar con ella, y me dijo que sí, a pesar de la lluvia, supe positivamente que tenía bastante campo ganado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos citamos en Alonso Martínez, cerca de la calle Covarrubias, donde yo trabajaba. Se presentó guapísima, con un abrigo azul que desapareció algunos años más tarde, y un paraguas del mismo color. Estaba un poco acelerada, porque la lluvia en aquel momento caía con mucha intensidad. Decidimos ir a tomar algo a la cafetería Riofrío, cerca de Colón, y hacia allí nos dirigimos, cogidos del brazo, y sin que nos importara un carajo la lluvia que nos rodeaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en la cafetería empezamos a recordar la jornada anterior, a comentar la comida, las diferentes anécdotas que nos habían ocurrido, y los consabidos comentarios referentes al grupo de amigos en el que nos estábamos moviendo. Que si tal parece que le gusta a cual, que si Roberto, que si Montse, etc, etc. Lo normal, pero con una alegría y una complicidad que aún hoy me sigue sorprendiendo. Todos los que conocisteis a Pilar sabéis de sobra que, además de buena persona, tenía una psicología fuera de lo común, y veía cosas en el grupo de amigos que a mi se me escapaban por completo, entre otras razones porque siempre he sido muy distraído para esas cosas, y como razón principal, porque la que me interesaba era ella, y nadie más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo pasaba, pero no nos dábamos cuenta. No nos olvidemos de que era lunes, que los dos trabajábamos, y que el día anterior nos habíamos dado una soberana paliza siguiendo por esas carreteras de Dios a los locos del Rally Valeo. Supongo que estábamos cansados, pero no nos dábamos cuenta. Creo que era la primera vez que quedábamos los dos solos, pero lejos de tener la timidez que me había dado en otras muchas ocasiones al quedar con una chica a solas, en esta ocasión me encontraba completamente en mi salsa, y tenía la sensación de que a ella le ocurría exactamente lo mismo que a mi. Estábamos cómodos, en una palabra, y sin que casi nos diéramos cuenta nos dieron las diez de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando le propuse que nos fuéramos, Pilar sacó de su bolso un regalo para mi. Siempre fue muy detallista, conmigo y con todo el mundo, y aquel fue el primer momento en el que me di cuenta de aquello. Me regaló un libro con una tarjeta de esas dedicadas. Sin venir a cuento, porque no era ni mi cumpleaños ni nada que se le pareciera. Con el tiempo he llegado a pensar que la muy tunanta intuía perfectamente que aquella noche iba a suceder algo importante, y se preparó para la ocasión haciéndome un regalo, inaugurando de paso una costumbre que mantuvimos a lo largo de toda nuestra vida juntos: hacernos regalos inesperados, en los momentos más insospechados, y sobre todo durante el tiempo en que fuimos novios. Yo le agradecía el regalo con un beso en la mejilla, y sin más, pagamos la cuenta y salimos de nuevo a la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía una noche especial, o al menos a nosotros nos lo parecía. A pesar de la lluvia, la luz de la ciudad se reflejaba sugerente en las aceras. Era muy tarde para ser lunes, y no había casi nadie en las calles. Nuestros pasos resonaban en el suelo mojado de una forma curiosa, casi mágica. Caminábamos despacio hacia el metro. Sin prisa, riéndonos y comentando el libro que Pilar me acababa de regalar. Había decidido acompañarla hasta su casa, así que cogimos la línea que nos llevaba hasta Diego de León, con la intención de coger después el autobús. Entre semana yo no llevaba el coche al trabajo, ya que resultaba muy complicado aparcar en aquella zona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegamos al andén para hacer trasbordo, nos miramos un momento, sin hablar. Jamás me declaré a Pilar, y ella a mi tampoco. Después nos reíamos bastante de esta circunstancia, y comentábamos que, en realidad, no habíamos formalizado nuestra relación, y que, por lo tanto, podíamos dejarla en cualquier momento sin ningún tipo de remordimiento. Simplemente, en aquel preciso instante, en aquel andén del metro, nos fundimos en un intenso beso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin decir nada, sin ruborizarnos ni uno ni otro, sin estridencias, como todo lo que hacía Pilar, con la suma tranquilidad que la caracterizaba, y que tan bien me supo transmitir en ese y en otros momentos de nuestro tiempo juntos, comenzamos nuestra relación formal. El trayecto hasta su casa, incluido el autobús, se ha difuminado por completo en mi memoria. Me parecía estar viviendo un sueño. Solo recuerdo que desde aquel beso hablamos muy poco, por no decir nada, pero caminábamos abrazados con más intensidad que apenas unos minutos antes. A aquel primer beso le siguieron más, y recuerdo que reíamos como chiquillos. Estábamos muy a gusto el uno con el otro. Creo que eran más de las doce cuando por fin la dejé en su casa. Me despidió con una sonrisa y un saludo con la mano. Una imagen que se ha quedado para siempre grabada en la memoria. El primer día de nuestra relación. Así empezó todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mayoría os puede parecer una tontería todo esto, o algo tan personal que no debería compartirse con nadie. Si lo hago es porque me gustaría haber podido transmitiros una pálida imagen de la sensación que tuvimos tanto Pilar como yo aquella fría noche del año 1987. Eramos felices, y sabíamos de sobra que estábamos comenzando algo importante en nuestras vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que todos vosotros habéis sentido alguna vez ese cosquilleo de felicidad, y si no es así, no sé a qué estáis esperando. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;La fotografía que encabeza esta entrada es una de las más especiales que le haya hecho a Pilar. Es en Lanzarote, algunos años más tarde de esa noche mágica a la que está dedicada esta entrada. Es una fotografía que les gusta mucho a bastantes amigos, como Inma, Loli, Feli y nuestro eterno amigo David, que cada vez que venía a casa se quedaba mirando durante un buen rato el cuadro que hicimos con ella&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-2272088034977754655?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/2272088034977754655'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/2272088034977754655'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/01/la-noche-magica.html' title='La noche mágica'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SX90mObkhxI/AAAAAAAAAok/bMmQ3crAn5E/s72-c/DSCN1326.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-3391642870452050586</id><published>2009-01-21T13:30:00.000-08:00</published><updated>2009-01-21T13:31:55.366-08:00</updated><title type='text'>Conociéndonos</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SXeUPgDkQ-I/AAAAAAAAAnY/w_McNjmzyeA/s1600-h/pilar4.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293862881021150178" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 223px; CURSOR: hand; HEIGHT: 169px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SXeUPgDkQ-I/AAAAAAAAAnY/w_McNjmzyeA/s400/pilar4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Así pues, y después del vuelco que me produjo en el pecho la llamada que me hizo Pilar el miércoles, me fui mentalizando para pasar la tarde del sábado en su casa. Me extrañaba que me hubiera llamado tan pronto, y me extrañaba por la sencilla razón de que yo, cuando quedaba con mis amigos, improvisábamos más o menos una hora antes de vernos. Recuerdo que aquella previsión, la de llamarme tres días antes, me chocó. Una previsión a la que a lo largo de todos estos años me he ido acostumbrando. A Pilar le gustaba organizar las citas, las cenas o lo que fuera, con varios días de antelación. Muy pocas veces hemos improvisado una quedada, a menos que haya surgido el tema de repente, o nos hayamos liado la manta a la cabeza para salir escopetados a algún sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buena parte de la conversación que mantuvimos Pilar y yo consistió básicamente en que me explicara la forma de llegar a su casa. A mi, que vivía en Vallecas, me pareció todo un viaje iniciático llegar a Hortaleza, el distrito en el que ella tenía su casa. A pesar de sus indicaciones, me perdí a partir de la Plaza de Castilla, y estuve dando vueltas un buen rato antes de llegar. No nos olvidemos de que en aquella época no existían los móviles, con lo que la posibilidad de ir utilizándolo en plan GPS a base de llamar a alguien, quedaba descartada. Para mi sorpresa, a escasos metros de su casa pasé por la puerta de un colegio en el que yo había estado sacándome unas perrillas unos cuantos años antes, en el referéndum sobre la OTAN que organizó el PSOE. Ya por aquel entonces me había parecido que aquel colegio estaba en el culo del mundo. Por fin, después de rodear lo que coloquialmente se llamaban antes “las plazas de toros”, y entre las cuales se encuentra ahora ubicado el centro comercial “Gran Vía de Hortaleza”, mi flamante Peugeot 205 rojo y yo conseguimos llegar a casa de Pilar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pareció curioso que Pilar me abriera la puerta de su casa el siguiente fin de semana de habernos conocido. Con su jovialidad natural, me presentó a otros amigos del grupo, entre los que estaban, creo recordar, Luis y Feli, otro Luis, Roberto, y los ya conocidos Montse y Javier. Aquel sería el grupo oficial de amigos a partir de aquel momento. Aquella tarde estuvimos jugando a las cartas, al Trivial...Lo habitual, vaya. Me impresionó gratamente la acogida que me dispensaron tanto unos como otros, y en especial Pilar, que estaba como una campeona en su papel de anfitriona. Me enteré aquella tarde de que sus padres vivían con ella, pero que se iban al pueblo de mi futura suegra un fin de semana sí y otro no, ocasiones que aprovechaba Pilar para organizar alguna tangana en su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi llegada al grupo, y la de mi coche rojo, resultó providencial. Roberto se puso contentísimo cuando le dije que tenía coche, porque el único que lo tenía también en aquel momento era Luis, el de Feli, lo que limitaba bastante el número de excursiones fuera de Madrid. La novedad de contar con un coche más, y mi absoluta disposición a ponerlo al servicio del grupo, nos abrió todo un abanico de posibilidades. Hasta tal punto, que aquel mismo día programamos una excursión a Chinchón para el sábado siguiente, la primera de toda una serie de ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante la excursión a Chinchón pude comprobar en primera persona la osadía de Pilar. Con el carnet de conducir recién estrenado, la muy tunanta se atrevió a coger el coche en cuanto tuvo ocasión, en una parada técnica que realizamos en el arcén de la antigua carretera comarcal que llevaba a Chinchón desde la carretera de Valencia. Como quiera que la mujer no estaba demasiado ducha que digamos en el manejo de vehículos, y que al parecer se le había olvidado donde estaba el Pilar del freno, empezó a gritar con la ventanilla abierta, descojonada de risa, que no sabía parar. No se le ocurrió a la buena de Pilar otra cosa que dar un volantazo, que a punto estuvo de volcar el coche con ella dentro. Por suerte, y debido a la poca velocidad que llevaba, se caló el motor, con lo que el Peugeot se paró a unos cien metros del lugar que ocupábamos todos los demás, expectantes ante el desenlace de aquella improvisada aventura. Mis sentimientos en aquel momento saltaban de un extremo a otro. Por un lado, sentía admiración ante aquella chica que se había atrevido a coger el coche sin haber practicado lo suficiente. Por otro lado, sentía una tristeza infinita ante la posibilidad cierta que se me había presentado de quedarme con el coche todo abollado, con la dirección rota o con cualquier otra avería de complicada solución (creo que por aquel entonces todavía no era socio del RACE, bendito salvador en muchas ocasiones de mis meteduras de pataza a la hora de coger el coche).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el día estaba medio nuboso, nos quedábamos en Madrid, bien en casa de Pilar, si habíamos tenido la suerte de que sus padres hicieran una salida al pueblo, o bien en cualquier tugurio de las zonas de Argüelles, Orense, Bilbao o cualquier otra. Solíamos frecuentar un pub de Orense, el Carlota, de manera similar a como lo hacían los protagonistas de “Friends”, “Cheers” o “Frasier”. Fue precisamente en “Carlota” donde el bueno de Roberto, un tío con gafas que parecía vasco por su corpulencia, nos enseñó una tarde, sin ninguna misericordia, las mil y pico de fotos que había hecho en un viaje a Argentina. Aquella tarde acabé con dolor de cabeza, os lo juro, porque además, el buen hombre comentaba cada una de las fotografías con todo lujo de detalles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Normalmente, cuando terminaba la quedada en estos lugares, yo me dejaba caer por el “San Mateo”, para desintoxicar y para contarle a Juan Antonio mi progreso con el nuevo grupo de amiguetes. Previamente a eso, la mayoría de las veces llevaba a Pilar a su casa. A ella le encantaba, y a mi me estaba empezando a encantar. Cada vez me sentía más atraído por ella, y la sensación que me daba era que a ella le ocurría lo mismo. Descubrí rasgos suyos que me resultaban bastante sugerentes. Odiaba la lluvia hasta el punto de llegar a cancelar alguna que otra cita con el grupo de amigos. Una faceta suya que me ayudó bastante a la hora de empezar a salir juntos, como ya os contaré en los siguientes capítulos. Era muy metódica y ordenada para todo, algo que pude comprobar la primera vez que vi la casa. Estaba muy orgullosa de ella. Se la habían entregado un año antes, y ya la tenía completamente decorada a su gusto, con un estilo muy personal y cálido, nada hortera, entre funcional y agradable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellas semanas transcurrieron de una manera muy agradable, con las mencionadas excursiones a Chinchón, a Toledo, a Guadarrama... Y en especial a una, un domingo de Otoño cuya fecha no me acuerdo. Javier, el novio de Montse, nos llevó a ver el Rallye Valeo de aquel año, que discurría, entre otros lugares, por los dos pueblos de Patones, por la presa del Atazar y por toda esa zona en general. Para aquel entonces, entre dos y tres meses de habernos conocido (es una lástima que no recuerde bien la fecha. Si alguno sabe cuando se celebraba el Valeo en Madrid, le agradecería que me ayudara), la relación con Pilar estaba llegando a un punto álgido. Permaneciendo dentro del grupo, conseguíamos encontrar sin embargo muchos momentos para conversar entre nosotros. Lo que al principio no había resultado probablemente más que una cierta atracción entre dos personas con un sentido del humor similar, se estaba convirtiendo en algo más. Aquel día, ni Pilar ni yo conseguimos ver un solo coche, tan enfrascados como estábamos el uno con el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, lunes, empezamos a salir oficialmente juntos, pero eso, amigos, es otra entrada.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-3391642870452050586?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/3391642870452050586'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/3391642870452050586'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/01/conocindonos.html' title='Conociéndonos'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SXeUPgDkQ-I/AAAAAAAAAnY/w_McNjmzyeA/s72-c/pilar4.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-5450304972237435287</id><published>2009-01-14T12:45:00.001-08:00</published><updated>2009-01-14T12:58:08.149-08:00</updated><title type='text'>El encuentro</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SW5PS-81_KI/AAAAAAAAAnQ/0K_T0BH-c0c/s1600-h/pilar3.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5291253799761345698" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 311px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SW5PS-81_KI/AAAAAAAAAnQ/0K_T0BH-c0c/s400/pilar3.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Quedamos de una manera improvisada. Yo estaba atravesando una extraña situación, en la que necesitaba un cambio de aires, un cambio de ambiente. Me había ocurrido lo que les ocurre tantas y tantas veces a los que tienen amigos que no estudian en la Universidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mis veintiséis añitos recién cumplidos, había dejado de salir con un grupo de amigos más o menos fieles, más o menos antiguos, por diferentes y variadas razones. En primer lugar, porque los pobres estaban un poco hartitos de llamarme cada fin de semana, y que yo no pudiera salir con ellos porque tenía tal o cual examen. En segundo lugar, porque mi poder adquisitivo estaba muy mermado en comparación con el de ellos, que trabajaban y tenían un sueldo infinitamente mayor que la paga semanal que me daba mi padre. A pesar de que en estos momentos yo trabajaba desde hacía poco más de un año, tantos y tantos años de gorroneo no podían por menos que terminar pasando factura. Y en tercer y último lugar, porque por azares del destino y efervescencia de hormonas, se habían formado a lo largo de mis años de carrera las inevitables parejas, y ya no quedaba nada para un pobre licenciado sin un puñetero duro, y además más o menos gordo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo lo anterior, llamé a Montse, una antigua amiga de la playa, y quedamos en vernos aquélla tarde del 12 de Octubre de 1987, día del Pilar. Me dijo que si no me importaba que fuera con una amiga, y le dije que no, que por supuesto, que al contrario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las seis de la tarde, en la puerta del Burguer King de Diego de León, me encontré por primera vez con Pilar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de los saludos y los besos obligados a Pilar y a Montse, y al apretón de manos a Javier, el novio de Montse al que conocí también por primera vez aquel día, deliberamos un poco antes de decidirnos por ir a tal o cual sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que me gustó desde el principio la jovialidad de Pilar. Venía vestida con un vestido gris con líneas horizontales muy finas de color verde, medias blancas y zapatos negros. Es curioso que a estas alturas recuerde uno detalles de ese tipo, cuando lo cierto es que se me han olvidado muchas cosas incluso más recientes. Supongo que tendrá algo que ver el hecho de que fuera la primera vez que nos veíamos, la novedad, pero el caso es que ya desde el principio, desde aquel momento en la puerta del Burger, Pilar no me dejó indiferente. Prueba de ello es que no recuerdo en absoluto como iban ni Montse ni Javier, y ni siquiera yo mismo. Supongo que iría de “after normal”, como muy bien definía mi primo Juan Antonio a mi forma de vestir, anodina e insulsa, siempre con vaqueros y camisa, destacando siempre tanto en Rockola como en Pachá por mi absoluta falta de afiliación vestimental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les sugerí acercarnos al San Mateo, un garito situado en la calle del mismo nombre, en el que trabajaba precisamente de pincha por aquel entonces mi primo. Ni siquiera me planteé que Pilar acabara de comer con sus padres en un elegante restaurante para celebrar la festividad del Pilar, tal y como era y ha sido costumbre a lo largo de todos los años que hemos pasado juntos. Ni siquiera me planteé que ni Montse ni Javier tampoco estuvieran muy acostumbrados a frecuentar ese tipo de locales, de música ultramoderna e importada, y más cercana al rock y al pop (bendito pop de los años ochenta que nunca morirá) que a cualquier otro tipo de música. Yo estaba tan acostumbrado a frecuentar el San Mateo, que me parecía mi segunda casa. Pasaba horas en la cabina del pincha, jugando a la máquina del tetris, o sentado en una mesa con la espalda apoyada en la pared, y me parecía lo más normal del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel día, en concreto, el ambiente en el San Mateo estaba precisamente bastante cargadillo. Grupos de niñatos lo habían invadido a la llamada de los bajos precios de la cerveza, la música sonaba especialmente atronadora, y para colmo, Juan Antonio no estaba, por lo que tuvimos que pagar las bebidas (otra de las ventajas que no había mencionado era que las bebidas me salían gratis, “by the face”. Montse observaba alucinada el ambiente en el que me movía por aquel entonces (me conocía de la playa, de un ambiente familiar muy diferente), Javier observaba divertido el alucine de Montse, y Pilar declaró, sonriendo y a las primeras de cambio, que aquel lugar le gustaba mucho. Yo tuve un momento de revelación, y cuando me levanté a por las bebidas, me volví y observé aquella mesa, con tres personas más o menos mayores comparadas con la niñería que nos rodeaba, en medio de aquel mar de chupas de cuero y zamarras de pana, tuve la completa seguridad de que ni Montse, ni Javier, ni, por supuesto, Pilar, me iban a dirigir de nuevo la palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de aquella absurda declaración de principios por mi parte, dejé que me llevaran ellos a algún lugar para cenar. Los tres trabajaban, no lo olvidemos (no lo olvidemos no, que no os lo había dicho), Montse y Pilar en sendas agencias de publicidad, y Javier en una empresa de mensajería. Sus sueldos eran astronómicos comparados con el mío, más bajo que el de un becario actual, dada mi escasa experiencia en el mercado laboral. Así que me llevaron a un lugar en el que, cuando entreví por encima la carta de precios, y tanteé con la mano mi modesto pecunio, se me pusieron los ojos como platos. No podía decir nada, porque el ratito en el San Mateo me había quitado argumentos, al menos por aquel día. Cené nervioso, y cuando trajeron la cuenta, tuve que pedirle prestado dinero a Montse, cosa que me cortó bastante, porque lo cierto es que hacía bastantes años que no había tenido roce alguno con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con todas estas premisas y acertadas intervenciones por mi parte, llegó la hora de despedirnos. Estaba seguro de que tendría que buscar el nuevo ambiente por otra parte, porque la verdad es que la tarde no había resultado precisamente brillante, pero para mi sorpresa, los tres declararon que se lo habían pasado fenomenal. Javier y Montse se fueron en metro por otra línea diferente a la que teníamos que usar Pilar y yo, así que me quedé solo con ella. Me dijo que tenía que ir a Diego de León a coger el 72 hasta su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé muy bien la razón, aún hoy en día. Me lo había pasado bien con Pilar, y al parecer, ella tampoco se lo había pasado mal. Todo le parecía alegre, el San mateo, mi charla, la cena... Sin embargo, no era lógico que el primer día reaccionara como reaccioné: con grave riesgo de llegar a mi casa a las tantas, ya que para hacer lo que hice tenía que dar una vuelta del carajo de la vela en el metro, le dije que la acompañaba hasta Diego de León. Con el tiempo, cuando ya estábamos saliendo juntos, Pilar me dijo que le había sorprendido aquella reacción mía, cuando en realidad nos habíamos conocido aquella misma tarde. Os parecerá una chorrada, una tontería mía o una perogrullada a toro pasado, pero creo que, mientras viajaba en una línea de metro completamente desconocida para mi al lado de Pilar, intuí de alguna manera que aquello iba a terminar en buen puerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le sugerí la posibilidad de vernos el fin de semana siguiente, pero me dijo que iba a quedar con un amigo. Para mi sorpresa, y corroborando mi intuición de que aquello iba por buen camino, fue la misma Pilar la que me llamó el miércoles siguiente para invitarme a pasar la tarde del sábado en su casa, junto con Montse y Javier. Puedo aseguraros que cuando escuché la voz de Pilar a través del teléfono (la inconfundible voz de Pilar, que a todo aquel que la haya escuchado alguna vez le resultará fácil de recordar), el corazón me dio un vuelco en el pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel fue el inicio de una gran amistad&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-5450304972237435287?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/5450304972237435287'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/5450304972237435287'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/01/el-encuentro.html' title='El encuentro'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SW5PS-81_KI/AAAAAAAAAnQ/0K_T0BH-c0c/s72-c/pilar3.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1749263585788931665.post-3588706442504435443</id><published>2009-01-09T10:58:00.000-08:00</published><updated>2009-01-09T11:02:39.378-08:00</updated><title type='text'>Presentación</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SWefRvvCaiI/AAAAAAAAAnA/BVdEUJirBck/s1600-h/pilar1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5289371414590286370" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 267px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SWefRvvCaiI/AAAAAAAAAnA/BVdEUJirBck/s400/pilar1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Conocí a Pilar el día 12 de Octubre de 1987. Hemos compartido nuestra vida desde ese día hasta el día 29 de Septiembre de 2008. De ahí el título de este blog. Podría daros incluso la hora exacta de los dos acontecimientos, y las sensaciones que tuve en los dos momentos, tanto al conocerla como a la despedida, pero no quiero abrumaros con unos datos que nos pertenecen únicamente a ella y a mi, y que para cualquier otra persona seguramente no significarían absolutamente nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa es una de las preguntas más frecuentes que me hecho durante este último mes, antes de decidirme finalmente a sumergirme en un blog dedicado a exponer recuerdos, vivencias y sensaciones compartidos con la persona que precisamente me ha convertido en persona. ¿Le importarán a alguien nuestras alegrías, nuestras tristezas, nuestras pequeñas y grandes anécdotas, nuestros viajes por todo lo ancho y alto de este mundo?. Aún todavía, a la hora de ponerme a escribir estas líneas, no estoy seguro de si sabría contestar o no a esa pregunta. Nuestra vida tal vez no haya sido digna de aparecer en un programa de “reality show”, y no se han producido tormentosos acontecimientos como los que salpican la vida de los protagonistas de los programas del corazón, pero ha sido una vida plena, algo quizá tanto o más importante que todo lo anterior. He tomado la decisión de hacer el blog, en primer lugar porque lo necesito, en segundo lugar porque este blog constituirá una forma de que Sergio tenga una referencia de diversos aspectos de sus padres que, aunque le hemos contado muchas veces, lo hemos hecho de una forma más o menos desordenada, y en tercer lugar, porque los más allegados, amigos y demás familia, se verán reflejados también muchas veces, y seguramente sonreirán, se emocionarán, saltarán de alegría o de tristeza cuando lean ese recuerdo entrañable, esa comida pantagruélica, esa tarde de sopor y aburrimiento, plasmados en este lugar común. A los que no hayáis compartido estas vivencias, y os asoméis por aquí, os deseo que paséis un rato cuando menos agradable, en ocasiones divertido, en ocasiones aburrido, pero siempre real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intentaré mantener desde el principio una cierta coherencia temporal, tanto en lo que se refiere a los textos como en las fotografías elegidas para encabezar los artículos, pero no os prometo nada. La memoria flaquea al llegar a cierta edad, y también es muy posible que una vez reflejado tal o cual acontecimiento, recuerde, o alguien me ayude a recordar, otro acontecimiento tanto o más importante, situado más atrás en el tiempo. Con las fotografías es muy posible que ocurra algo parecido. A la organizada forma de colocarlas al principio, en maravillosos álbumes de tapa roja, hojas como de cartón, con líneas horizontales adhesivas y plásticos transparentes que siempre se despegaban, se une la caótica costumbre de guardar ciertos paquetes en una enorme caja, casi siempre roja (no sé porqué, os lo juro) y decorada con motivos navideños. En esa caja es posible encontrar negativos sueltos, amarillentas e inclasificables fotografías del día en el pantano del Burguillo, postales de un lugar que no se recuerda, dibujos infantiles y hasta una entrada al zoo del año 1988, por decir algo. Para esta presentación concreta he procurado escoger la primera opción, la del orden, y he elegido una imagen que saqué en una excursión al Escorial, un par de semanas después de que Pilar y yo empezáramos a salir oficialmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias al consejo de amigos y familiares, he decidido finalmente prescindir de la opción de comentarios para este blog. Sé que muchos de vosotros no estaréis de acuerdo con esta decisión, pero quiero que se comprenda bien que este es un blog de tipo intimista, muy personal, y que el hecho de tener que contestar o agradecer los comentarios de los que lo frecuentan me harían perder un poco la perspectiva de su desarrollo. Prefiero centrarme plenamente en exponer de una forma más o menos interesante los recuerdos que han plagado estos algo más de veinte años de vida juntos, y espero que comprendáis y respetéis la decisión de no publicar comentarios. Al que quiera ponerse en contacto conmigo, siempre le queda la opción de dirigirme un correo personal a la siguiente dirección: &lt;/span&gt;&lt;a href="mailto:rincondefelix@gmail.com"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;rincondefelix@gmail.com&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;br /&gt;En este mismo sentido, tampoco puedo aseguraros la frecuencia con la que se desarrollarán las diferentes entradas, pero me ofrezco a confeccionar una lista con aquellos interesados en seguirlo, como ya hago cada vez que publico una entrada en mis otros blogs con los más allegados, y avisarles cada vez que se publique una entrada. Al que le interese esta forma de seguir la página, le ofrezco la posibilidad de enviarme su dirección de correo a la dirección indicada más arriba. Los correos de aviso los envío con copia oculta, por aquello de mantener el anonimato entre los que lo reciben. Lo digo por si a alguien le da respeto esta forma de enterarse de la colocación de entradas en el blog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio de esta presentación he explicado la razón del título del blog. Creo que el subtítulo, la maravillosa frase que tan generosamente me regaló Stael, del foro de Yoescribo, se explica por sí sola, y esa frase, precisamente, ha sido el detonante que me ha empujado a crear este blog en recuerdo de Pilar. Desde que la leí le he estado dando vueltas, y este es el producto final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que no me queda nada más que desearos que sonriáis, amigos, del mismo modo en que Pilar y yo lo hemos hecho a lo largo de estos algo más de veinte años.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1749263585788931665-3588706442504435443?l=algomasdeveinte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/3588706442504435443'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1749263585788931665/posts/default/3588706442504435443'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algomasdeveinte.blogspot.com/2009/01/presentacin.html' title='Presentación'/><author><name>FELIX JAIME</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04311777712275631746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_KJRQ5aLR-OA/SWefRvvCaiI/AAAAAAAAAnA/BVdEUJirBck/s72-c/pilar1.jpg' height='72' width='72'/></entry></feed>
